Manifiesto de la CGT sobre el 8 de marzo de 2020 en Alcázar de San Juan

De nuevo, estamos en la calle manifestando, como millones de personas en el mundo, nuestra lucha contra la desigualdad entre los diferentes géneros que padecemos en los diferentes niveles e instituciones sociales.

Sabemos que el proceso histórico que nos ha traído hasta este punto ha sido consecuencia de una larga lucha en condiciones muy desiguales, contra la jerarquización e imposición del pensamiento, de los rasgos y de las actividades, por los que se definen como masculinos y a los que se les atribuye mayor valor.

Queremos destacar, señalándolas, dos cuestiones que entendemos fundamentales para combatir la desigualdad estructural del sistema para con las personas marginadas, maltratadas, vejadas, minusvaloradas, despreciadas y asesinadas por cuestiones de ideología machista.

Por un lado, apelando a la parcela de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, por nuestros silencios, por nuestras rutinas, por nuestras coartadas, en el sistema general de obediencia que supone mantener unos estereotipos que avalan, consienten o asienten estos comportamientos
execrables.

Los resortes de nuestra pasividad causan muertes. El ciudadano se somete por miedo, conformismo o placer. Pero también para huir de su responsabilidad. La desobediencia no está reñida con la democracia. La desobediencia es obligada al pensamiento que pretende la servidumbre, el sometimiento, el asesinato y la resignación de una parte de la humanidad. De lo contrario, estaríamos dando carta de naturaleza a semejante iniquidad.

Por otro lado, queremos hacer una mención exclusiva al Patriarcado con la propia definición de Manuel Castell un castellano manchego, sociólogo, economista y profesor universitario español, ministro de Universidades del Gobierno de España desde enero de 2020. Se trata del sistema patriarcal de dominación de género, donde cabe atender a la definición de Manuel Castells sobre el patriarcado como:

"Estructura básica de todas las sociedades contemporáneas. Se caracteriza por la autoridad, impuesta desde las instituciones, de los hombres sobre las mujeres y sus hijos en la unidad familiar. Para que se ejerza esa autoridad, el patriarcado debe dominar toda la organización de la sociedad, desde la producción y el consumo a la política, el derecho y la cultura. Las relaciones interpersonales y, por tanto, la personalidad, están también marcadas por la dominación y la violencia que se originan en la cultura y las instituciones del patriarcado"

(Castells, 1999:159; cf. Gómez, 2001:125).
La igualdad no es posible sin la libertad y la libertad no se tiene, la libertad se ejerce. Debemos distinguir las diferentes dimensiones por las cuales el género se estructura como una figura de dominación:

- Una mental y simbólica, formada por las creencias, rasgos personales, actitudes, sentimientos y valores;
-Otra material, que comprende instituciones sociales, como el estado, el mercado de trabajo, la educación, los medios de comunicación, la ley, la familia y a través de las relaciones interpersonales. Esto muy importante para entender como está instalado en el imaginario social la dominación como norma social, para después, avanzar necesariamente hacia una definitiva relación entre iguales, defendiendo las diferencias individuales y reconociendo las aportaciones que los distintos colectivos de género, de clase, étnicos y culturales realizan. Estas movilizaciones no son tan sólo laborales sino también de consumo y de
cuidados.
-Porque las mujeres seguimos ocupando en las empresas menos de un tercio de los puestos de responsabilidad,
- Porque es necesario conciliar la vida familiar y laboral, sobre todo mediante la distribución de las responsabilidades parentales y el servicio de los cuidados de los niños y para ello es necesario más flexibilidad en los horarios laborales;
-Porque nuestros salarios siguen siendo menores desempeñando los mismos trabajos,
-Porque la mayoría de las personas en precario somos mujeres, porque las diferencias salariales también se reflejan en las pensionistas.
- Porque el trabajo doméstico y de cuidados se invisibiliza y no se reconoce.- Porque los recortes en educación, sanidad, servicios sociales y
dependencia se hacen a costa del trabajo y el tiempo de nosotras.
-Porque nuestros cuerpos siguen considerándose como mercancía que se puede comprar;
- Para enfrentarnos a los estereotipos sexistas del papel de algunos medios de comunicación;
Y a todo esto hay que añadir:
- Porque las lesbianas, gais, bisexuales, trans, intersexuales, queer… seguimos discriminadas.
- Porque las mujeres migrantes y/o racializadas estamos en una situación de mayor vulnerabilidad ante la violencia de género, la violencia institucional y la violencia racista.
-Porque la hegemonía del capital financiero, afecta y precariza el trabajo de las mujeres.
-Porque los recortes del gasto y la privatización incontrolada de los servicios públicos. El diseño de las políticas sociales y educativas parten de directivas de organizaciones supranacionales como son la
Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, El Fondo Monetario Internacional o incluso la Unión Europea, y ello repercute principalmente en las mujeres, al modificar la estructura ocupacional
aumentando el trabajo temporal y sumergido.
-Porque, todo ello, repercute en la desestructuración social y familiar. El aumento de la violencia, la corrupción y las soluciones individualistas. Frente a las nuevas desigualdades que engendra el capitalismo del consumo y la explotación, necesitamos una política de reparto del tiempo de trabajo, para
que nuestras vidas no estén en manos de quienes se arrogan el monopolio del empleo, de la dominación y la acumulación y que siembran y protegen los componentes machistas, violentos, jerárquicos e irracionales.

¡LUCHANDO CAMBIAMOS EL MUNDO!
¡ANTE LA BARBARIE MACHISTA Y RACISTA, LA LUCHA FEMINISTA!
¡JUNTAS SOMOS IMPARABLES!
¡VIVA, VIVA, VIVA, LA LUCHA FEMINISTA!