A la memoria de Juan Ramos Millán
"La vida no es más que la calderilla de la eternidad"
Cuando un amigo se va, cuando un amigo nos deja para siempre, para incorporarse al coro celestial de los elegidos, deja un vacío irreparable difícil de rellenar y olvidar.
Es un vacío que queda en el corazón de su familia y de sus innumerables amigos. Es una herida difícil de cicatrizar. Es un vacío de impotencia y desolación. Una pérdida que las lágrimas no logran amortiguar. Aunque sabemos que él ha encontrado la salvación…la angustia de su muerte arruina la alegría de vivir.
Te has ido, amigo Juan Ramos Millán nos ha dejado, pero desde que nos conocimos, hace muchos años, muchísimos años, hemos mantenido una duradera y hermosa amistad.
Sabemos que el hombre tiene tres etapas en la vida; nace, vive y muere. Tu conseguiste nacer y bien morir y sacando buen partido a la existencia que te ha tocado vivir… nada menos que 95 años.
“Los amigos no son ni muchos ni pocos, sino los suficientes”.
De los muchos amigos y de tus enemigos, que sabiamente procurabas tener pocos, todos te apreciaban, te querían, te respetaban…
Has tenido una muerte digna, rápida, acompañado de tus seres queridos; tu esposa Pilar, tu fiel compañera, la de siempre, la de toda la vida y tus hijos… “Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección”.
No voy hacer un recuente de tu larga vida profesional, sencilla, amable, sincera, educativa, sin vicios, ahí queda para la eternidad. Yo solo quiero con estas pocas líneas, amigo Juan, unirme al dolor que has dejado en tu familia, en tus muchos amigos, en tu pueblo, demostrarte un cariño sincero de amigo, de amistad indiscutible… ¡de dolor!
Se que entrarás por la Puerta sin Puerta del Cielo, como tú te mereces, con humildad, con honor, con la cabeza alta, sin malicia…Los que quedamos aquí lloraremos tu ausencia y siempre nos acordaremos de ti… “No desaparece lo que muere, sino lo que se olvida”.
Gracias don Juan por haberme considerado tu amigo, tu Practicante, te lo agradezco y me siento orgulloso.
Nunca olvidaré las muestras de cariño, de dolor, de solidaridad que el pueblo de Alcázar y los obreros de Macosa, cuando se enteraron de la muerte de su profesor, demostrando solidaridad, amor e impotencia, dando su último adiós y agradecimiento sincero al Profesor que se volcó para el bien de sus alumnos, futuros profesionales, obreros, especialistas…como se hace a los grandes, a los únicos, a los mejores… Te has ido pero tu corazón siempre estará con nosotros…
¡Que Dios te acoja en su Reino!