El soldado Penicilina

Por Andrés Manzaneque

-¿Quién es usted?- pregunta la madre de una niña que tenía encamada con neumonía.

-Soy el soldado Penicilina y vengo a curar a su hija enferma

-Yo no he llamado al Ejército…

-Soy hijo de Fleming y vengo a solucionarle el problema que tiene con su hija enferma..

-Pase, pase, pero… -dice la mujer extrañada.

-No hay peros señora, su hija me necesita y aquí estoy. Su hija tiene pulmonía y si no me deja actuar rápido puede tener un desenlace fatal… soy su única solución al haber fallado los tratamientos anteriores a base de sulfaminas y poco más… Acabamos de nacer y tenemos mucha fuerza curativa… aunque soy nuevo, yo no suelo fallar, soy muy eficaz.

-¿…?

-He llegado a España hace muy poco tiempo, en 1951. Somos una medicina que va a revolucionar los tratamientos infecciosos. De hecho se la aplicaremos a su hija para salvarla.

-¿Se curará mi hija?

-Me deben inyectar cada tres horas, tanto de día como de noche.

-¿Pero es Navidad?

-Los Practicantes, hoy llamados Enfermeros, no tienen fiestas cuando hay que cumplir con las obligaciones… solo tengo un inconveniente, debo estar en hielo todo el tiempo y solo sacarme para la inyección, siempre que sea utilizado por un buen profesional.

NOTA DEL AUTOR

La Penicilina es un medicamento que tiene la facultad de curar las enfermedades infecciosas como: Amigdalitis, Faringitis, Bronquitis, Neumonías, Gonorreas, incluso heridas por asta de toros, etc, etc.

Todos los medicamentos tienen su parte buena y otra menos buena. Una de las cosas menos buenas era que el medicamento debía conservarse, trasladarse y mantenerse entre el hielo para no perder su potencial curativo.

Otro de los inconvenientes para aplicar esta medicina salvadora era que, para que fuese eficaz, debía inyectarse cada tres horas de día y de noche.

Fue interesante, eficaz y decisivo para los practicantes que les hizo ganar prestigio y dinero.