Mañana cumple años Pepe Corredor

Por Santiago Ramos Plaza

Pepe, querido Pepe, aquí estamos, deseando brindar mañana por tu cumpleaños.

Ya va el sol agarrándose para no caerse placeta de la Aduana arriba, a la vuelta de la habitación en que viniste al mundo en el 29, Jesús mío, vaya año, le pilló a Lorca en Nueva York, al pintor Lizcano entrándose en su caja de muerto.

Al lado de la calle Torres, al lado de El Arenal, qué bullicio todo el día, un mercado grande sin puestos y sin techar, con el aire arañándolo las palomas y los viejos cayéndose con la boina y la garrota de los bancos con sueños que pesan más de ochenta años.

Sentados en este banco, la chiquillería cerca, las madres en corro también, hablamos de los nuestros aquí, y nos detenemos más en Pepe Herreros, que te llevaba un año solamente, como te lo lleva también el edificio del cine Alcázar.

Siempre en este tiempo de verano, íbamos juntos a ver su obra reciente en su casa del Cristo, 18, que tuvo hasta bodega y ahora es almacén de obras en el empotro y todo aquello con tinajas de guardianes, que no de vino.

Y subíamos arriba, al estudio a más altura que los palomares.

Se veía por el tragaluz la Trinidad, que ya la pintó desde aquí, más de memoria que de vista.

Y sentados entre la radio grande, los periódicos, las baldas de los libros de pintura, los trapos de limpiar los pinceles, el aguarrás, y la obra en marcha en los brazos tiesos del caballete, hablábamos  sobre la levedad de la pintura, la brevedad, la bravura, la consistencia, lo efímero; y resaltábamos la rabia, la fuerza y la sabiduría para encajar en sus lienzos el mundo que llevaba dentro quemándole hasta que lo sacaban los pinceles.

Y de la vida ¿qué decíamos?

Que a la vida nos agarramos todos para no caer en ninguna vuelta por evitar que todavía no  nos lleven los días cuando echan a volar. Hay mucha obra por hacer.

Qué tristeza ahora mismo, porque no estoy con nadie, ni con Pepe muerto ni contigo, Pepe, ni conversando ni callado, que estarás bajando por la Rambla saludando floristas hasta poner el pie en el mar y volver a casa subiendo calles empinadas como escaleras altas de Barcelona.

Porque estoy solo y sin ganas de nadie, cuando me gustaría tenerte a mi lado ahora, abrazado por ti y con nuestras copas a punto de bebernos el vino de nuestra celebración de tu cumpleaños.

“Santiago, qué amigos somos, te cuento cosas que nunca he contado a nadie”.

Santiago Ramos.