CAMBIAR EL MUNDO
“Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, sino justicia”
No necesito poner el autor de la frase, puesta en labios de quién la pronuncia por su creador: el “cuerdo loco” más conocido de la literatura universal, aquel a quien su autor hace recobrar la “cordura” al final de la obra.
Decía el Prof. Castilla del Pino: “El megatema del Quijote es la vida humana, lo que constituye la biografía de cada ser humano. Desde mi punto de vista el Quijote es una teoría de la biografía y eso lo convierte en un libro intemporal, un libro que puede ser leído en función del tiempo en que se lee”.
Lejos mi intención de corregir al psiquiatra, quisiera añadir que quizás además de una biografía individual, podría ser una teoría de la biografía de la humanidad como conjunto. Me pregunto: ¿Acaso hemos perdido la cordura últimamente? ¿Estamos “condenados” a perderla de manera recurrente? Hablo como sociedad, como humanidad.
No sé si la pandemia y sus extraordinarias y nefastas secuelas psicológicas ha acelerado la perdida de cordura colectiva, como no sé si en realidad solo hay detrás de esta aparente perdida, la ambición (de poder, de dinero…). No creo que debamos hablar de uno o unos cuantos locos que nos arrastran al abismo, en realidad el resto poco parece hacer por dejarse arrastrar. Ejemplos de “seres humanos” (con perdón de la denominación) que se han erigido en el último siglo (y en los últimos días) como “guías” para arrastrar al resto al abismo tenemos de sobra. Ejemplos de sociedades o grupos que los han seguido como “borregos” acompañándolos con el aplauso, o la complacencia o simplemente la indiferencia los tenemos también.
Parece que los extremismos y populismos políticos y sociales toman cada día más protagonismo entre nosotros (no sé si quizás siempre estuvieron ahí “dormidos”) con sus nefastas secuelas contribuyendo a esta pérdida de cordura “colectiva” o “grupal”, y creando el “caldo de cultivo” ideal para estos “guías libertadores” y “adalides” de cualquier cosa contraria a lo que realmente son y lo que realmente creen o quieren sus adeptos. En realidad, detrás solo hay ambición, para decepción de sus adeptos “borreguiles” y confirmación de los otros abyectos adeptos que tienen los mimos objetivos que ellos. Y de nuevo la indiferencia, la complacencia o incluso el aplauso.
Como “seres humanos” (de nuevo perdón por la expresión) somos capaces de las más abyectas aberraciones contra nuestros propios congéneres (y contra la vida en general) como ningún otro ser vivo es capaz, ninguno. Como “seres humanos” somos capaces también de las más altas cotas de compasión y ayuda, como ningún otro ser vivo es capaz, ninguno. Y llegado este punto de mi reflexión me pregunto si no serán éstas las verdaderas “locura” y “cordura”. Me pregunto…
El genio infinito de Cervantes, hace que al final de su obra inmortal, nuestro compatriota manchego más universal “recupere” la cordura. Y me pregunto, de nuevo, si no será en realidad al revés y Don Quijote es el “cuerdo” y Alonso Quijano el “loco”. Me pregunto si no será que al final Cervantes hace que en realidad Don Quijote pierda esa “cordura”, la que le llevaba a querer “cambiar el mundo”.
Nosotros sin embargo no tenemos un genio infinito que nos escriba el final de nuestra obra para “recuperar la cordura”, o más bien, si mi anterior reflexión es más cierta, que nos libere de la “locura” y nos convierta en el “cuerdo” Don Quijote.
Nosotros dependemos de nosotros mismos, somos nosotros quienes escribimos nuestra “obra”, y sinceramente tengo mis dudas que seamos capaces de recuperar la “cordura” que durante toda la obra manifiesta nuestro universal compatriota manchego. Falta nos hace sin embargo, porque esta “locura” que nos va invadiendo como sociedad y grupo nos lleva a un solo sitio: la destrucción.
“Cambiar el mundo, amigo lector, no es locura ni utopía, sino justicia”
Javier Mata