Bendito reencuentro
Estos días, viendo por enésima vez en mi tierra a ‘Daikiri’ y a ‘Los Galván’, aunque disfrazados de ‘Guateque Club Band’ para regalar (y mejorar) las mejores versiones de nuestras vidas, recordé que con ellos, de su mano, comencé en esta bendita profesión. Y qué bien vamos envejeciendo todos.
Con la mítica orquesta de Roberto, Carrasco y Cere, liderada por un amigo del alma como Alberto y con Cepeda siempre en el recuerdo, reparé en que gracias a su arrojo di mi primera exclusiva. Hace casi 25 años publiqué en el semanario Canfali la letra de un himno local que iban a estrenar por todo lo alto en la Feria y que, desde entonces, ha sido coreada hasta en el Mundial de Sudáfrica que coronó Iniesta e incluso en los conciertos del hijo predilecto Dani Fernández. Aquella primicia no fue un fichaje del Real Madrid o el anuncio del ganador del Balón de Oro. Fue mucho más que eso: el anuncio de que una letra tan pegadiza nos iba a unir mucho más como pueblo que cualquier político.
Por su parte, a lomos de la rockera banda liderada por los hermanos Raúl y Gelu, y donde Antonio Fuentes nos ha regalado siempre su eléctrica maestría, pude escribir mi primera crónica cultural. Fue tras una velada mágica en la Piscina Municipal, donde quedé impactado sobre todo por el hambre y el talento de unos paisanos que aman la música por encima de todas las cosas. Mi bandera, hasta entones, era la de ‘Síndrome’, pero aquí ya veía una sorprendente profesionalidad.
Tras aquella publicación, recuerdo que el líder del grupo llamó a mi jefa para preguntarle quién era el firmante de ese texto y de dónde salía, pero que fuera quien fuera le diera las gracias por contribuir a un impulso que aún hoy no ha tocado techo. Después, me he cruzado a Raúl mil y una veces y, como a pesar de que conoce a mi hermano a mí no me pone cara tras tantos años en el exilio, jamás me he atrevido a pararle y confesarle un par de cosas: que aquel becario hoy ya tiene canas y les sigue escuchando con admiración en Cartelera; y que ver a mi Ana Casarrubios en el escenario, a su lado, es la mejor manera de cobrarme aquella crítica musical que había olvidado hasta este bendito reencuentro.