El Carnaval de hace cien años en Alcázar de San Juan: Los desfiles de carrozas como símbolo de modernidad

A principios del siglo XX, el Carnaval en Alcázar de San Juan ya estaba profundamente arraigado, celebrándose con dos modalidades de máscaras: una de carácter popular, que llenaba de vida las calles alrededor del Altozano, y otra más refinada, destinada a los bailes organizados en los centros de recreo de la localidad. Estos eventos, que congregaban a residentes y visitantes atraídos por la reducción de las tarifas ferroviarias, pronto evolucionaron hacia celebraciones de mayor envergadura.

En las dos primeras décadas del siglo XX, las agrupaciones artísticas lideraron la organización de las fiestas, siendo la compañía “Álvarez Quintero” en el Teatro Moderno una de las más destacadas. Sin embargo, en 1922, el Ayuntamiento intervino directamente, estableciendo una normativa para la participación y trasladando definitivamente las actividades al Paseo de la Estación y la calle Emilio Castelar, áreas cercanas a los centros recreativos. Esta reubicación marcó el inicio de los desfiles de carrozas, coches engalanados, comparsas y máscaras de a pie como protagonistas del Carnaval.

El Carnaval de 1924: Fiesta del arte y la alegría

La edición de 1924 se destacó como un hito en la modernización dl Carnaval alcazareño, con los desfiles de carrozas como elemento central. El semanario local “El Despertar”, en su primera edición de enero de 1925, describe el evento como una “fiesta del arte y de la alegría”, en la que las máscaras daban vida a un variado espectro estético, desde lo grotesco hasta lo bello.

El desfile de carrozas fue el eje principal de las celebraciones. Estas majestuosas estructuras, como las denominadas Carroza de la Pipa, El Pavo Real y La Cofradía de la Pirueta, cautivaron por su originalidad y elaborada decoración. Aunque las carrozas tuvieron gran protagonismo, los coches engalanados destacaron especialmente, con ejemplos tan elogiados como Las Colombinas y La Cesta de Asturianas, considerados modelos de arte y elegancia.

Las comparsas y rondallas complementaron el desfile, siendo especialmente celebrada la participación de Los Riojanos, formada por obreros que ofrecieron un espectáculo musical a pesar de las horas de descanso robadas a su jornada laboral. Incluso las máscaras de a pie tuvieron su espacio, adornadas con llamativas “sartas de alubias”, demostrando la diversidad de expresiones que caracterizaba este Carnaval.

Desfiles de modernidad y tradición

Por primera vez, las calles principales de Alcázar, como la Plaza de la Constitución, la calle Emilio Castelar y el Paseo de la Estación, se convirtieron en un escenario vibrante, transitado por carrozas decoradas con flores, cintas, y alegorías temáticas, reflejando tanto la creatividad local como influencias externas. Estas expresiones artísticas no solo impulsaron la participación comunitaria, sino que incentivaron una competencia saludable mediante premios otorgados a las carrozas y coches mejor decorados.

El evento también resaltó el equilibrio entre tradición y modernidad: carros tirados por caballos coexistieron con vehículos motorizados, ambos cuidadosamente ornamentados. Esta convergencia simbolizaba un momento de transición cultural, donde la identidad rural y los avances tecnológicos se daban la mano.

Impacto social y cultural

El Carnaval de 1924 consolidó su carácter como un evento social estructurado, en el que participaron todos los sectores de la población. Familias enteras se involucraron en la confección de carrozas, mascaradas y vestuarios, contribuyendo a un ambiente festivo y de colaboración comunitaria. La música en directo, ofrecida por comparsas y orquestas como la Mirecki en los bailes del Principal, llenó de vida cada rincón de la ciudad.

Esta edición también demostró la capacidad organizativa del Ayuntamiento, al establecer un formato claro y atractivo que posicionó a Alcázar como un referente festivo en la comarca. Los visitantes atraídos por el evento generaron un impacto positivo en la economía local, impulsando la hostelería y las actividades comerciales.

Un legado que perdura

El Carnaval de 1924 marcó un antes y un después en la historia de las fiestas alcazareñas, convirtiéndose en el punto de partida para un modelo de celebración más estructurado y moderno. Los desfiles de carrozas, que han continuado evolucionando desde entonces, consolidaron su lugar como símbolo de identidad local y manifestación de creatividad popular.

Esta fotografía que encabeza este artículo, con su marcado carácter quijotesco, muestra cómo Alcázar de San Juan ya había comenzado a destacar por su innovación en las tradiciones, uniendo lo artístico y lo festivo en un evento que refleja el orgullo y el dinamismo de la ciudad.

En definitiva, el Carnaval de hace cien años no solo representó un escaparate del talento local y de la modernización cultural de la localidad, sino que estableció los cimientos de una tradición viva que sigue enriqueciendo el patrimonio cultural de Alcázar de San Juan ahora en estos días de celebración carnavalera.