Carta a la directora

Historia de un despiste

Por M.P.G.A.

Me dirijo a su periódico con la confianza de dar a conocer una historia que he sufrido en Alcázar de San Juan durante más de un año, con gran impotencia y con el fin de dejar constancia de lo sucedido y de la poca sensibilidad con la que muchos deambulan por la vida. 

He oído decir repetidas veces que toda comparación es odiosa, pero excepcionalmente me voy a acoger a esta frase para evidenciar que todos los españoles no recibimos el mismo trato por parte de la Administración, aunque sea un derecho recogido en nuestra Carta Magna 

Soy una ciudadana de a pie alcazareña, manchega y por ende española -y con mucho orgullo de serlo-. Cronológicamente hablando soy mayor.  Se me puede incluir en la infancia de posguerra. Funcionaria jubilada y convencida de que el ejercicio de mi trabajo consistía en dar servicio a los demás, con conciencia social, pagadora de mis impuestos y con una salud en consonancia con mi DNI 

La historia es la siguiente: En su día, tuve el despiste de no colocar en mi vehículo el ticket que había sacado del dispensador para servirme de un aparcamiento controlado. Al regresar, constaté que había sido multada. Recurrí a la trabajadora vigilante, mostrándole mi ticket y me atendió entonces muy desabridamente, no fui escuchada; y por toda respuesta me dijo: "Su coche ha sido fotografiado y no le queda otra que pagar". Acto seguido me dirigí a la oficina de la empresa para demostrar mi inocencia y disconformidad, pero no obtuve mejores resultados... Era un santísimo viernes. Había bastantes empleados conviviendo distendidamente y me ignoraron...

Sigo pensando que si no cumplí correctamente la normativa, tuve la intención de hacerlo. Y SÍ, contribuí con el erario público. Después de varias reclamaciones, mi historia ha tenido un final malo. He tenido que pagar con recargo y lo he hecho por aburrimiento. Por todo lo expuesto, me pregunto. ¿Por qué a mí no me ha llegado la "magnanimidad"?

Paso a hacer uso de la libertad de expresión y derecho al "pataleo" (perdón por el término) y me remito al trato dado, salvando las distancias, a los componentes del Procés Catalán, cuyos afectados tienen una actitud habitual, premeditada, insolidaria, orgullosa y un largo etc. que como todos sabemos ha influido a nivel económico y social. Pero a estos, ¡Pobrecitos!... No les multan, se les premia, se les perdona, se les trata con deferencia.  Algunos dicen que para que vuelvan al redil.... Pero no sé... El refranero siempre cumple y "la cabra tira al monte".

Gracias. MPGA