Seis generaciones de veterinarios: El legado de la familia Quintanilla en Alcázar de San Juan

Eulogio Quintanilla Izquierdo. Alcalde de Alcázar de San Juan, 1914

Durante la Edad Media y la Edad Moderna en la Península Ibérica, el término albéitar designaba a los profesionales encargados del cuidado y la medicina de los animales, con especial atención a los caballos y otras bestias de carga y trabajo. Estos especialistas, cuyos conocimientos se basaban en una combinación de saberes empíricos y tratados heredados de la tradición árabe, desempeñaban un papel fundamental en una sociedad en la que el uso de equinos y otras especies era clave para el transporte, la agricultura y la guerra. No solo se ocupaba de la salud de los animales, sino que también ejercía funciones de herrador y, en ocasiones, de cirujano veterinario, aplicando técnicas que con el tiempo sentarían las bases de la veterinaria moderna.

La voz tiene su origen en el árabe hispano "bayṭār", que a su vez proviene del árabe clásico "bayṭār" y del griego "hippiatros" (médico de caballos). Hoy en día, aunque la palabra "albéitar" ha caído en desuso, se sigue empleando en algunos contextos históricos o literarios para referirse a los veterinarios antiguos. También, el término sobrevive en nombres de calles y en la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España, cuya revista se llama "Albéitar".

La medicina veterinaria tiene una trayectoria milenaria que ha acompañado la evolución de las civilizaciones humanas. Desde la domesticación de animales, hasta los avances científicos actuales, ha desempeñado un papel crucial en la salud animal y pública.

El título de veterinario en España tiene una historia marcada por avances científicos y cambios sociales. Inicialmente, la veterinaria era una actividad empírica centrada en el cuidado de animales de trabajo, pero con el tiempo se convirtió en una disciplina científica regulada. En 1792, Carlos IV fundó la primera Escuela de Veterinaria en España, en Madrid, lo que marcó el fin del término "albéitar" como título oficial y su evolución hacia la veterinaria moderna.

En el siglo XIX, la Ley Moyano de 1847 consolidó la profesión al unificar los estudios y otorgarle reconocimiento académico. En 1852, la veterinaria fue oficialmente reconocida como disciplina científica, ampliando su ámbito de actuación hacia la salud pública, la inspección sanitaria y el control de zoonosis.

El Colegio Oficial de Veterinarios de Ciudad Real tiene sus raíces en la Asociación de Veterinarios de la provincia, fundada el 20 de junio de 1895. El 30 de noviembre de 1905, en el Ayuntamiento de Ciudad Real, se constituyó formalmente el Colegio, convirtiéndose en una de las primeras entidades colegiales de España y la primera en Castilla-La Mancha. Desde entonces, ha jugado un papel clave en la defensa de los intereses de los veterinarios y en la promoción de la salud animal y pública en la región.

La tradición veterinaria en Alcázar de San Juan ha sido mantenida por familias, como los Quintanilla, que han ejercido la profesión por largo tiempo. Este legado refleja la fuerte vocación y el arraigo de la veterinaria en la región.

Esta es la historia de una saga que, con esfuerzo y dedicación, ha marcado la diferencia en el mundo de la veterinaria. A lo largo de más de un siglo, la familia Quintanilla ha dejado una profunda huella en la historia de la veterinaria en Alcázar de San Juan. Desde los albores del siglo XIX hasta la actualidad, seis generaciones de esta familia han dedicado su vida al cuidado y bienestar de los animales, combinando tradición y evolución científica. Su legado no solo se refleja en su pasión por la profesión, sino también en el impacto que han tenido en la comunidad, convirtiéndose en un referente de compromiso, conocimiento y vocación.

Miguel Quintanilla Rubio

Todo comenzó a mediados del siglo XIX, cuando Miguel Quintanilla Rubio, cuyos datos figuran en los libros parroquiales de Santa María de Alcázar de San Juan como propietario de viñedos y herrador, destacó por sus inquietudes científicas y su profundo respeto por los animales. Decidió estudiar varios años como pasante de albéitar-herrador, obteniendo su título alrededor de 1842 a través del Tribunal del Protoalbeiterato.

En 1845 contrajo matrimonio con María Antonia Díaz Panadero, miembro de una conocida familia de Alcázar de San Juan. Vivió y estableció su clínica para la atención del ganado, esencial para la economía local de la época, en la calle Mediodía 5. Esta ubicación corresponde a una pequeña plaza que en la antigüedad se conocía como la Plazoleta de las Almaguelas, que correspondía al callejón de servicio de las casas de la calle Cautivo y de la Plaza de la Justa. Hoy está dedicada al almirante Casto Méndez Núñez, aquel que dijo aquello de “la reina, el gobierno, el país y yo preferimos tener honra sin barcos que barcos sin honra”. En sus muros exteriores, hasta hace relativamente poco tiempo, se podía apreciar las anillas donde se ataban las bestias. Solía presumir de la profesión de albéitar que ejercieron su abuelo, Juan Alfonso Quintanilla Escudero (1758-1810) y su padre, Manuel Quintanilla Castellanos (1792-1846). Falleció en Alcázar de San Juan en 1883.

Benito Quintanilla y Díaz

Nacido en Alcázar en 1848, fue hijo de Miguel Quintanilla y María Antonia Díaz Panadero. Ingresó en la Escuela Superior de Veterinaria en 1864, a los 16 años, gracias a una autorización especial del Director General de Instrucción Pública, ya que la edad mínima establecida para el ingreso era de 17 años. Cursó los cuatro años reglamentarios para el título de Veterinario de 2ª Clase y, posteriormente, realizó el quinto año para alcanzar el de Veterinario de 1ª Clase. En 1872 contrajo matrimonio con Saturnina Izquierdo, con quien tuvo ocho hijos, tres de los cuales —Nicolás, Eusebio y Eulogio— estudiaron Veterinaria. Su residencia se encontraba en la antigua calle Almaguela. Durante su ejercicio profesional, continuó utilizando la clínica de su padre.

Según el testimonio de su nuera, la abuela Rosario, fue un personaje singular: inteligente, socarrón, con un carácter fuerte, pero muy humano y, sobre todo, un gran profesional. Falleció el 10 de diciembre de 1912.

Eulogio Quintanilla Izquierdo

Hijo de Benito Quintanilla y de Saturnina Izquierdo, nació en Alcázar el 13 de septiembre de 1886. Ingresó en la Escuela Especial de Veterinaria de Madrid. Comenzó la carrera en 1903 y finalizó sus estudios en 1908, obteniendo el título de veterinario (único título existente tras la exigencia de cinco años de estudios, equivalente al de 1ª clase antigua). En 1909 contrajo matrimonio con Rosario Justo, natural de Valencia de Alcántara (Cáceres). La pareja residió en la casa familiar, y él ejerció la profesión en la clínica de su padre.

Con inquietudes políticas, fue nombrado concejal el 13 de noviembre de 1913 y elegido Alcalde-Presidente el 16 de mayo de 1914. En ese momento, se convirtió en el regidor más joven de España, hasta que, en unas nuevas elecciones, pasó a ocupar el cargo de Teniente de Alcalde en noviembre de 1915.

Durante su corto mandato, se llevaron a cabo importantes mejoras en la localidad, como la finalización del alcantarillado, la ampliación y plantación de árboles en el Paseo del cementerio, la instalación de la red de alumbrado y la iniciativa para la construcción del matadero municipal, pensando en los futuros inspectores veterinarios. Además, promovió la inauguración del centro telefónico, la creación del Laboratorio Provincial de Higiene, la elaboración del Reglamento del Hospital y Casa de Ancianos, y la concesión de una subvención de 1.000 pesetas anuales para el alquiler del local donde se ubicaba el colegio de la Sagrada Familia, con la condición de que se impartiera enseñanza gratuita a 40 niñas de familias desfavorecidas, seleccionadas por la corporación municipal.

Como anécdota, cuando se completó el alcantarillado, emitió un edicto prohibiendo verter aguas fecales en las calles, una práctica común en la época, bajo pena de una multa de un duro. Se cuenta que, estando en la plaza principal con unos amigos, llamó a dos municipales y, delante de todos, les entregó un duro de plata, diciendo: “Por si alguno de mi casa no cumpliese la orden, pago la multa por adelantado”.

Muere en agosto de 1916 con 30 años de edad. Muy querido de todo el pueblo de Alcázar de San Juan, su muerte fue muy sentida por todos de tal modo que la cola para verlo y dar el pésame a la familia no se interrumpía desde la casa hasta la parroquia de Santa María. Tiene dedicada una calle muy próxima a la Plaza Mayor denominada “Alcalde Eulogio Quintanilla”.

Eulogio Quintanilla Justo

 Uno de sus hijos, Eulogio Quintanilla Justo, nacido en Alcázar de San Juan en diciembre del año 1916, hijo póstumo y casado con Hermene González, nacida en Obejo (Córdoba). Estudió en la Escuela Superior de Veterinaria de Madrid durante los cursos 1932-33 y 33-34. En 1934 se pasa a la Facultad de Veterinaria de Córdoba, donde finalizó la carrera. Con el dinero obtenido de la venta de la antigua clínica de sus antepasados, incluida en su herencia, compró una casa arruinada, sita en la esquina de la calle Mediodía con la de Cautivo, y tras derrumbarla, levanta su clínica a escasos 100 metros de la de sus antepasados.

Comenzó su andadura como veterinario en el año 1949 alternando con su trabajo en Prisiones. En los años 50 se presenta a las elecciones municipales, siendo elegido concejal, posición que se prolongó durante 8 años. Al tiempo, su primo hermano Tomás Quintanilla, hijo de veterinario, fue elegido alcalde. Durante estos años hicieron importantes mejoras en la ciudad. Tras ejercer durante años la profesión de veterinario, ante la industrialización del campo y como consecuencia al reducirse el número de clientes, en el año 1964 decide cerrar la clínica y aprovechar el solar para construir una casa. Muere en Alcázar de San Juan en el año 1980.

Se dio la circunstancia de que atraída por la profesión de veterinario, una sobrina nacida en Córdoba, Adela González, decide venir a vivir a Alcázar de San Juan, instalándose en su casa. Inició sus estudios de bachillerato en el Colegio de la Sagrada Familia. Al finalizar ingresa en la Facultad de Veterinaria de Córdoba, Ejerce su carrera como Inspectora, junto a su marido, también veterinario.

Jesús Ramón Galán Quintanilla

Hijo del matrimonio formado por montanchego, Lucio Galán Lozano, y la alcazareña, María Quintanilla Justo, nació muy cerca de la iglesia de San Francisco, en la calle Méndez Núñez, junto a los Alterones, su lugar preferido para jugar con sus primos, en una casa familiar en la que vivían sus tíos y su abuela. Desde muy joven y por traslado en el trabajo de su padre, tuvo que dejar Alcázar de San Juan, aunque nunca ha perdido el contacto con su ciudad natal, de donde guarda entrañables recuerdos. Desde pequeño se dedicó a amar lo que en el futuro seria su profesión, Veterinario. Curiosamente, toda su familia estaba en contra de que realizara los estudios, porque decían que “ya estaba bien de veterinarios en la familia”.

Ingresó en la Facultad de Veterinaria de León, desarrollando su vida profesional dedicado a la Salud Pública. En el año 1978 comenzó como Veterinario Sanitario, pasando, al poco tiempo, a ser Inspector Provincial de Veterinaria y Jefe de Servicio de Inspección y Jefe de Servicio de Salud Pública y Consumo. Tiene una gran experiencia en Salud y Consumo, Mataderos y Seguridad y Calidad Alimentaria en complejos hospitalarios. Le apasiona la investigación de la patología del vacuno y la higiene de la carne. A través de su larga experiencia y aprendizaje afirma que el ejercicio de la veterinaria requiere ser cercano y mostrar capacidad de empatía. Jesús Ramón es un veterinario de vocación.

María Jesús Galán Alonso

María Jesús, hija de Jesús Ramón Quintanilla Galán y de Mª Trinidad Alonso Pérez, nació en Cáceres en 1986, María Jesús Galán Alonso se licenció en Veterinaria en 2009. Inició su carrera en clínicas de pequeños animales y en el ámbito de la salud pública, realizando controles sanitarios y formando en bienestar animal en Extremadura.

En 2013, fundó la Clínica Veterinaria Galán en Cáceres, centrada en la atención de animales de compañía. Comprometida con la formación continua, obtuvo diplomas de posgrado en Clínica y Ecografía de Pequeños Animales. Es socia de A.V.E.P.A. y miembro de su grupo de gestión y administración veterinaria.

Desde 2023, forma parte de la Junta Directiva del Colegio Oficial de Veterinarios de Cáceres como vocal de clínica de pequeños animales. En 2024, cofundó VETPACC, asociación de veterinarios empresarios, ejerciendo como vicepresidenta.

Casada con el veterinario José Antonio Pecero Sayago, especialista en el sector porcino, ha incorporado tecnologías avanzadas y se ha especializado en cirugía. Su labor ha impulsado la modernización de la profesión dentro de su familia, con sus hijos, José y Sofía, como posibles continuadores de esta tradición. Su trayectoria refleja vocación, innovación y compromiso con el bienestar animal, contribuyendo al desarrollo de la veterinaria en la región.

La familia Quintanilla, no solo ha dejado un legado profesional, sino también un ejemplo de valores. La vocación, la dedicación y el respeto por los animales han sido los pilares que han guiado su camino. Con cada generación, los Quintanilla, no solo heredaron la pasión por los animales, sino también el interés por innovar.

En un mundo que cambia rápidamente, el compromiso de los Quintanilla con su labor nos recuerda la importancia de preservar nuestras tradiciones y adaptarlas a las necesidades del presente. Su historia es un homenaje a la vocación, al esfuerzo y al amor por los animales, valores que trascienden el tiempo y se mantienen vivos en cada miembro de esta extraordinaria saga. Alcázar de San Juan se enorgullece de contar con una familia que ha contribuido, generación tras generación, al desarrollo de la medicina veterinaria y al bienestar animal en la región.

Nota: Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a Adela y Eulogio Quintanilla González, y a Jesús Ramón Galán Quintanilla, por su valiosa ayuda en la elaboración de este artículo. La información que me han facilitado ha sido fundamental para darle precisión y profundidad al trabajo.