Más Feliz

El silencio es una gran virtud de los que triunfan.

  “Cállate, o di algo mejor que tu silencio”, advertía ya Pitágoras.

   El tiempo casi todo lo arregla. El tiempo, tarde o temprano, acaba dejando las cosas en su sitio. Y lo hace callando.

   “El silencio es seguridad, saber callar es saber vivir”; dicen dos proverbios árabes.

   Cuanto menos hables, más verás, más oirás y más sabrás. Y al revés. 

   El silencio, es como la soledad, no es el vacío, sino todo lo contrario. En el silencio, como en la soledad, es cuando no podemos mentirnos, ni nos pueden mentir. Y es allí precisamente donde nos espera Dios para decirnos su salvadora palabra.

   El silencio te da fortaleza siempre. Porque la persona se afirma “desde dentro”. Nunca estás más contigo, como cuando estás con tu silencio.

   Si hablas poco con los demás, seguro que hablas mucho con tu conciencia. Es otra ventaja del silencio.

   El silencio, es sobre todo, una cualidad del alma; es la atención constante a la voluntad de Dios. 

   Es admirable lo que se aprende callando. Prueba a escuchar una conversación, una disputa, un simple comentario de futbol.

   Seguramente que eso de que te lamentas y criticas es malo. Pero, ¿no será peor tu propia crítica? “Debemos vencer el mal a fuerza de bien” Y nosotros queremos vencer el mal a fuerza de mal.

   Existe el silencio de la moderación y de la prudencial: Evitar la palabra vacía, el comentario insubstancial, el juicio aventurado. Guardar el secreto de tus cosas, de tus alegrías y penas, de tus éxitos y fracasos.

   En fin, que el que guarda su lengua guarda su alma.