Crónicas desde el corazón de Europa: Un dineral para el coronavirus
He estado muy tentado de escribir sobre el dichoso tema del «coronavirus», pero justo en el momento que me sentaba delante del ordenador me ha llegado una noticia que me ha hecho reflexionar: una niña de 5 años muere de desnutrición en la provincia argentina de «Salta» cuando la visitaba la ministra de Sanidad.
Y entonces me ha venido el recurso demagógico fácil de comparar. No he podido evitar ir a buscar en UNICEF la cifra aproximada de niños muertos por desnutrición en el mundo cada año. Por si no la conocen se la transmito tal y como la he encontrado: 2.800.000. Sí, han leído bien: casi tres millones. Así que no he podido resistir en buscar la cifra de muertos por el maldito coronavirus: aproximadamente 2.000 (cuando esto escribo). Y claro, se me revuelve el estómago de la rabia. Todos los muertos son iguales, sin duda. Que se lo digan a sus familiares. Seguro que todos los muertos son iguales?
Me pregunto si la noticia de la niña muerta de desnutrición lo hubiera sido si no la estuviera visitando el político de turno. De la misma manera que me pregunto si el maldito coronavirus hubiera aparecido en una zona dejada de la mano de dios de África o América, donde solo unos pocos locos misioneros o chalados de ONGs van de vez en cuando, habría sido noticia. Y me pregunto si la respuesta de la OMS hubiera sido la misma si no hubiera detrás motivos económicos muy fuertes. Y me pregunto si todos los miles de millones de «la moneda que sea» que se están gastando ya en el puñetero coronavirus se habrían gastado entonces. Por supuesto que con pingües beneficios para los laboratorios farmacéuticos de turno (el primer lobby mundial, por si no lo sabia, querido lector).
Soy médico, como saben. Y trabajo como Jefe de Servicio en uno de los hospitales públicos mas importantes de Francia.Y recibo todos los días, todos los días repito, informaciones sobre el maldito coronavirus… Apenas unos pocos afectados en Francia como en España. El dineral que nos estamos gastando en esta alarma. Y no voy a discutir si la OMS ha hecho bien, o si hay que dar mascarillas a todo bicho viviente o no. No voy a a discutir que hay que invertir en salud publica, jamas lo haría, soy un ferviente defensor de la Sanidad publica, universal y gratuita. Y no voy a comparar tampoco.
Ahora solo voy a recordar la cifra: 2.800.000. Niños, que conste. Y todos mis lectores, como yo, tienen hijos, nietos o sobrinos, por decir algo. Niños, repito. Y entonces permítame querido lector que cambie la frase: NO todos los muertos son iguales. Este miserable mundo, dominado por miserables lobbys y habitados por miserables seres humanos, tiene recursos para detener la epidemia de coronavirus y la de desnutrición infantil, también. Pero… No todos tenemos el mismo «valor».
Esa pobre niñita tuvo la mala suerte de nacer en esa provincia Argentina dejada de la mano de dios. Ella no lo eligió. Si le hubieran preguntado antes de nacer habría dicho de hacerlo en otro sitio donde los niños de cinco años NO se mueren de desnutrición. Desnutrición, vamos de hambre!
Y ahora me tengo que parar y respirar para no soltar mil improperios. Y después agacharé la cabeza como todos, cerraré el ordenador, diré: no puedo hacer nada. Qué mala suerte la pobre niña… y me iré a tomar un vino. Asco de mundo, y asco de sus habitantes, entre los que me incluyo.
Respiro un poco y me digo, es impotencia por no poder cambiar lo que sé a ciencia cierta que es posible? O es una manera de rebelarme conmigo mismo para limpiar mi conciencia tras la noticia?
No sé que hacer querido lector, aparte de dar un puñetazo en la mesa. No se me ocurre cómo cambiar esta ignominia. No sé. Y sólo se me ocurre escribir para que al menos el que me lea despierte su conciencia dormida, como lo estaba la mía hasta hace un momento. Todos tenemos un lado que dice: esto es inaceptable. Quizás sí nos lo repetimos millones de veces e intentamos que el resto lo repita, consigamos algo. O quizás es que soy un idiota iluso como nuestro compatriota Don Quijote.
Bon courage!