Aforismos, greguerías y otras escrituras. EL ADOQUÍN
Mirando fijamente el adoquín que mostraba la presidenta Díaz Ayuso (18.2) pude ver las caras desencajadas de los violentos que arrasaron el centro de Madrid el día 17.
Aterrazar: Es lo que hace un avión (de despegue vertical, claro), un helicóptero o un dron cuando se posan sobre una terraza.
La vida es el estrelladero de los sueños.
Jodemita: Militante de un supuesto partido político cuyo nombre no es difícil de adivinar, que se enfrentaría a diario con la otra parte del gobierno de confusión del que supuestamente formaría parte, valga la redoblancia*
Tontimetría: Ciencia empírica que estudia el grado de tontez* de algunas personas basándose en sus dichos y en sus hechos.
El amor lo llena todo: cabeza, tronco y extremidades.
Flanquistas: Jugadores que defienden los laterales del terreno de juego en un campo de fútbol, sobre todo el de la derecha.
Hay cosas, hechos y actitudes que no se prestan al debate de tan obvias. Si se las discute se convierten en majaderías y convierten en majaderos a los debatientes.
Fichoría: Mala pasada que se hace a alguien a quien se tiene fichado previamente.
Tránquea: Canuto por el que respiramos y adonde a veces va a parar parte de lo que ingerimos, lo cual que las pasamos canutas.
Nunca podrán equipararse amistad y amor. La amistad puede dar algo a cambio de nada. El amor lo da todo a cambio de nada.
Lo dijo Platón: “Mantener el alma a punto a través de la música”. Y es que la música es una forma de felicidad.
El recuerdo no resucita a los muertos; ni siquiera les hace justicia, pero es el tributo que les debemos los vivos por la vida que nos dieron.
Atractibios: Que los encantos (de quien o lo que sea) no suponen gran cosa; vamos, que no son para tirar cohetes.
Subrefugio: Razonamiento enrevesado y tortuoso para explicar lo inexplicable. En román paladino: querer salirse por la tangente
Oído en la radio (22.2): “Se está poniendo de manifestación en los últimos días...”... “leyes que ya hemos proponido cambiar...” (ministro Garzón “dixit”). No se sabe a qué manifestación se refería el ministro ni dónde aprendió a conjugar los verbos, pero la libertad de expresión que todos defendemos no ampara que se pisoteen las reglas de la RAE. Así, algunos másteres se quedan luego en lo que se quedan: en la mínima expresión.