Algo personal: Don Luis Sánchez Cagijal

D.LUIS SANCHEZ CAJIGAL
ANTIGUO COLEGIO SANTA CLARA

Empecé mi etapa escolar con 18 meses, en «La Ferroviaria» y todavía sigo en la escuela. Si mi memoria no me falla, de ahí pasé a la escuela de D. José Lizcano, una extensión de la academia Cervantes, independiente y aislada, que estaba en la calle Resa. A esa escuela iba en el autobús conducido por Arturo, amigo de la familia y un hombre muy amable. Recuerdo que D. José llamó a mi padre porque hacía mal las sumas con llevadas de dos líneas y resolvía bastante bien las que tenían 4 o 5 líneas de sumandos. Estando en ese colegio hice la comunión en San Francisco. Recuerdo hacerla vestido de capitán de marina, con un traje hecho a medida porque no había ninguno, ya confeccionado, que, por mi altura, me quedara bien de talla y porque mi madre se negó a que la hiciera vestido de fraile…

Poco después pasé a Santa Clara, en segundo de primaria. Allí sobrevino la reforma de la EGB y allí terminé en octavo para pasar al instituto a primero de BUP. Hice una breve incursión por la Formación Profesional, terminé COU, pasé por la universidad y llevo casi toda mi vida profesional de profesor de secundaria. Por eso decía que todavía estoy en la escuela, como profesor y como alumno, porque nunca he dejado de estudiar.

D.LUIS SANCHEZ CAJIGAL

Pero hoy os quiero hablar de algo personal. Corrían tiempos infantiles en Santa Clara, cuando el colegio organizó una excursión a Ávila. Aquella noche agobié un pelín a mi padre preguntando la hora cada cinco minutos, hasta que concilié el sueño. Recuerdo levantarme muy temprano, que el autobús me pareció enorme y que el viaje fue largo. A principios de los 70 ni las carreteras ni los vehículos eran los de ahora. Imagino que pasaríamos un día estupendo por Ávila. Pero cuando llegamos a la casa natal de Santa Teresa, me encandilé al ver un bolígrafo chulísimo. En su parte superior había una réplica de la santa y, cuando movías el bolígrafo se escondía para aparecer al moverlo de nuevo. Seguro que habéis tenido un «boli» igual, con cualquier figura chula, como recuerdo de cualquier lugar visitado. El caso es que costaba más de lo que yo tenía. Me había gastado el dinero en un helado y no me quedaba suficiente para comprar ese ansiado boli. Me entró tanta desesperación que me puse a llorar en la puerta. D. Luis Sánchez Cajigal me vio y me preguntó por qué estaba así. Le expliqué que me faltaba dinero, muy poco, para comprar el boli y llevarlo a mi casa de recuerdo. Él me dio el dinero, lo compré y fui el tío más feliz del mundo. Al llegar a mi casa se lo expliqué a mi madre y ella me dio el dinero para que se lo devolviera a D. Luis. Estábamos ya de vacaciones, pero mi madre insistió en que se lo llevara a su casa. Pero al verme D. Luis con el dinero me dijo que me lo quedara y me comprara un helado.

D. Luis Sánchez Cajigal ha sido un «maestro» en el más amplio sentido de la palabra, siempre ha sido así de generoso, de empático, de agradable y de humano. Cualquiera que haya estado con él en clase, cualquiera que le conozca, lo podrá corroborar. Ya está jubilado, pero fue un enseñante distinto, cercano, innovador, ejemplar y que se desvivía por nosotros, sus alumnos. Su ejemplo me ha servido e inspirado en mi vida personal y profesional y le estaré siempre agradecido.