La crisis del coronavirus
Bonjour à toutes et tous!
Espero que éste sea el “último” de mis artículos dedicado al “virus”. Bueno, en realidad no es dedicado a él sino a la crisis desencadenada. Y es que empezamos a pensar en la salida de esta situación. Estamos en lo que podríamos llamar el principio de la “cuenta atrás”. O utilizando una de las frases de Churchill: éste no es es el final, no es ni siquiera el principio del final. Puede ser, más bien, el final del principio.
Muchos de mis amigos de España me comentan orgullosos que salen a aplaudir todos los días a las ocho. Muchos me agradecen mi papel de médico en esta situación, aunque no esté en España. La verdad que aquí en Francia tenemos batallas parecidas. Y a todos les digo lo mismo: se agradece enormemente, pero unas semanas tan solo después de que esto acabe, NADIE se acordará de los sanitarios. Ni de los policías. Ni de los farmacéuticos. Ni de los repartidores. Ni de… Así ha sido antes y así sera por desgracia.
Otros me comentan que saldremos de esta situación con una especie de nuevo orden donde muchas cosas deberán cambiar. Donde prestaremos más atención a ese Medio Ambiente que hemos olvidado y maltratado. Dejaremos ese desprecio a veces de los servicios sociales públicos como la sanidad que tanto nos ha costado. Volveremos a construir un tejido empresarial y productivo menos dependiente de países lejanos y poco serios. Recuperemos un nivel de autosuficiencia aceptable en Europa. En definitiva y a la postre, una especie de nueva revolución que cambie todo aquello que ha fallado o dejado en evidencia este ser microscópico para el que no estábamos preparados.
Y a todos ellos les contesto con el mismo escepticismo. Me acuerdo de dos momentos históricos concretos (los dos en Francia, pero solo porque me resulta mas fácil evocarlos): La Revolución Francesa y el mayo del 68. Las dos intentando cambiar ordenes obsoletos, caducos y solo beneficiosos para unos pocos. Y las dos con resultados muy por debajo de las expectativas y posibilidades. Desgraciadamente.
Intento reflexionar el porqué soy un escéptico y me vienen muchas razones a la cabeza. Para empezar, nosotros en España no tenemos conciencia de una guerra contra un enemigo externo (ni falta que hace), la conciencia es sobre una guerra fratricida contra nosotros mismos. Pero en los países donde la hay, la historia demuestra cómo los soldados eran tratados de héroes cuando iban al campo de batalla y olvidados totalmente cuando la guerra acabó. El ejemplo me vale para proyectarme sobre la débil e interesada memoria colectiva y ser crítico con la posibilidad de no olvidar el agradecimiento a los sanitarios cuando esto acabe.
Para continuar, me sorprende el nivel de crispación que percibo en España. Aunque cuando comprendo la escasa competencia de una clase política centrada sobre todo en una vision electoralista del problema, empiezo a entenderlo. Lo que no acabo de comprender es que una gran mayoría de ciudadanos se hagan eco de esta visión electoralista y contribuyan, con las redes sociales sobre todo, a esta crispación que no ayuda ni lleva a nada. Que solo beneficia a esos políticos, y no a los ciudadanos.
Después, pienso en la sociedad en la que vivimos, dominada en esta parte del mundo por ese neoliberalismo tan nefasto, para el que no hay seres humanos sino números, y que rinde servilismo a ese dios omnipotente llamado “equilibrio económico”, que castiga sin piedad a quienes no lo cumplen, no importa con que consecuencias, y que en realidad ya ha demostrado que no es solución de nada, sino mas bien promotor de sufrimiento y crisis. Claro que la otra mitad está dominada por esa especie de neocomunismo, igual de nefasto también, e incapaz de reconocer a las personas tampoco como seres humanos. Servil de igual manera a un supuesto dios igualitario, que en realidad es incapaz de hacer frente a las necesidades reales de los supuestos ciudadanos. Con estos “mimbres” es imposible esperar ningún cambio. Acaso crees, querido lector, que los dioses neoliberales y neocomunistas van a dejar que cambiemos algo?.
Y finalemente me queda el denostado “medio ambiente”. Bueno, en este caso al menos la “Madre Tierra” ya ha ganado algo. Ella nos ha enseñado que puede demostrarnos lo insignificantes y débiles que somos con un virus de “mierda”, no muy letal comparado con otros existentes pero muy capaz de paralizar toda nuestra forma de vida. La forma de vida que nos hemos buscado. Porque la Madre Naturaleza nos ha colocado en nuestro lugar. Y cuando empezaba a “asfixiarse” ha buscado el método de “respirar”. La mala noticia es que a pesar de habernos dotado de la más poderosa herramienta hasta la fecha: nuestro cerebro. Nos ha dotado también del nivel mas alto de estupidez entre todos los seres vivos. Es quizás el equilibrio necesario para que la vida siga su curso. Y como seres estúpidos, cuando esto acabe volveremos a las “andadas”. Hasta que ella se vuelva a cansar y como buena “madre” nos lance un nuevo “zapatillazo”.
Bon courage!