¡ A propósito de vivir !
Bonjour à toutes et tous!
Mi querido lector. Estoy seguro que has visto, como yo, mil veces la película clásica de estas fecha “¡Qué bonito es vivir!”. Es posible que seas un “fan” de estas fiestas navideñas o simplemente que no te gusten. Puede que seas religioso y celebres el nacimiento de Jesús de Nazaret. Puede que no lo seas pero te unas a las celebraciones familiares, por el hecho de serlo, o de cambio de número de año. Es posible que las personas que te acompañaron durante tu vida ya no estén, y puede que esa ausencia sea más acusada sobretodo en estas fechas familiares. Espero que no estés sola o solo. Y que la salud no sea un fuerte handicap.
En el fondo lo que quiero aprovechar en este artículo es para hablar de VIVIR (así, con mayusculas). Vivimos una época complicada, llevamos unos años muy difíciles. Hemos pasado una crisis económica terrible y ahora estamos inmersos en una pandemia que parece no tener fin. Las secuelas psicológicas en general fruto de estas situaciones afloran como “las setas”. Las económicas, por desgracia, también. Salvo que seas inmigrante de un país que ha estado en guerra, el resto de mis lectores, como yo, ha tenido la suerte de no vivir una guerra o de haberla sufrido (la guerra civil) con muy poca edad como para tener recuerdos propios. Esto que estamos viviendo amenaza con tener las mismas consecuencias. Miedo. Sufrimiento. Fatiga psicológica. Y una cierta dosis de paranoia colectiva. Las redes sociales con su facilidad para hacer de caja de resonancia de la ceremonia de la confusión y muchos de los “noticiarios” con su alarmismo participan a promover estas secuelas (No hay nada mejor de lo que hablar y hay que llenar minutos porque se venden, reconocía hace poco un periodista).
Y aparte de caer en ese sufrimiento psicológico (y económico) como secuela, corremos el riesgo de encerrarnos en nosotros mismos, de volvernos cada vez menos sociales, de DEJAR DE VIVIR (así, con mayusculas).
Una de las personas de las que ya desaparecieron, que más ha influido en mi vida me repetía sin parar: “Vive, Javier, vive”. Un día, sin esperarlo, dejó de vivir. Como otros que formaban parte de mi vida hasta entonces. Sé que él, a pesar de los avatares, lo intentó y creo que lo consiguió. Estoy seguro. Sé que, si hay algun sitio donde ir cuando desaparecemos, no se llevó nada más… y nada menos, que recuerdos vividos. Y como dice la frase de A. Dumas: “Los seres queridos que perdemos no reposan bajo la tierra, sino que los llevamos en el corazón”, pues él no deja de repetirme todos los días la frase: “Vive Javier, vive”.
Y al menos es lo que intento, y muchas veces lo consigo. Y cada día de los que me quedan hasta jubilarme (que no son muchos), doy mas importancia al tiempo vivido sobre el trabajado. Y al final es lo que te deseo querido lector, que disfrutes de tu tiempo ( del verdadero tiempo) y que si no le dedicas mucho, le dediques más, a eso, a VIVIR (así, con mayúsculas).
Nuestro cerebro no puede “vivir” si lo que le rodea no tiene un sentido para él, o está organizado. Y como nuestro mundo tiende a la “entropía” y por tanto a la “desorganización”, a veces se busca respuestas “peregrinas” para darle sentido a las cosas que no entiende, o simplemente se organiza con números. Y de esa manera hay un momento en el que parece que cambia la vida, momento al que llamamos fin de año, y ponemos un número correlativo a este tiempo. Por ello, en breve estaremos “viviendo” el año 2022. En realidad solo cambiará el número, pero… lo celebramos y celebrar está bien porque forma parte de “vivir”.
¡Que 2022 no sea para ti el año de la secuela psicológica o económica, sino el año en el que viviste un poco mas que el anterior!
Javier Mata