IN MEMORIAM

¡A mi amigo e ilustre compañero Fernando!

Por Andrés Manzaneque (Enfermero jubilado e Hijo predilecto de Alcázar de San Juan)

Final de primavera, comienzo del verano…. 29 de junio de 2022… ¡Qué hermoso día para morirse!

¿Pero qué es la muerte?... Qué poco y cuánto encierra esta palabra en el diccionario: “Destrucción, aniquilamiento, ruina…". Tú me dirías, con palabras técnicas… “Cesación o término de la vida, entre dos y ocho minutos, después de que se haya parado el corazón, tejido nervioso y en particular el encéfalo, empieza a degenerarse todo”.

Amigo y compañero Fernando González Merlo, amabas la vida, aunque con un montón de achaques, goteras, desgastes y la maldita enfermedad de la vejez, el Alzheimer.

Cuando llegábamos los demás amigos al panate; Bernardo, Vicentín, Ambrosio, Pelegrín, Alfredo y Andrés, allí estabas esperando… a veces con la tensión por los suelos, sin fuerzas y las defensas disminuidas… pero que gracias a la s atenciones de la bodeguilla de Angora, te reponías…

Fernando era hombre mayor, jubilado como Médico de muchas cosas, inteligente, serio, educado, recto, amable… !Qué orgulloso estaba de tener amigos!

Alcázar acaba de perder un hijo que amaba su ciudad y el resto de la Mancha, vivía intensamente transmitiendo luz, caballerosidad, amistad y sabiduría. Amigo de sus amigos, cariñoso, agradecido, desprendido, todo bondad y sencillez… ¡Qué gran pérdida!

La vida está hecha de pequeños trocitos de placer, pero también de enormes trozos de angustia, sufrimiento, dolor y muerte, como ahora estamos viviendo la familia y los muchos amigos.

¡Ha muerto un manchego!, ¡Ha muerto un médico alcazareño!

No es fácil encontrar las palabras adecuadas cuando hablas de un amigo. Quedas destrozado por el dolor y los renglones de desdibujan por el filtro de las lágrimas.

Quero, amigo y compañero Fernando, expresarte con estas pocas líneas el orgullo que siento de ser tu amigo y fiel sanitario, y hacer pública la pena que siento al perderte y desearte que entres por la Puerta sin Puerta del Cielo como tú te mereces… ¡Que Dios te acoja en su Seno!

Los cipreses apuntando hacia el cielo te esperan para guiarte por la senda recta hacia Dios.

Los que quedamos aquí queremos imitarte en tu talante abierto y tolerante, tu entrega, tu capacidad de sacrificio y honestidad. Te puedo asegurar que eres una gran pérdida para todos, que lloraremos tu ausencia y siempre nos acordaremos de ti. Se ha muero para que lo amemos más.

¡Qué Dios te acoja en su Reino!