El esfuerzo de lo invisible

Jesús Ignacio Meco, Director del INDEPF

Hoy nos quitan las mascarillas (otra vez) en el exterior. Sin duda, volveremos a celebrarlo como si fuera un hito para la posteridad, saldremos de esta sexta ola fortalecidos y, claro está, acostumbrados.

Sí, sí, acostumbrados a tener más de 200 muertos diarios, a que muchos de nuestros mayores reciban una atención en muchos casos denigrante, a que lo único que tengamos en cuenta sean las reclamaciones laborales-económicas del sector y a que la verdadera realidad no se tenga en cuenta.

Ésta es una pandemia de héroes, de gente sobresaliente que lo ha dado todo por su profesión y por el prójimo, de personas que han elevado a la excelencia su trabajo y vocación, pero también de gente que, en vez de arrimar el hombro, lo único que ha hecho es criticar al que tenía en frente y esto es transversal en nuestra sociedad.

Por ello, en estas pocas líneas quiero hablarles de los que a mí me parecen los verdaderos héroes de esta pandemia. Sí, como no, los pacientes con enfermedades raras están, como siempre, encabezando este ranking. Pero también los pacientes crónicos, los oncológicos, por no hablar de nuestros mayores.

Además, estoy seguro de que todos los mencionados están más que agradecidos a los profesionales que los tratan, pero permítanme que centre estas líneas solo en los pacientes.

Pensar en el miedo, en el dolor y en la soledad me pone la piel de gallina. Sin embargo, estoy pensando en aquellas familias aterradas por no saber qué hacer cuando su hijo tiene una crisis, la cual abordan con consejos telefónicos. Pienso en aquel paciente crónico al que su médico de cabecera lleva más de un año sin ver en persona, en el dolor de muchos pacientes que deciden no acudir a urgencias por no saturar o simplemente porque sus urgencias no son seguras, en aquellos que, por esperar, llegaron tarde a su vida, en aquellos que aun necesitándolo se quedaron en casa para no saturar, ellos son mis héroes, los míos y, sin duda, los héroes del sistema.