La paloma muerta
La paloma es el símbolo de la paz
El día amaneció con un cielo nublado, pero sin asomo de amenazar lluvia. Un hombre mayor, un octogenario lleno de achaques, arrugas y canas, camina con dificultad apoyándose en un bastón que guiaban sus pasos. Llevaba de la mano a un niño de unos tres años, el cual iba con la mirada embriagada de misterio ante la promesa que le había hecho su bisabuelo, comprarle chuches.
-¿A dónde llevas a ese niño guapo? – pregunta una señora… ¿Cómo se llama?
-Se llama Andreu y lo llevaba a comprarle chuches –dice Tejada eufórico
Después de caminar un gran techo, lenta y cansinamente, nos quedamos en la Plaza de Santa Quiuteria. Nos sentamos a descansar en uno de los muchos bancos, rodeados de árboles, parterres ajardinados de flores, papeleras y palomas que tiene la placita.
-En nuestra ciudad de Alcázar de San Juan, y otros muchos pueblos de España, -dice Tejada a su bisnieto Andreu – nos invaden palomas, causando verdaderos problemas de limpieza de tejados, zócalos, ventanas, balcones, etc. Sus cagadas sucias, negras, pegajosas se quedan pegadas.
-Éste es un sitio maravilloso para descansar –dice Tejada- Es una plaza peatonal, admirando la hermosa iglesia de Santa Quiteria, mientras las palomas caminan por el suelo buscando comida y agua. Se acercan a los que estamos sentados para les demos algo de comer… mientras mi bisnieto Andreu juega con ellas, las hacer correr, las espanta y asustadas levantan el vuelo, menos una.
Mi bisnieto se ha dado cuenta de que una paloma está en el suelo, tumbada, inmóvil, sin moverse.
-Bisa- dice Andreu dirigiéndose a su bisabuelo demostrando sorpresa y estupor. ¿Por qué no vuela?...¡Yo no le he hecho nada!
-Está muerta – dice el bisabuelo con una mueca de disgusto- la pobre ha dejado de existir. Este animal tan bello que ves derrotada es el Símbolo de la Paz.
-Pobrecilla, no va a poder comer turrón estas navidades.
Un palomo garboso, con andares chulos se acerca a la paloma, la mira, la picotea en el cuello, da varias vueltas a su alrededor y se marcha altanero, moviendo la cabeza con vaivenes de superioridad, pero sin dejar de mirar a la paloma, sin levantar el vuelo.
-¿Qué hacemos ahora?- pregunta el bisnieto Andreu con tristeza.
-La dejaremos en un sitio cómodo
-En la papelera, dice Andreu con determinación.
El palomo vuelve y nos acompaña con la mirada hasta la papelera. Echa un vistazo y se marcha volando, aterrizando en el tejado de la iglesia.
Es curioso ver el cortejo del palomo intentado que se mueva la paloma, la acompaña, la picotea el cuello, da saltitos a su alrededor…
Paisanos, os deseo de todo corazón, ¡qué os liberéis del coronavirus, poniéndoos la vacuna que corresponda y así evitar males mayores!
NOTA DEL AUTOR
Antaño existían palomares en las bodegas y algunas casas, donde las palomas soltaban la palomina que era bien aprovechada como abono.