De las vacunas de la esperanza, al desconcierto y los caradura que se saltan las listas de espera.
Hemos empezado el año igual o peor que terminamos 2.020, pero la verdad es que psicológicamente la agudización de la Pandemia empieza a hacer mella en nuestra moral, en nuestra fortaleza, en la salud anímica y mental; y no digamos nada en cuanto a la economia, forma de ser y entender la vida, en un País mediterráneo abierto al mundo de par en par por el turismo y relaciones comerciales.
Nuestra cultura latina y mediterránea, incluso en la España rural del interior es muy sociable. El movimiento en plazas, calles, comercios y establecimientos de hostelería, es una forma de ser que ni el mundo de internet, ni las nuevas comunicaciones por fortuna nos han arrebatado, pues necesitamos comunicarnos entre nosotros tanto como el comer y el beber.
Después de un año tan duro y difícil, el anuncio de las vacunas nos llenó de alegría y esperanza a la mayoría, a pesar de que en esto también vamos con retraso respecto a otros países más poderosos y previsores. De momento dependemos del exterior, suponemos que a pesar de algunos y algunas que se dicen tan patriotas con sus ruidos y banderas; aunque también llegará la vacuna de nuestro país.
Yo como soy más internacionalista y me considero ciudadano español de la Mancha, y de esa aldea común que es la Galia, pues me gustaría que mi País contara con más medios propios y con menos dependencia de las grandes potencias internacionales y de las multinacionales que son siempre las que salen ganando ante cualquier contienda bélica o catástrofe. Y es que la naturaleza, cuando menos te lo esperas, nos pone a prueba; o llegan pandemias como ésta y nuestra salud y vida se vienen abajo, tanto la propia como la de las personas que más queremos.
No es fácil gestionar la situación, especialmente cuando empieza a fallar el abastecimiento, se supone que por cuestiones económicas. Falta personal sanitario y se complica la coordinación entre los 17 sistemas sanitarios en un País como el nuestro, donde cada Presidente Autonómico trata de marcar territorio con sello propio y además con el de su partido.
Es de pena que también durante esta Pandemia, con muchos miles de muertos ya y cientos de miles de personas infectadas con el maldito virus, aparezca la picaresca, el don de mando, la cara dura de algunas gentes con poder político que arriman el ascua a su sardina y a la de sus familiares y allegados.
No hay o no debería haber rendija que permitiese vulnerar los protocolos de cuándo, por qué y quién se debe ir vacunando, administrando las dosis por el riguroso orden que han establecido los expertos científicos y sanitarios.
Aquí debería acentuarse si cabe aún más. No tienen que ir por delante quienes ostentan parcelas de poder político, eclesiástico, económico o militar, pues si es un cuestión de Estado, se debería ser muy escrupulosos a la hora de establecer los protocolos para la igualdad de todos los ciudadanos ante una cuestión de vida o muerte. Esto no es una broma, pues no solo los poderes que emanan de la voluntad popular, sino que además que quienes económicamente se puedan adelantar a la hora de conseguir su dosis de vacuna, no se les permita, porque ante todo en una pandemia como esta todos debemos ser iguales.
La sanidad pública y privada debe estar al servicio del Estado y del bien general, antes del particular en situaciones de emergencias sanitarias como esta.
Por razones de Estado, a lo mejor se podría valorar si es necesario priorizar, para dar ejemplo a la ciudadanía, y ver si el Jefe del Estado, el Presidente del Gobierno, el Ministro de Sanidad y los Presidentes de las Cortes, deberían estar entre los primeros vacunados, pero no sus familiares y allegados.
No es de recibo la picaresca, como tampoco lo es utilizar los resortes de poder de algunos cargos públicos y privados para obtener ventajas que no tenemos la inmensa mayoría de los ciudadanos de este País llamado España.
El patriotismo, la vergüenza, la solidaridad, la decencia se demuestra respetando a los demás independientemente de su condición social, en este caso y en otros importantes, se echan de menos voces importantes cuyo silencio les delata, pues hay silencios que son más sonoros que las palabras, sobre todo si se trata de personas que se la considera hombres o mujeres de Estado o padres de la Patria.
Es muy llamativo que Salva patrias militares en la reserva se escandalicen y hagan amenazas veladas o no tanto por escrito al Jefe del Estado por su descontento, con el devenir de la política, el parlamento e incluso con algunos miembros del gobierno, por defender los intereses de los trabajadores, Pensionistas, personas con discapacidades, mujeres maltratadas y en desigualdad ante los hombres, los desahucios o de los emigrantes que salen de sus países huyendo de las guerras y la miseria y callen que los más altos mandos de las fuerzas armadas tomen ventaja a la hora de ser vacunados, la verdad que no se en base a qué.
Pensaba que había quedado claro a todos que los primeros en vacunarse serían los médicos, enfermeras, personal auxiliar, celadores, personal de limpieza, de cocina, administrativos, de mantenimiento, de seguridad y del transporte sanitario, pues todos ellos son equipo en donde cada cual está cumpliendo su labor muy dignamente.
Pensaba que las primeras y segundas vacunas estaban reservadas para las personas mayores, sobre todo que no hubiésemos pasado el coronavirus 19 y tenemos enfermedades graves crónicas que nos convierten en personas con alto riesgo..
Pensaba que las primeras vacunas también estaban preparadas para el personal de los servicios esenciales, ( dependientas de productos de primera necesidad, farmacéuticos, repartidores, fuerzas de seguridad, bomberos, personal de mantenimiento de pueblos y ciudades, camioneros, agricultores, ganaderos, los que recogen la basura y barren nuestras calles, después de atender a sus hijos y en muchos casos a sus mayores, al personal docente y no docente de los centros educativos, de los transporte públicos, es decir la clase trabajadora en servicios públicos y privados, por cuenta ajena, autónomos y pequeños comerciantes y empresarios, es decir de la clase trabajadora que es la que está sacando España y a los Españoles adelante, sin banderas, dogmas, ni proclamas altisonantes, y mucho menos con amenazas de muerte a los que no piensen como ellos.
Esos trabajadores por cuenta ajena o propia son los héroes de nuestro País, en unos tiempos tan malos, tan duros, tan difíciles y con una incertidumbre para ellas y ellos y para todos nosotros tan grande, sois mis héroes y mi orgullo de pertenecer a un Estado que se debe mirar en vuestro espejo y en vuestro ejemplo, ya vale de salva patrias, de militares y curas del espíritu nacional, afortunadamente los debe haber buena gente y cantidad, pero a esos no se los oye, por desgracia, y no estaría mal que de vez en cuando dijeran algo, para hacer ver que los que lanzan proclamas aún en situación tan adversa son minoría nostálgica de unos tiempos de triste recuerdo.
En cuanto a esa ultraderecha, antidemocracia fáctica, que apoya a los grandes grupos económicos sin complejos y con descaro, ¿ donde está su defensa de los trabajadores, de los pensionistas, y de las personas más vulnerables en situaciones tan dramáticas y desconcertantes, donde están y a favor de Quien?.
Joaquín Arias Abengozar