El foráneo de Alcázar

Por Chindasvinto

El pasado domingo desperté con la noticia de que la porticada de la iglesia de Santa Quiteria, en Alcázar de San Juan, había sufrido graves daños y prácticamente se había derrumbado. Pude leer la noticia en prensa digital local tras ser advertido del hecho por un amigo y colega que sí es natural de Alcázar.

Bien, yo no soy de Alcázar ni de Ciudad Real ni siquiera manchego. Nací y vivo en Sevilla. Tampoco soy arqueólogo ni arquitecto ni ratón de archivo, soy médico, jubilado.  Ahora, desde hace unos años, dispongo de todo el tiempo del que antes adolecía y lo dedico a mi otra gran pasión siempre arrinconada, la historia, su estudio intenso y profundo, su comprensión y, aunque pueda resultar pretencioso (pero siempre desde la humildad y conciencia de que sólo soy un aficionado apasionado) a elaborar o escribir de un libro de Historia de España, de forma crítica, eliminando tendencias y retorcimientos en favor de intereses cuales sean,  y como digo consciente de mi escasa entidad humanista. El texto será más o menos bueno o valioso, pero es la historia como a mí me hubiera gustado estudiarla, bien documentada y sin omisiones ni falsedades.  

Habiendo heredado una biblioteca de más de 2.000 volúmenes como fuente primaria de documentación además de la inversión continua en ampliarla, todavía el texto está inconcluso, tras seis años de intenso pero divertido y entusiasta trabajo… y lo que aún resta.

De esta forma me he encontrado con estímulos de todo tipo y en el caso que nos ocupa, con la zona de la Meseta meridional, que desde un principio me cautivó, la cultura íbera de las Cogotas I y II que algunos consideran celtíbera pero que yo creo firmemente de origen oretano y con influencias más que celtíberas, turdetanas y túrdulas, pero no viene al caso ahora. Allí, precisamente, es donde se localiza la iglesia de Santa Quiteria, en la ciudad de Alcázar de San Juan, Ciudad Real.

Creo que una gran mayoría de los que han oído hablar de Alcázar de San Juan (posible Alces íbera, al-Kasar árabe, o la medieval Alcázar de Consuegra o Alcázar de Cervantes) conocen molinos de viento, la importancia de Alcázar como nudo ferroviario y de comunicaciones y como no, la imaginería de D. Quijote omnipresente. Quizá en referencia a este último, no se conozca ya ampliamente la cantidad de pruebas documentales que hablan en favor del origen y nacimiento en Alcázar de su ciudadano más ilustre y autor del Quijote, D. Miguel de Cervantes Saavedra, para desdicha de los no menos nobles y honrados ciudadanos de Alcalá de Henares que también reclaman su paisanía. Su partida de nacimiento encontrada en la iglesia de Santa María la Mayor, su casa familiar y su profundo conocimiento de los usos y costumbres y de las gentes manchegas. Difícilmente, un foráneo llega a ese nivel de asimilación y esto, “per se” constituye también un argumento o prueba inmaterial igualmente válida. Las abrumadoras pruebas en favor de su origen alcazareño creo que zanjan ya el debate estéril del origen y debe cerrarse capítulo y no dejad de cerrarlo sin leer el trabajo publicado por la Sociedad Cervantina de Alcázar disponible en “cervantesalcazar.com” y firmado por Manuel Rubio.

Pero, aparte de esas realidades (Molinos, RENFE, Cervantes…), Alcázar se admita o no y aunque no goce de tal consideración oficialmente, es una ciudad monumental. No es Úbeda, tampoco Baeza, pero está repleta de monumentos, de bienes muebles con tanta o más carga de historia vivida por sus piedras y que aporta ese valor añadido de “monumento inmaterial” sin cuyo conocimiento quedaría amputada parte de la historia de nuestro país.

Resulta triste pues que una construcción, declarada en 1991 como Bien de Interés Cultural, que debiera ser protegida, y que ya Pascual Madoz, Ministro de Hacienda del Partido Liberal en 1855 en su “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar” conocido popularmente como el Madoz, o Diccionario Madoz, la cita de la siguiente manera: “hay 2 parr.: la Mayor con la advocación de Sta. María, y la otra de Sta. Quiteria, servidas por párrocos con el títulos de priores, como pertenecientes a la Orden de San Juan: (...) la segunda fue construida en 1511, y se halla también ruinosa por la parte del N., de cuyo sitio se han caído ya algunas piedras, a pesar que todo el edificio es de cantería y representa mucha solidez.” (Madoz, 1845 p. 439).

No hace referencia a la preexistencia de un templo más antiguo en el lugar ni a que éste fue reconstruido y ampliado por obra de Juan de Herrera, el constructor de El Escorial. En el Madoz, la construcción se data en 1511, en contraposición con otras dataciones más tardías que ubican su construcción entre 1587 y 1604. Pero de cualquier forma, en 1845 ya se habla de su estado ruinoso.

En este estado de cosas, me acosan dudas y preguntas, como a cualquiera: por qué se ha caído ese pórtico o por qué se quiebra la columna izquierda de la porticada, o se caen las cornisas altas, y por qué se llenan de humedades las paredes de forma parcheada según puedo ver en las fotos que me han enviado y que espero ver en vivo tras la pandemia? Por qué ha ocurrido esto?. Ya se sabía de su mal estado “ruinoso” documentado desde el hace casi 180 años. Se le ha prestado la atención debida por parte de Iglesia o Administración Pública o de los propios alcazareños tratándose de un Bien de Interés Cultural? Acaso tenía que ocurrir simplemente porque antes de reparar piedra, hay que comer?

Todos amamos a esa parroquia. Unos se han bautizado allí, otros son fieles devotos de Santa Quiteria, otros sienten como algo suyo y no conciben su ausencia, otros admiran su valor y su interés. Por eso, Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, Ilmo. Sr. Presidente de la Diputación, Excma. Sra. Alcaldesa, autoridades competentes cualesquiera en materia de Patrimonio, pienso que debemos movernos juntos, con los alcazareños, entre los cuales me tomo la licencia de incluirme, aunque foráneo y desde la distancia.

Dejo aquí la reflexión que puedo cansar, pero continuaría más allá e incluso podría transmitiros las autorizadas opiniones de al menos tres arquitectos conservadores consultados, uno de ellos responsable de la lucha contra las secuelas y daños producidos en la Catedral de Sevilla por el ave que simboliza la paz pero que aquí participa de una guerra, las palomas, el clima continental-mediterráneo que en sus frías noches y madrugadas transforma el agua que penetra el seno de las grietas de la piedra en hielo destructor o el acuífero N.º 23 del Registro Hidrológico bajo el suelo mismo de la ciudad y amplísimas zonas de alrededor de Alcázar. Sería tema para otro momento si así lo queréis.