La gran “Madrugá” (del Padre), en la que la “Rompida de la hora” (Del pecado y de la muerte) provoca el verdadero “Encuentro” (Entre Dios y los hombres)
Estos días nos hemos hartado de escuchar frases como éstas: “se ha normalizado la semana santa”, “hemos recuperado la semana santa”. Dichas así, sin más, son afirmaciones engañosas y que pueden hacernos caer en una peligrosa tentación. No es extraño que, en este contexto hayan sido noticia, repetida hasta la saciedad y causa de tantas “emociones”, por ejemplo, la “madrugá” de Sevilla, la “rompida de la hora” en Calanda y tantos “encuentros” entre Jesús y su Madre o la Verónica teatralizados en tantas plazas de nuestros pueblos como aquí en el Altozano.
Esto demuestra que, en cierto modo, sí se ha vuelto a la “normalidad” porque se sigue considerando la semana santa un evento de interés turístico regional o nacional para una gran mayoría. Y que no es cierto que se haya “recuperado” la semana santa porque aún queda mucho para que en verdad nos sea un Acontecimiento de interés cristiano personal y comunitario.
Pues bien, nos dice el Evangelio que las mujeres madrugaron y fueron muy tempranos al sepulcro. Y encontraron la losa que lo cubría quitada y vieron el sepulcro vacío. Porque el Padre había madrugado aún más para resucitar a su Hijo. Ésta es nuestra la Gran Madrugá, la que tenemos que celebrar y vivir, la que debe ser normal en nuestra condición de cristianos. Y, en la Noche Santa, ocurrió la Gran Rompida de la Hora, pues la Resurrección de Cristo ha roto la hora de las ataduras del pecado, de la esclavitud y de la muerte. Para significarlo, redoblarán los “tambores” del Aleluya durante cincuenta días. Y el Resucitado se nos hace presente, nos encuentra, como hará con los de Emaús, para que nosotros lo encontremos hoy y siempre en los Sacramentos y en los hermanos. Desde hoy es posible el verdadero Encuentro entre Dios y los hombres. Un encuentro que ha de producirse en el altozano de nuestro corazón y en la plaza de nuestra convivencia.
Otra de las cosas que hemos oído en los reportajes de televisión es que los entrevistados decían que esta semana santa tenían “más ganas que nunca” y que sus emociones “no se podían expresar”. Pues bien, ojalá que todos tengamos “más ganas que nunca” de hacer el bien, de luchar contra la pobreza y la injusticia, de habilitar la paz entre nosotros. Y que nos “emocione” sobremanera el hecho de que hemos sido liberados para ser testigos del Evangelio. Que nos “emocione” nuestro Bautismo, que parece muy dormido, y lo vivamos con “más ganas que nunca”. Que nos “emocione” el ser servidores y lavar los pies a los demás y lo hagamos con “más ganas que nunca”. Que nos “emocione”, si nos llega el caso, el compartir la cruz de Cristo y la llevemos con “más ganas que nunca”. En definitiva, que nos “emocione” el saber que Dios nos quiere con locura y nos atrevamos “con más ganas que nunca” a amar como Él nos ama.
Tiempo de Pascua, tiempo de Resurrección. Todos los dolores pasados, presentes y futuros tienen respuesta y antídoto. Y todos los descalabros que cometemos y comete la historia, los de ayer, hoy y mañana, encuentran reparo en el Resucitado. Pero no podemos quedarnos en esa “normalidad” que sólo se fija en lo externo (que es necesario, pero es insuficiente y puede ser mentidero). No podemos pretender “recuperar” lo que nunca se perdió, sino afianzarlo, y hacer que no se nos pierda por ninguna circunstancia externa o extraña o interesada. Los cristianos tenemos mucha responsabilidad en esto. Si seguimos viviendo los eventos cristianos como fiestas de interés turístico y no como acontecimientos de interés cristiano que nos “marcan carácter”, difícilmente entenderemos el amor de Dios, difícilmente seremos constructores de un mundo mejor, y fácilmente andaremos errantes, esclavizados, y el mundo seguirá siendo una lucha de intereses y una especie de ley de la selva.
Tiempo de Pascua, tiempo de Resurrección. Aleluya. Feliz Pascua. Y, como dice el dicho, “hagamos la pascua al hermano”. Pero no como se entiende esto normalmente, sino como lo entiende el Maestro hoy Resucitado: “he venido para que tengáis vida y una vida abundante”.
¿Hay algo más hermoso
que saber que te quieren
y que a ti la dicha refieren
y tú compartes generoso?
¿Hay algo más dichoso
que tú a amar entregarte
y que el otro, por su parte,
en ti se sienta tan jubiloso?
¿Hay algo más venturoso
que ser la razón de otros
y que siéndonos nosotros
nuestro dar es provechoso?
...Pues Dios así nos ama,
y, si nuestro amor reclama,
es para crecernos en vida,
para hacernos tan crecidos
que aun en la dura herida
nos tiene bien sostenidos,
y en nosotros Él se recrea
para que sea nuestra tarea
los besos de amor decididos,
y si al hermano se los damos
es posible que construyamos
los paraísos mejor crecidos.
Que por amor, su Hijo muere
y en su amor ya nos requiere
para gozar de la Vida Renovada,
haciendo la muerte pascualizada.
FELIZ PASCUA
JOSÉ FERNÁNDEZ-PANIAGUA