Dani
Dani, la enfermedad y tú no sois la misma cosa. La enfermedad te cabe en un bolsillo, pero tú no cabes en el bolsillo. La enfermedad tiene su vida y tú tienes la tuya.
La enfermedad es simple materia, que se destruye en el hospital o en tu casa. Pero tú, eres más poderoso; tienes materia y tienes espíritu. La materia puede ser débil, asustadiza, incluso temer su fin porque hay otra materia con la que se mezcla que puedes creer más fuerte que la tuya y la penetra, pero sin espíritu, como dije antes. El espíritu de tu materia es el más fuerte, el que puede con la materia sin espíritu de la enfermedad.
Y por si fuera poco para enfrentarte a ella, aquí surge un corro de médicos y su ciencia, y sus aparatos y sus adelantos para luchar contigo contra tu enfermedad. Un ejército comparado con el que hay enfrente, unas necoritas juntas de día y de noche, porque no duermen.
A lo mejor me he liado pensando en ti, pero tú apartarás la paja del grano. Nos vemos donde tú quieras, en el cine o en el teatro un día de estos.
Ah, se me olvidaba. Soy doble canceroso, pero ahora mismo estoy leyendo el periódico, y mirando de vez en cuando a la calle por si pasa una pelirroja con el pelo ardiendo sin quemarse.
Dani, ¡cuánto me gustan las pelirrojas!