Sobre la Escuela Oficial de Idiomas (EOI)
Empezaba el siglo cuando el Parlamento y el Consejo de la Unión Europea decidieron declarar 2001 como el Año europeo de las lenguas y, a partir de entonces, establecer el 26 de septiembre como el Día europeo de las lenguas. El objetivo, concienciar a la población sobre la riqueza que conlleva la diversidad lingüística de Europa y la necesidad de aprender idiomas durante toda la vida.
Castilla-La Mancha tuvo entonces el honor de ser organizadora y sede del congreso nacional promovido por el Ministerio de educación para -así lo creíamos, y así lo practicamos- dar un empujón que ayudara a reducir el maleficio que se cierne de antiguo sobre los españoles en materia de conocimiento y uso competente de lenguas extranjeras (Pedro Sánchez es el primer presidente del Gobierno de España que, como excepción, confirma la regla entre nuestros altos mandatarios)
Para aprender idiomas durante toda la vida España cuenta con otra excepción que la hace única, esta vez en modo positivo, en nuestro entorno europeo: las Escuelas oficiales de idiomas, incluidas entre las mal llamadas enseñanzas de régimen especial junto a los Conservatorios de música y las Escuelas de arte. Unas escuelas de idiomas que nuestro sistema educativo ayudó a extender y consolidar y, en algunos casos con la colaboración entusiasta de ayuntamientos, tal el de Alcázar de San Juan, que compró, reformó y adaptó con sus propios fondos, antes de cederlo gratuitamente al Ministerio, el edificio que hoy alberga la E.O.I. ‘La Equidad’, recuperando el nombre de la cooperativa que lo levantó en su día.
Hoy la mayoría de esas Escuelas están en vilo. Lo sé no porque me lo hayan contado en mi condición de haber sido cocinero antes que fraile (dicho sea sin faltar) sino por la de haber sido usuario de sus servicios -que no cliente- durante los últimos ocho años y ser, a día de hoy, alumno de La Equidad. Me creí lo de aprender otras lenguas más allá de la edad que pudiera parecer la única adecuada, la del tiempo de colegios e institutos.
Y, con todos mis respetos a las autoridades educativas, cuyas zozobras conozco y comprendo, no comprendo cómo pueden tomarse -y más de golpe y porrazo- medidas que ponen en el disparadero de la desaparición a las que no son de capital de provincia, y en la merma de calidad a todas sin excepción. Y menos aún sabiendo que al frente de la educación regional se encuentran personas que saben y entienden de educación y pedagogía y no desconocen, por tanto, que una ratio de 32 alumnos por grupo es -disculpadme el atrevimiento- una aberración si de enseñanza de lenguas vivas, de las que hay que hablar y en las que hay que entender, se trata. Por poner solo un ejemplo y no hablar de la decisión de mezclar en un mismo grupo distintos niveles (¿y por qué no reducir de nuevo a cinco los ocho actuales?) o hacer de un aula y del profesional a su cargo una mezcla sui generis de enseñanza/aprendizaje presencial y a distancia todo junto y a la vez.
No seré yo quien niegue -las viví en mis carnes- las dificultades que conlleva la necesidad de repensar y racionalizar este tipo de enseñanzas, desde los niveles a veces artificialmente inflados hasta las horas semanales de dedicación y su distribución. Enseñanzas, sí, que no son obligatorias y son caras: en mis tiempos las tasas (¿me dejáis que diga que ridículas, entonces y ahora, 25 años después? no llegaban a cubrir más allá del 6% de los costes. Por lo que quizá sea oportuno ampliar y diversificar su oferta para así consolidar sus objetivos.
Porque son -somos- pocos los ciudadanos que tienen como horizonte permanecer ocho años (¡ocho!) hasta alcanzar el nivel C2 de competencia lingüística en el idioma elegido. Pero sé que son -somos- cada vez más los adultos que queremos, o necesitamos, incrementar nuestra competencia hasta el nivel en que podamos entender y hacernos entender en situaciones cotidianas en una o más lenguas extranjeras. Y que hay más (y nuevas) profesiones y oficios donde un conocimiento medio de otras lenguas (y no solo la inglesa) es ya imprescindible. Y que las transacciones comerciales y las atenciones turísticas de las que nos queremos ufanar también lo aconsejan. Y que la Europa post Brexit es Alemania e Italia, Francia y Grecia… y las personas migrantes que quieren vivir y trabajar entre nosotros tienen en el dominio del castellano una herramienta que es, a las veces, su vida y su futuro.
Castilla-La Mancha no puede ser el laboratorio donde comience (o se continúe, que en la vecina Madrid algo han ensayado) el desmantelamiento de las Escuelas oficiales de idiomas. Que de desmantelar, recortar y reducir servicios y derechos, y ayudar a la privatización, ya tuvimos suficiente con cuatro años de olvido, y hasta desprecio, de nuestra Región.
No lo debe ser sin antes repensar, dialogar, acordar. Y exigir, que también. Si se trata de ser pioneros, y en positivo, el tajo es grande.
Pedro Pablo Novillo Cicuéndez,
Alumno de la EOI ‘La Equidad’, de Alcázar de San Juan.