REFLEXIONES DESDE EL CORAZON DE EUROPA

Impedir que el mundo se deshaga

Por Javier Mata

“Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía, sin embargo, sabe que no lo rehará, porque su tarea quizás sea mas grande, ya que consiste en impedir que el mundo se deshaga” 

Extraordinaria y clarividente frase del extraordinario escritor francés Albert Camus. Nacido en Argelia e hijo de Lucien Camus, obrero, muerto en la Gran Guerra y Catherine Sintes, sirvienta de origen español. Escritor, filósofo, novelista, dramaturgo, ensayista y periodista. Su pensamiento se desarrolla bajo el influjo de los razonamientos filosóficos de Schopenhauer, Nietzsche y Sartre, con el que romperá después. Camus, militó desde Paris en la resistencia a la ocupación nazi, y creó varios periódicos. Sus obras en las que predominan el absurdo y la rebelión son un reflejo de su posición comprometida contra el franquismo, el comunismo, o el drama argelino. Su novela “La peste” es una obra realista y alegórica, una reconstrucción mítica de los sentimientos del hombre europeo de la posguerra, de sus terrores. Traductor al francés de varias obras de autores españoles del Siglo de Oro, recibió el Nobel en 1957 y falleció en 1960 en accidente de trafico.

Siguiendo con la frase de cabecera, mi generación ya no está destinada a nada que no sea dejar paso a las que empujan detrás, y apoyar si acaso o no, desde la experiencia vivida. Pero me pregunto ¿Cuál es el destino de la generación actual? Nacida dentro de la explosión de un mundo tecnológico, con un acceso a la formación e información como ninguna tuvo antes, acostumbrada a un nivel de “bienestar” importante, pero a su vez resignada en cierta manera a tener que vivir posiblemente peor que sus progenitores. 

Mi mirada sobre esta generación es de inquietud. Posiblemente la misma que tuvieron de la mía, nuestros progenitores. Seguramente esto sea una constante. La de Camus, tuvo que bregar en un mundo destrozado por la Gran Guerra y hundido por la Segunda Guerra Mundial y el auge de los regímenes e ideas totalitarias (fascista y comunista). Sin duda tenia un papel de evitar que todo se fuera al traste, a la catástrofe. La mía tuvo que intentar rehacer un mundo mas global y en el caso de nuestro pais, servir de semillero para la consolidación de la nueva democracia surgida tras la muerte del dictador. Pero ¿Cuál será o es, la de la actual? 

Me gustaría conocer lo que piensan los implicados. Saber si son conscientes del papel que deben jugar en la sociedad y en este mundo que parecía estable pero qué tan frágil resulta asomándose con preocupación al abismo de los nuevos totalitarismos, otra vez basados en el absurdo y la mentira, como siempre. Las armas informáticas son esta vez inmensas y jamás conocidas. Pero el papel no tengo tan claro, que sea conocido y ni siquiera sospechado.

Lo peor que puede pasar es que la realidad les imponga un pape, él de evitar otra vez, que el mundo se deshaga, que se vaya al traste. Ya ha pasado y nada impide que la historia se repita en alguna manera. Ya sabemos lo que es capaz de hacer el ser humano en individual y como grupo. Ya se ha demostrado lo fácil que es aborregar. Y si todo sigue cómo parece ir, con una progresiva  y cada vez mas galopante desestucturación social, ante la ceguera de muchos, y el empuje de otros interesados en “pescar en rio revuelto”, me temo que se repetirá el papel de la generación de Camus.

No sé que mas decir al respecto. En realidad no me siento competente ni tampoco me interesa dar lecciones a nadie. Me gustaría, como suelo hacer, incitar a la reflexión, a la critica y autocrítica. Me gustaría que los implicados “piensen”. Y si tienen que pensar diferente, pues mejor. Es una de las recetas contra el aborregamiento. Me gustaría sobretodo que aquellos que están instalados en el conformismo y la sumisión, en la aceptación sin mas de una realidad que les resulta cómoda porque están en su zona de confort, incluso aunque la zona sea infumable, salgan de su ostracismo. La realidad puede ser muy dura y puede también hacerse consciente cuando sea algo tarde para reaccionar. Ya les ocurrió a la generación de Camus, que se vieron inmersos en un mundo que se deshacía entre guerras y totalitarismos.  Quizás, a la generación actual, de nuevo les toque evitar que este mundo se deshaga. Y espero, y deseo equivocarme.

Javier Mata