Un Grito por la Igualdad

Diciembre 2024. Noche de insomnio. Cuando la noche se alarga y el sueño se niega a llegar, no hay mejor compañía que un libro. Mientras otros cuentan ovejas, uno lee historias, se sumerge en mundos desconocidos y deja que las palabras acunen la mente inquieta. No hay insomnio que resista el encanto de una buena lectura; las horas se desvanecen entre páginas, y, cuando menos lo esperas, el sueño llega silencioso, como un punto final. Los albores de una nueva época marcan un compás entre sueños y desventuras

No encuentro nada mejor que releer Don Quijote de la Mancha, en la edición del Instituto Cervantes (1605-2005). Mi amigo alcazareño, Antonio Castellanos Maciá, humanista, filósofo, astrónomo y arquitecto técnico, con gran paciencia y tesón, lo buscó y lo encontró en sus numerosas visitas a las librerías madrileñas. Ahora lo tengo al alcance de mi mano.

Un texto diseñado para el disfrute de la lectura y las exigencias de la investigación, concebido con la intención de ser accesible a un público amplio. Abro el libro en la página 67, capítulo IV, de la primera parte “De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta”.

“Después de salir de la venta, Don Quijote encuentra a un joven pastor llamado Andrés, que está siendo azotado por su amo, un labrador llamado Juan Haldudo. Creyéndose un caballero justiciero, Don Quijote interviene y ordena al labrador que deje de castigarlo, exigiéndole que le pague lo que le debe”.

- “Miente delante de mí, ruin villano_ dijo Don Quijote_ Por el sol que nos alumbra, que estoy por pasaros de parte a parte con esta lanza. Pagadle luego sin más réplica; si no, por el Dios que os rige, que os concluya y aniquile en este punto. Desatadlo luego”.

El labrador, temiendo la espada de Don Quijote, promete cumplir. Satisfecho, Don Quijote se marcha creyendo haber hecho justicia. Sin embargo, en cuanto se va, el labrador retoma el castigo con más violencia que antes, dejando a Andrés en peor situación.

Dicen que los pobres carecen de sentimientos, pero en su pecho late un alma llena de sueños y un corazón cargado de historias que pocos se detienen a escuchar. Claman igualdad para aquellos que han sido marginados y olvidados. Cervantes denuncia la impunidad de los opresores en la sociedad, aunque la realidad resulta aún más cruel y compleja.

Finales de enero de 2025. En vías de curar una neumonía. El día ha amanecido con viento fresco y sereno que intenta acariciar mi cuerpo, después de un reparador descanso. Con cada rayo de sol que asoma en el horizonte, percibo la promesa de un día lleno de posibilidades, mientras la quietud de la mañana me envuelve en una sensación de paz y energía renovada.

Así, Don Quijote renace en mí, demostrando que la esencia de un caballero no reside en su armadura, sino en su inquebrantable fe en un mundo mejor. Quizás esté destinado a fracasar, pero su lucha, en un tiempo de superficialidad y cinismo, sigue siendo más necesaria que nunca.

A estas alturas resulta muy difícil entender que, alrededor de 3.600 millones de personas, es decir, el 44% de la población mundial, se encuentran en situación de pobreza en 2024. De ellos, cerca de 350 millones de niños y niñas, viven en la pobreza extrema, según un nuevo análisis de UNICEFEF. El hambre y la injusticia, prevalece en un mundo de avances tecnológicos, progreso económico y grandes descubrimientos.

A fecha de febrero de 2025, las 10 personas más ricas del mundo tienen una fortuna estimada de: USD 1.661.700 millones. Por muy descabellado que sea, me dirijo a ustedes: Mr. Musk, Mr. Bezos, Mr. Arnault, Mr. Zuckerberg, Mr. Ellison, Mr. Buffet, Mr. Gates, Mr. Page, Mr. Brin. Mr. Ballmer, mandatarios y poderosos del mundo, con un clamor de urgencia: es hora de garantizar igualdad para los desdichados y olvidados de nuestra sociedad.

No se puede hablar de desarrollo si millones de niños carecen de acceso a la educación, si familias enteras no tienen un techo digno donde resguardarse o si la salud sigue siendo un privilegio en lugar de un derecho universal. Mientras unos pocos concentran la riqueza, otros millones luchan por sobrevivir día a día en condiciones infrahumanas. Esta disparidad no es solo una cuestión económica, sino una falla moral de nuestro tiempo.

Ustedes, líderes del mundo tienen el poder de cambiar esta realidad. No basta con discursos inspiradores o promesas vacías; necesitamos acciones concretas y políticas que reduzcan la brecha social. Es imperativo establecer medidas de redistribución equitativa de los recursos, garantizar el acceso a servicios básicos y promover oportunidades reales para quienes han sido relegados al olvido.

Cada ser humano merece vivir con dignidad, sin importar su lugar de nacimiento, su color de piel o su condición social. La humanidad solo podrá llamarse civilizada cuando la equidad no sea un sueño inalcanzable, sino una realidad tangible. Es el deber de quienes gobiernan transformar las palabras en hechos, construir sociedades inclusivas y demostrar con acciones que la justicia no es un privilegio, sino un derecho universal. Poderosos y mandatarios del mundo, la historia los juzgará no por sus discursos, sino por lo que hagan para cambiar el destino de los más necesitados. La humanidad clama por igualdad.

Al igual que nuestro humilde pastorcillo, esta lucha noble, parece inútil ante la marea de información efímera y la indiferencia de quienes solo buscan beneficios. Y, sin embargo, debemos continuar adelante, porque en nuestros corazones aún creemos que el bien puede triunfar sobre el caos.

Durante un almuerzo en el restaurante “El Encuentro”, en el que compartimos unas gachas y huevos con pisto, el Magíster alcazareño Constantino López Sánchez-T. guardó silencio por un instante al ser consultado sobre el contenido del artículo. Finalmente, con firmeza, sentenció: “Hacen falta ideas por un lado y decisión política por otro. Mientras estos dos factores no se conciten, no hay nada que hacer.” Su respuesta dejó en claro su visión sobre la situación, subrayando la falta de iniciativas y de voluntad política como los principales obstáculos para avanzar.

Su reflexión resume de manera contundente el problema central que enfrenta cualquier proceso de transformación. La generación de ideas innovadoras es fundamental para abordar los desafíos actuales, pero sin la voluntad política necesaria para llevarlas a cabo, quedan en el aire.

Por otro lado, las decisiones políticas sin un sustento estratégico o creativo pueden resultar ineficaces. Es la combinación de ambos factores lo que permite que las soluciones se materialicen y generen impacto. Hasta que esto ocurra, cualquier intento de cambio seguirá estancado.

Hace 499 años, en su obra De subventione pauperum (El socorro de los pobres), el humanista Juan Luis Vives abordó con profundidad la cuestión de la pobreza en la modernidad temprana. En este tratado, el autor reflexiona sobre la necesidad de organizar la ayuda a los más desfavorecidos, proponiendo un modelo basado en la responsabilidad social y la intervención de las autoridades. Su análisis, adelantado a su tiempo, sigue siendo relevante en la actualidad. La lectura de esta obra resultaría fundamental para aquellos con el poder de generar cambios significativos en la sociedad.