La ermita olvidada del Santo Ángel Custodio en Alcázar de San Juan

Recreacion de la Ermita del Santo Ángel Custodio del SXVIII. Creada con IA.

En estos días en los que las procesiones de Semana Santa han vuelto a recorrer las calles de Alcázar de San Juan —una tradición que se repite generación tras generación—, el año 2026 adquiere un significado especial. Coincide con la conmemoración del octavo centenario de la parroquia de Santa María la Mayor, uno de los templos más emblemáticos de la ciudad y auténtico corazón espiritual de muchas de las celebraciones que han marcado la vida de los alcazareños a lo largo de los siglos.

Este contexto invita también a mirar al pasado y rescatar episodios y espacios de devoción hoy casi olvidados. Entre ellos destaca una pequeña y prácticamente desconocida ermita que existió en las inmediaciones de la propia parroquia: la ermita del Santo Ángel Custodio.

Esta advocación resulta hoy especialmente significativa, ya que el Santo Ángel Custodio es el patrón de la Policía Nacional, mientras que el Ángel de la Guarda lo es de la Policía Local, dos instituciones que velan diariamente por la seguridad de la ciudadanía.

Precisamente en fechas recientes, la Policía Nacional y la Policía Local de Alcázar de San Juan han distinguido al Archivo Municipal, reconociendo su labor en la investigación, conservación y difusión del patrimonio histórico de la ciudad. Sirvan estas líneas también como agradecimiento a ambas instituciones por estas distinciones. Un reconocimiento que adquiere además un valor simbólico especial cuando la investigación histórica permite recuperar episodios como el de esta antigua ermita vinculada a la advocación del Ángel Custodio.

Una ermita casi olvidada junto a Santa María

La existencia de este enclave se conoce gracias a un documento digitalizado actualmente en el Archivo Municipal. Está fechado en 1786 y recoge la solicitud que el administrador y santero de la ermita dirige al Gran Prior de la Orden de San Juan, solicitando una ayuda económica para reparar el edificio.

La ermita se encontraba situada en la plazuela de Santa María, frente a la parroquia, formando parte del paisaje urbano de Alcázar del siglo XVIII. Aunque hoy no se conservan restos visibles ni referencias posteriores claras, el documento revela que fue un lugar de devoción relevante dentro de la estructura religiosa del Gran Priorato.

El administrador y santero de la ermita en aquel momento era Manuel Antonio de Cervantes y Palacios, abogado de los Reales Consejos en la villa de Alcázar de San Juan, quien había sido nombrado por el Vicario de la Orden de San Juan en el cargo tras la muerte del anterior santero, Diego Moreno Barchino. En su informe dirigido al Prior describía una situación preocupante del edificio.

Según explicaba, la ermita se encontraba:

sumamente derrotada de madera y teja, y aun las puertas demasiado destruidas, y toda por el interior sin el correspondiente adorno”.

El administrador calculaba que los reparos necesarios ascendían a ciento cincuenta pesos, una cantidad que permitiría restaurar el edificio y recuperar la celebración del Santo Sacrificio de la misa en los días festivos, algo que había dejado de realizarse debido al estado del inmueble.

Una ermita con privilegios en la Semana Santa

El documento revela además un aspecto muy interesante sobre la importancia simbólica de esta ermita. Según su administrador, se trataba de una de las más antiguas de la Dignidad Prioral en Alcázar de San Juan y gozaba de determinados privilegios dentro de las celebraciones religiosas. Uno de ellos era especialmente significativo. Hasta 1777, fecha en la que Carlos III prohibió la presencia de disciplinantes en las estaciones penitenciales de Semana Santa, durante la procesión del Jueves Santo celebrada en Alcázar uno de los que hacía disciplina pública o penitencia portaba la Cruz de la ermita del Ángel Custodio.

Este dato nos permite comprender que el pequeño templo formaba parte activa del ceremonial religioso de la villa, participando en los cortejos procesionales que desde hace siglos constituyen uno de los elementos más identitarios de la Semana Santa alcazareña.

Un debate sobre su estado real

Sin embargo, la petición del administrador no fue aceptada sin discusión. El Vicario General del Gran Priorato respondió al informe señalando que los desperfectos descritos parecían exagerados.

Según su versión, la ermita llevaba cuarenta y ocho años sin celebrarse en ella misa cantada ni rezada, y únicamente se abría en dos ocasiones al año: la tarde del Jueves Santo y el día de San Miguel por la mañana en que se llevaba la efigie del Santo Ángel a la parroquia de Santa María para la celebración de la misa mayor y acaba esta se volvía a la ermita con la imagen.

El vicario afirmaba además que la construcción no estaba tan deteriorada como se indicaba:

“su fábrica, aunque antigua, es muy buena, y se halla suficientemente reparada”.

A su juicio, el único problema relevante era una leve quiebra en el tejado en la parte del Toledano, causada por algunas tejas deterioradas. Un simple retejo de la cubierta bastaría para solucionar el problema, por lo que el gasto solicitado por el administrador parecía excesivo.

También señalaba que la ermita carecía de recursos económicos propios, hasta el punto de no disponer siquiera de lámpara o luz permanente para la imagen del Santo Ángel.

La intervención del maestro alarife Francisco Sostre

Ante esta discrepancia entre el administrador y las autoridades eclesiásticas, el asunto continuó durante meses y llegó hasta 1787. Finalmente se decidió solicitar un informe técnico a Francisco Sostre, maestro alarife del Gran Priorato.

Sostre era una figura destacada en la arquitectura local del momento, pues en aquellos mismos años trabajaba en la recuperación de la iglesia parroquial de Santa Quiteria, que estaba siendo reparada tras el incendio sufrido en 1785.

Tras examinar la ermita del Santo Ángel Custodio, el maestro confirmó que la solución pasaba fundamentalmente por retejar la cubierta, una intervención mucho más limitada de lo que inicialmente había solicitado el administrador.

El misterio de su desaparición

Después de este episodio documental, las noticias sobre la ermita prácticamente desaparecen. La pérdida de parte de la documentación histórica impide conocer con exactitud cuándo dejó de existir o en qué momento desapareció del paisaje urbano de Alcázar de San Juan.

Hoy sabemos de su existencia únicamente gracias a este expediente conservado en el Archivo Municipal, que nos permite reconstruir un pequeño fragmento de la historia religiosa y urbana de la ciudad.

Gracias a la conservación de los documentos históricos es posible rescatar del olvido lugares, devociones y episodios que forman parte de la identidad colectiva de la ciudad.

La pequeña ermita del Santo Ángel Custodio quizá desapareció físicamente hace siglos, pero su memoria sigue viva en los documentos. Y es precisamente esa memoria la que permite comprender mejor la historia de Alcázar y el vínculo permanente entre su pasado y su presente.

La investigación continúa. Tal vez en algún archivo o legajo todavía desconocido aparezcan nuevas pistas que permitan esclarecer definitivamente el destino de esta ermita tan singular y tan poco conocida de nuestra historia local. Mientras tanto, su recuerdo permanece custodiado en los documentos y en la labor de quienes trabajan cada día para preservar la memoria de la ciudad.