In memoriam, a Santiago Ramos Plaza
Ha muerto un gran poeta de Alcázar, un gran hombre, una gran persona, todo bondad y sencillez... Ha muerto un alcazareño.
Querido amigo Santiago, manchego de raza, manchego puro; aunque vivías en Madrid, tu corazón estaba siempre en Alcázar. Con cuánto cariño, pasión y amor hablabas y escribías de tu pueblo y sus gentes.
La muerte te sobrevino el 24 de enero, día de mucho frío en la capital, Madrid, lejos de tu pueblo.
En Alcázar, hemos perdido a un hijo importante, amigo de muchos amigos, siempre simpático, agradecido, educado, desprendido...
La vida está hecha de pequeños trocitos de placer; pero también de enormes trozos de angustia, sufrimiento y dolor como el que hemos sentido al perderte tus familiares, amigos y paisanos. Superaste varios envites de enfermedades... Menos los de esta última, cruel y traicionera, a la que has intentado vencer con voluntad de hierro. Y tal vez te haya dejado secuelas en el cuerpo ya envejecido, pero no en la memoria ni en el alma.
Se ha ido un joven mayor de 76 años. ¡Ha muerto un poeta alcazareño! ¡Ha muerto un manchego!
Santiago adoraba su pueblo, amaba a sus paisanos.
No es fácil encontrar las palabras adecuadas para hablar y despedirse de un amigo poeta. Quedas destrozado por el dolor y los renglones al escribir se desdibujan empañados por las lágrimas. La muerte de Santiago nos enfrenta a todos a la tragedia de la vida.
Quiero, amigo Santiago, expresarte con estas pocas líneas el orgullo que he sentido al ser tu amigo. Y quiero hacer pública la pena que siento al perderte. Los que nos quedamos aquí intentaremos imitar tu talante, abierto y tolerante; tu entrega, tu capacidad de sacrificio y tu honestidad. Lloraremos tu ausencia y siempre nos acordaremos de tí. ¡Deseo que entres por la Puerta del Cielo como mereces! ¡Que Dios te acoja en su seno!
Cuando lleguen tus cenizas al cementerio de nuestro querido pueblo, los cipreses estarán apuntando hacia el cielo para guiarte y llevarte por la senda recta hacia Dios.
Te despediremos en la intimidad, con muestras de cariño, de amor y también dolor, de impotencia...Te despediremos como al gran poeta, como al poeta manchego que siempre llevó en el corazón esta tierra manchega y sus gentes.
Transcribo, para terminar, algunas de tus palabras en "Torres, 15", tu último libro, sobre la muerte de un amigo, Antonnio Fernández Molina: "La muerte te ha llevado al paraíso/Donde el mundo al poeta nunca olvida/Es la muerte ideal, la concedida/ a quien vivir el verso siempre quiso".
Descansa en Paz. Que Dios te acoja en su Reino.