Educación física en tiempos revueltos

Por Gustavo Lorente Lorente

En estos días la educación física escolar ha sufrido una transformación muy importante. La educación física se ha convertido en actividad física. Un cambio tan sustancial que requiere de una adaptación excepcional.

No solamente ha desaparecido el espacio físico, y los recursos materiales sino también las relaciones personales entre compañer@s y profesorado.

El proceso de enseñanza y aprendizaje que se da entre el profesorado y el alumnado ha cambiado creando nuevas vías comunicativas y de relación que intentan suplir el contacto directo de las aulas, pero que difícilmente lo van a poder conseguir.

Esto no quiere decir que por parte del profesorado no se ponga toda la buena intención, conocimientos y recursos para mantener esa motivación que lleva a que el alumnado a aprender, pero lógicamente en estos tiempos se produce de otra manera y en otras circunstancias.

Por supuesto tampoco significa que el alumnado no quiera o ponga su intención en realizar tareas  o actividades del área, pero puede encontrarse con dificultades espaciales, materiales, o personales que no marcan una línea positiva hacía la práctica motriz. Además de situaciones familiares complicadas.

En estos momentos en lo que no se puede salir de casa y se comenta la necesidad que tienen los niños y niñas de tener rutinas activas es imprescindible valorar la actuaciones motrices “indoor” como mejor recurso para tener una buena salud mental y corporal.

Hay que tener en cuenta que la educación física tiene un carácter emocional que hace que cuando un niño o niña esta jugando o realizando una actividad motriz se trabajen una serie de factores emocionales que intervienen en el desarrollo integral del alumnado. Este aspecto emocional es el que hay que cuidar y tiene que servir de guía en los planteamientos que se determinen.

En estos días a través de los diferentes medios de comunicación-relación profesorado-familias se proponen tareas o actividades para el alumnado, pero no se tiene que olvidar el carácter individual que puedan tener y más aún cuando las realidades en los hogares son muy dispares y no se puede establecer una uniformidad en los tiempos, espacios, recursos materiales y/o personales.

Por lo tanto hay que entender que las tareas que se plantean desde el área de educación física, se establecen con diferentes objetivos:

1º No perder la consciencia del área, de su importancia, aún sabiendo que lo que se propone no es educación física como tal, sino tareas, actividades, retos, rutinas, o ejercicios para este tiempo de confinamiento.

2º Implicar al alumnado (por extensión a las familias en la medida de lo posible), en las tareas que impliquen movimiento señalando y reconociendo los beneficios corporales y mentales que implica su desarrollo.

3º. Establecer nuevos lazos de participación familiar en  el hogar  estableciendo nuevos reencuentros y desarrollo de actividades.

4º Lograr una posible “normalidad” en las actuaciones, y conllevando así un equilibrio mental en el desarrollo del alumnado.

5º Entender la necesidad (beneficiosa) para establecer un tiempo “muy necesario” para que los niños y niñas jueguen y se muevan.

6º Favorecer las actuaciones libres, que se pueda inventar, crear nuevas reglas, nuevas posibilidades, nuevas variantes.

7º Trabajar la competencia de aprender a aprender utilizando otros materiales, otros espacios, reciclando... Que las normas que se conozcan de manera habitual puedan tener otro punto de vista, otra interpretación, otra manera de pensar. Hay que probar, cambiar, variar.

8º Utilizar las tecnologías de la información para buscar otras ideas, otros puntos de vista, favoreciendo la reproducción de tareas o fomentando la invención de otras diferentes.

9º Utilizar recursos musicales, juegos de mesa y juegos tradicionales. Que los familiares cuenten  y jueguen a lo que se jugaba antes y se produzca un enlace intergeneracional.  

10º Utilizar los elementos (seguros) de la casa para que puedan servir para jugar (vasos de plástico, telas, cojines, cartones, pinzas…)

11º Reconducir los posibles momentos de “aburrimiento” para que tengan una visión hacía una realización de juegos o actividades motrices, fomentados por información previamente facilitada.

12º Realizar  actividades que tengan carácter de entretenimiento, diversión, relación y utilización del tiempo del que se dispone.

13º Fomentar el espíritu de curiosidad y conocimiento por parte del alumnado. Se tiene que mantener y establecer una relación (por las vías que se se tengan y/o puedan) con el profesorado del área comentando, aportando ideas o consultando dudas, enviando imágenes o videos. De igual manera favorecer actividades que pongan en relación a l@s compañer@s.

14º Recordar, aunque no sean sesiones escolares como tal, la conveniencia de darles una secuenciación, un orden de contenidos y una temporalidad que favorezcan la asimilación y práctica por  parte del  alumnado. Hay que adaptar la metodología a los momentos y espacios del confinamiento.,

15º Promover que las actividades sirvan también para una “liberación mental” y para un disfrute del juego.

16° Establecer  tareas que sean flexibles, adaptativas, abiertas que sean asequibles al alumnado y a sus familias.

17° Fomentar que el alumnado no pierda la motivación de realizar actividades físicas y juegos. 

18º Ajustar a la edad, nivel y posibilidades las tareas o actividades que se plantean.

19° Utilizar el juego para crear ambientes de aprendizaje tanto en educación física como en otras áreas.

20° Desarrollar retos posibles que favorezcan la superación y valoración personal.

Además la evaluación de este área también debe cambiar, tiene que adaptarse. Se tienen que utilizar nuevas herramientas, flexibilizar los tiempos, adaptar las rúbricas, modificar los estándares, establecer criterios asequibles y reales.

Tener momentos de autoevaluación y de coevaluación con la colaboración de las familias. Desarrollar tablas de retos, registros propios, utilización de imágenes, vídeos, reflexiones escritas, entre otras fórmulas.

Mejorar la autonomía, fomentar el gusto y encontrar el beneficio por realizar la actividad física y por el juego tienen que ser ejes fundamentales para el proceso evaluativo y por lo tanto educativo.

La evaluación tiene que servir para guiar, ayudar, dirigir y redirigir los aprendizajes para favorecer el desarrollo del alumnado.

En estos tiempos hay que tener en cuenta diversos factores a la hora de “evaluar”. Tiempos, espacios, materiales, recursos personales, situaciones familiares y sobre todo el factor emocional. Es muy importante buscar una evaluación emocional positiva.

 La realización de actividad física en estos momentos es fundamental para los niños y niñas y de manera directa al entorno familiar y va a favorecer a que este temporada se afronte de la mejor forma posible.

 Por este motivo la labor de las familias es fundamental.

Deben motivar a los niños y niñas a que jueguen.

Tienen que establecer tiempos de juego y actividad física.

Deben participar en la medida de lo posible en esas tareas.

Tienen que facilitar el uso o creación de materiales que puedan ser utilizados en la realización de tareas.

Deben realizar manifestaciones de ánimo y valoración positiva a las actuaciones que hagan los niños y niñas.

Tienen que mantener una mentalidad abierta a posibles variantes en la realización de actividades. (lanzar pinzas de la ropa a una bolsa). (pintar una pelota de tenis y botarla para realizar un dibujo en un papel).

Deben ser un nexo favorecedor en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

“Los aprendizajes más importantes de la vida se hacen jugando”– Francesco Tonucci

Gustavo Lorente Lorente. Maestro de educación física CEIP Juan de Austria.

Alcázar de San Juan