La galopante inspiración de Santiago Ramos Plaza
Hay poetas que hacen cundir, con mucha facilidad y soltura, el gozoso trance de la inspiración. El postista Carlos Edmundo de Ory nunca cejaba, permitiendo que el poema, como humorismo y denuncia al mundo, siempre tuviese un paso franco, y sus motivos varios, válidos todos, suponían, en cualquier momento, adecuados trampolines para lograr la cláusula poética. Sus íntimos cuentan que el gaditano exclamaba con frecuencia: Dadme un buen desayuno y os lo devuelvo convertido en gran poema. Santiago Ramos Plaza (Alcázar de San Juan, 1944-Madrid, 2021) ha llevado una ruta parecida, siendo su obra, definitiva ya, muy abundante; obra que habría que reeditar, y no sólo como homenaje póstumo, sino como cabal acto de justicia literaria, al menos en formato de profusa antología.
Santiago Ramos no sólo es autor de una grácil poesía, festiva muchas veces y otras veces peliaguda y triste. Ha publicado un par de libros memorísticos, e incluso tuvo entre manos (proyecto que no cuajó), ya que él fue adorador nocturno, sacar una historia de la Adoración Nocturna en Alcázar de San Juan, su amado y celebrado pueblo. Influido por una sentida veta religiosa, algunas de sus colecciones poéticas siguen esta orientación: ‘La Navidad de la calle Torres’, ‘De Nochebuena a Reyes’, ‘Témpora de Cuaresma’. La referencia a Alcázar en su poesía es asidua, en ocasiones muy explícita (‘Alcázar de mis cenizas’) y en otras harto simbólica (‘Canciones de mi patio’, ‘Las Máscaras’, ‘Las Veletas’). Una de sus primeras entregas lleva por título ‘De poeta por la feria’, resuelta en un espléndido y arquetípico corpus poético en el que trata de maravilla esa constante humana de la celebración, donde confluye la mundana fiesta y un alto grado de espiritualidad.
Santiago Ramos Plaza casi siempre ha volcado su poesía (insistimos, no siempre) en forma y metros tradicionales ceñidos en la horma del cantar popular, forma que algunos ignorantes hacen de menos, tienen por menor, cuando es justo al contrario, siendo esta elección preferida por las vanguardias, hijas, aunque parezca paradójico, de la tradición. De todos modos, su infrecuente poesía en verso libre asombra por su honda profundidad y su tersura escatológica. El 2014, ofreció a sus fieles lectores su fino poemario ‘Luna de miel en tren’; un libro que llevaba en el cajón años y años, compuesto en su viaje de bodas. La justificación inicial ya advierte claramente que las canciones reunidas en este libro “ligeras en el vuelo del canto popular surcan el aire de los versos, desdeñando alcanzar la altanería de las aves de plumaje muy vistoso”. La línea argumental de ‘Luna de miel en tren’ la constituyen dos descripciones poéticas de ese su viaje de bodas: un trayecto ferroviario desde Alcázar a La Coruña y otro desde Ferrol hasta Santander. Por medio, claro, múltiples estampas muy luminosas, siempre dinámicas y sugerentes: “Por el puente de Zamora / el tren atraviesa el río. // El agua se vuelve tren. / El tren corriente del río”.
Un gran atractivo de la poética de Santiago Ramos Plaza se muestra como una jugosa exhibición de contrastes. Su accesible poesía de tono tradicional en momentos luce sobremanera ensamblando potentes imágenes irracionales en la cantarina sucesión que conforma la rima asonante junto a la españolísima escansión sustentada en el verso octosílabo: “Tortuga de carretera, / camioneta viajera / de la estación a la aldea. // De la aldea a la estación / manchando el polvo del sol. // Tortuga de carretera, / caparazón cartón piedra / y rabito de humareda.” Versos estos dedicados a la contemplación, desde la aterida ventanilla, del camino que lleva, partiendo de la estación, al manchego pueblo de El Romeral.
Santiago Ramos Plaza no es el primer poeta que aprovecha los moldes de la copla para trazar bien condensadas proposiciones filosóficas. Sentencias muy alambicadas verbalmente las hallamos en Fernando Pessoa: “El poeta es un fingidor, / finge tan completamente, / que llega a fingir que es dolor, / el dolor que de verdad siente.” Santiago Ramos, ante el siempre gran símbolo de un enorme reloj de estación, anota en su cuaderno de viaje este magnífico aforismo-copla: “Y en su urna amortaja / con un sudario blanco / el tiempo de los trenes / y el desvivir humano.” Y como no puede ser de otro modo, su estro poético, aquilatado e incesante, resuena conmovido al activarse la alarma en el convoy: “Rasga como un cuchillo / mi carne. // A todo el tren le hiela / la sangre. // Y las ruedas son gritos / de madre.” Soberbio ejemplo del tropo de la personificación llevada sabiamente hasta sus últimos extremos.
Para Santiago Ramos Plaza, el amor, la amistad, fue la rueda incesante de su vida. Se mostró muy activo en Facebook. La muerte, en su poética, es la determinante, la desahogada, la culminante realidad de la poesía. No en vano uno de sus recientes libros, conjunto de sonetos, se titula ‘Veladas con mi muerte y con mi amor’ (“La muerte y el amor rondan conmigo”). Bajo el mismo rumbo, otra colección espléndida de sonetos, ‘La muerte que traen los días’: “El tiempo que es amor y muerte habita”.
El texto de este artículo, ahora actualizado, fue publicado por el diario ABC a raíz de la publicación del libro de Santiago Ramos 'Luna de miel en tren', en 2014.