Algo personal: Recuerda que eres polvo
Mañana es miércoles de ceniza. Termina el carnaval y empieza la cuaresma. Todo el mundo sabe que para los de Alcázar no existe el fin del carnaval. Siempre hemos sentido que nosotros no teníamos carnaval porque, como todo el mundo sabe, nosotros lo celebramos en Navidades, en Pascua. Hubo un intento de pasarlo a las fechas normales, pero hubiera sido despojarlo de la idiosincrasia que para nosotros tienen esas fechas. Pero, la verdad, es que cuando eres joven, te das cuenta que tienes dos carnavales: los nuestros, en Navidades, y los de los pueblos de alrededor en estas fechas, justo antes de que empiece la cuaresma con el miércoles de ceniza.
Invierno del alma, verano del cuerpo, decía un amigo mío. En este tiempo se acaba el invierno, se anuncia la primavera. En verano todos vivimos, en invierno solo vivían los que tenían posibles. El miércoles de ceniza es el anuncio de que la primavera está muy cercana. Que el renacer del buen tiempo llama a nuestra puerta. Que se acaba el periodo de hibernación y que pronto la naturaleza rebrotará; los días serán más luminosos y el sol ganará la batalla a la noche; el amor y la vida triunfarán sobre la oscuridad y la muerte.
Pero hoy os voy a hablar de algo más personal, de mi recuerdo infantil de esta fecha, del miércoles de ceniza en el patio del colegio Santa Clara en los años sesenta o setenta. Yo ya no conocí el latín en las misas, pero si recuerdo que en cuaresma se tapaban todos los santos de las iglesias y las misas eran más tristes. Recuerdo un miércoles de ceniza muy especial por lo mucho que me asustó siendo yo todavía muy niño. Era un día soleado, fresco pero luminoso. Santa Clara era un colegio de chicos, todavía no había colegios mixtos. Nos formaron a todos en el patio, en filas, por cursos, con los maestros al frente de cada fila. Así, por orden, íbamos pasando por delante del sacerdote, grande y corpulento, que nos imponía la ceniza, empezando por el maestro y terminando por el último alumno de cada curso y, así, con todo el colegio.
Cuando me acerqué a aquel sacerdote, vestido con sotana y sombrero de teja negros, mucho más grande que yo, y sentir que ponía sus frías manos en mi frente diciéndome con voz ronca y profunda: «recuerda que eres polvo, y en polvo te convertirás» casi me da una alferecía.
Lejos queda aquel «Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris» que me estremeció y me causó un miedo que me paralizó. Hoy el mensaje es más cercano, más positivo, más en la línea de reflexionar sobre la vida y de convertirse, de regresar a un estado de humano equilibrio. Que tengáis una buena cuaresma.