Una celebración caducada

Celebración con la placa

                                                                                    

Mis compañeros del Grupo Guadiana siguen emperrados en el borrado salvaje de los cuatro primeros años de la historia del Grupo en la placa conmemorativa del Ayuntamiento.

Como fundador del mismo en junio de 1970, según tengo documentado en mi trabajo “El Grupo Literario Guadiana de Ciudad Real 1970-1985. Apunte para una Historia de las Letras Provinciales” (separatas 36 y siguientes de la revista Manxa), me asiste el derecho a exigir que se respete íntegramente su historia “y no se insista en amputar esos cuatro años de vida y actividades en favor de la cultura ciudadrealeña y manchega”.

Ese “1974”, que figura en la placa, es un año cualquiera de su historia pero puesto ahí deja fuera del Grupo, entre otras muchas, las siguientes” realidades históricas”: Junio de 1970: Fundación del Grupo cuyas circunstancias y primeros nombres están publicados en mi trabajo citado y son sobradamente conocidos; Agosto de 1971: Fundación del premio de poesía Pastora Marcela de Campo de Criptana; Octubre de 1971: Publicación de la I Antología de poetas de Ciudad Real: Agosto de 1972: Fundación del premio Ciudad Real de Novela. 9 de abril de 1974: Fundación de la revista Manxa según tengo igualmente documentado en mi segundo trabajo sobre estos temas: “La revista Manxa del Grupo Guadiana 1974-1994. Nuevo Apunte para una Historia de las Letras Provinciales” (separatas  11 a 16 de Manxa, 2ª época), y quedan fuera, también, nada menos que mil cuatrocientos sesenta días de actividad literaria en la capital y por toda la provincia.

Alegan mis compañeros del Grupo que la elección de la fecha 1974 “se tomó en asamblea y sin ningún voto en contra”. ¡Menuda garantía! Diariamente se toman decisiones asamblearias disparatadas o, como en este caso, atentatorias contra la verdad histórica y la pura razón.

Por lo que fuera, el cincuentenario pasó sin pena ni gloria pero ello no ha de dar lugar a una celebración caducada. Conmemórese enhorabuena “toda la ya larga historia de la agrupación” sin acortarla  –que es como pegarse un tiro en el pie– ni manosearla, ni trucarla.

En varios escritos a los dirigentes del Grupo he demostrado con abundantes datos su existencia desde 1970 y he pedido la obligada rectificación, sin éxito. También he informado al Ayuntamiento (concejalía de Cultura) enviando copias de mis escritos con el mismo éxito que con el Grupo. Y, claro que estoy dolido con el Ayuntamiento. Ni un mal acuse de recibo cuando cabía esperar que, tras la polémica levantada, la corporación, parte principalísima en esta historia a la que hay que otorgarle la mejor intención al dedicar esa placa, “se hubiera ocupado de buscar la verdad” y, al estilo salomónico, darle la razón a quien la tiene. A lo mejor habría rectificado esas fechas a todas luces manipuladas.

El Grupo Guadiana actual es obra de mucha gente: de quienes estuvimos en 1970, de quienes estaban en 1974 y de quienes lo integramos actualmente. Arrancar de cuajo esos primeros cuatro años de vida del Grupo es una tropelía histórica porque supone un desprecio absoluto, con el consiguiente “daño moral”, al trabajo realizado por sus pioneros con su entrega y sus saberes. Con el borrado en cuestión, no solo desaparecen su existencia y su memoria, es que no queda de ellos ni la mancha (con minúscula).

Durante muchísimos años he silenciado lo de fundador (salvo en mi currículo, naturalmente) y solo he saltado, como lo haría cualquiera en situación parecida, cuando de forma irresponsable se pretende prescindir nada menos que de los ya citados mil cuatrocientos sesenta días de vida del Grupo, lo cual, además de ser una absoluta injusticia (putada lo llamarán algunos) daría lugar a equívocos y erróneas valoraciones de su trayectoria, como ya está ocurriendo.

Si, como me temo, la actual directiva se mantiene en sus trece, y ante los vínculos afectivos que me unen entrañablemente a ese querido Ciudad Real, solo me queda esperar que dure poco su mandato y vengan otros rectores con mayor respeto a la verdad y la razón que pongan las cosas y las fechas en su sitio. Aunque lo primero que tendrán que hacer será esconder la placa de marras en el último rincón y de cara a la pared.