El origen del SARS-Cov-2

Por Alfonso Carvajal

Se han hecho conjeturas sobre el origen del virus que ha provocado la actual pandemia. Hace unos días se daba a conocer el informe de los expertos vinculados a la OMS que han visitado China y realizado un estudio sobre el terreno de los orígenes de la pandemia. El informe no ofrece mayores novedades. Ha habido 14 países que han firmado una carta de protesta por las insuficiencias del procedimiento; la OMS, por su parte, dice que hay que seguir investigando.

Repasemos las explicaciones que se han dado sobre el origen de este coronavirus. Podrían resumirse en cuatro. La primera, sin duda original, dice que viene del espacio; lo trajo un meteorito que cayó en el nordeste de China el 11 de octubre de 2019. Se transmitiría a través del polvo cósmico. Esta hipótesis no la sostiene un cualquiera, sino el prestigioso astrofísico Chandra Wickramasinghe; ya la mantuvo antes en relación con el coronavirus causante del SARS, la publicó en The Lancet. No ha podido comprobarse. La segunda en nuestro orden situaría el origen en un laboratorio, un fallo de seguridad. La defendió entre otros Donald Trump; aunque no conviene prejuzgar. La dio a conocer en su día el Washington Post y se hizo eco el canal Fox News de televisión. Según esas fuentes, el “paciente cero” trabajaba en el laboratorio de Wuhan, se contagió en los ensayos y luego lo transmitió a la población de esa ciudad. El editor de Opinión en español del Washington Post, Mael Vallejo, lo desmintió; desmintió que la columna del periódico afirmara de esa forma que el “paciente cero” saliera de un laboratorio. Esto es lo que dice su mensaje en Facebook, “Si ya les llegó la cadena por WhatsApp con la fake news, atribuida al WashPost, de que el paciente cero de coronavirus en China era empleado de un laboratorio, sepan que no es cierto. Lo que sí dice el artículo es que en un laboratorio poco seguro de Wuhan se estaba experimentando con coronavirus, que eso lo sabían en Estados Unidos, y que existe la posibilidad de que algo se saliera de control ahí”. El Instituto de Virología de Wuhan existe y tiene una acreditación como laboratorio de alta seguridad, BSL-4, la máxima; hay varias decenas de ellos en el mundo, en España hay uno, el del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA) situado en Valdeolmos. Es cierto asimismo que en Wuhan se trabajaba con virus de murciélagos, en concreto se ha publicado que se hacía con el RaTG13; sin embargo, un genetista de la Universidad de California en Berkeley, Rasmus Nielsen, recuerda que este virus de murciélago y el actual coronavirus se parecen «más o menos como una persona y un cerdo». Por otra parte, uno de los virólogos más reputados de EE. UU., James Le Duc, director del laboratorio nacional de Galveston de la Universidad de Texas, visitó este laboratorio antes de empezar a operar y, según sus palabras, era de una calidad y seguridad equiparables a las de cualquiera operativo de los EE. UU. o de Europa. Además, habla de encuentros frecuentes con la responsable del laboratorio, Shi Zhengli, la viróloga que describió en su día la conexión existente entre el virus causante del SARS y los murciélagos. De acuerdo con The Guardian, Le Duc describe a esta investigadora como, “fully engaged, very open and transparent about her work, and eager to collaborate” (muy comprometida, muy abierta y transparente sobre su trabajo, y con ganas de colaborar). Maureen Miller, un epidemiólogo americano que trabajó con Shi en un programa financiado por los propios EE. UU., sostiene que la teoría del “escape” es “an absolute conspiracy theory” y se refiere a esta mujer como “brilliant”. La expedición de expertos a China no ha podido comprobar que alguien que trabajara en uno de estos laboratorios enfermara por coronavirus en fechas significativas. No obstante, todo puede ocurrir.

La manipulación genética, intencionada o no, una tercera explicación. Deja, como en ciertos crímenes, una huella visible. Peter Ben Embarek, un experto de la OMS señala que una manipulación del virus se vería en su material genético y a través de las mutaciones. No fue esto lo que se observó en la secuenciación que publicó en Nature un grupo de investigadores de distintas universidades norteamericanas, europeas y australiana. Según este estudio, parte del genoma coincidiría con el de otros coronavirus provenientes de murciélagos y no habría signos de manipulación de bioingeniería. Por estas razones, la actual expedición de la OMS, ni siquiera lo ha considerado como opción. Queda la hipótesis última del salto de un animal al hombre. El origen natural. Multitud de virus proceden de animales salvajes, sería el caso entre otros de los virus del ébola o del sida; de esta forma empiezan muchos brotes epidémicos. Los murciélagos, por otra parte, se han identificado con frecuencia como reservorios de coronavirus; se han identificado en concreto como reservorios de los que producen el SARS y el MERS, enfermedades con ciertas concomitancias con la covid-19. De acuerdo con la teoría de la evolución, estos virus de los murciélagos no serían directamente infectivos para los humanos, necesitarían experimentar una “activación” en una especie intermedia, cambios. Esto se ha comprobado fehacientemente en el caso del SARS, pasó por otro animal, la civeta, antes de modificarse e infectar a los humanos; en el caso del MERS, tuvo como especie intermediaria al camello. El SARS-CoV-2 comparte un 80% de su material genético con otros coronavirus de los murciélagos. Se ha propuesto el pangolín como especie intermedia para este virus; sin embargo, en un trabajo publicado en Nature se refuta esta hipótesis, no son iguales. El material genético de los virus, a través de sus mutaciones, permite trazar su filogenia.

Con el tiempo, se identificará no solo el origen del virus sino el camino que ha recorrido; se conocerá de esta forma la progresión que ha seguido la pandemia. Mientras tanto, y expuestos en breve los posibles orígenes, recurrimos a la “navaja de Ockham” o “principio de parsimonia”, es de ley: la búsqueda del modelo más parsimonioso para explicar las cosas. Se trata, en igualdad de condiciones, de elegir la explicación más sencilla porque suele ser la más probable. Nos quedamos pues con la última, el origen natural. Ha ocurrido así en otras ocasiones y explica lo que ha ocurrido en esta. Confieso un sesgo, haber leído Spillover de David Quamman, sobre los “cazadores de virus”.