El regreso del Entierro de la Sardina a Campo de Criptana

Por Andrés Escribano

A principios de los noventa, tuve una grata visita de un personaje diminuto con unos ojos brillantes, que llamó a la puerta  y pidió permiso, me  abrió la alforja de sus proyectos, me obsequió con una idea radiante que llevaba tiempo rondándole la cabeza. Como un chiquillo que guardara  en el  secreto de   sus bolsillos  un tesoro de  canicas luminosas, Julián Escribano, "el Bartolero" desplegó  recuerdos y nostalgias de un carnaval que no deseaba que se extinguiera. Derramó tanta ilusión que pronto llenó de luz la habitación que compartíamos y de ver una quimera en la narrativa de aquel hombre que acababa de conocer, me cautivó  la fuerza de sus ojos y la expresión de sus manos, la bondad y generosidad de alguien que solo pensaba en la fiesta y la diversión para su pueblo, recuperando el "Entierro de la Sardina" que  antaño tuviéramos, como en otros pueblos de la comarca, para incorporar al mismo, algunos de los personajes emblemáticos de otros tiempos "carnavaleros",  que aún nos quedaban,  con las mismas ganas que él tenía, como lo eran La Acacia y la Marta, entre otros. Julián, ya había   fundado su peña de "los Bartoleros" y tocaba ahora recuperar el "Entierro".

Este hombre lleno de vida y bondad, sencillo y vivaracho, se afanaba cada año en regresar a su pueblo, desde Madrid, para ensayar con su Peña los desfiles y poner en escena el velatorio en la Casa de Cultura, con las "dolientas" especiales y todas las personas que deseaban pasarse por el vestíbulo, a cumplimentar su duelo, a prolongar un poco más, esa fiesta espontánea, divertida y popular, donde permanecía el enorme arenque,  que se construía a toda prisa y que Paco Torres, en horas extras,  le construía unas andas, para que a las cuatro de la tarde del miércoles de ceniza, se abriesen las puertas y llegase Melquiades, oficiando los actos, comenzase  el entierro con toda la peña y el  desfile por las calles tradicionales, donde se iban sumando los personajes enlutados,  hasta la Sierra de los Molinos; allí,  se incineraba La Sardina y los participantes, engullían otras sardinas asadas.

Así, tomó forma la vuelta del "Entierro de la Sardina", en aquellos años, emblema y vestigio de un carnaval no muy lejano y que Julián, se empeño en devolvernos, como cultura popular.

Felicitemos  a la peña de Los Bartoleros, instituciones y a quienes han hecho posible su regreso, por esa  recuperación y por el homenaje a esas personas que nos hicieron generosamente la vida más agradable, a cambio de nada. Julian, Acacia y Marta, símbolos entre otros muchos personajes, de un carnaval que no debe perder la máscara, la diversión espontánea y la fiesta en la calle.