Más peleles que personas
De todos los entierros de la sardina, homenaje a los santos inocentes y/o festividad del 28 de diciembre este ha sido el más peculiar e inusitado. Único.
Entras en el ruedo sin problemas, te encuentras tres trabajadores de Festejos y la piara con los peleles coronados por la sardina en acción contra el covid (obra de Enrique Redondo).
Un frío que pela, nos han faltado los adolescentes con sus botes de espuma, los inclementes tiradores de papelillos en plena cara, los chonis desafiantes encarados con cualquier cámara a la vista, el desfile popular en el recorrido urbano haciendo paradas tradicionales en establecimientos, La procesión, la policía municipal protegiendo vigilante y en el ruedo las chaquetillas reflectantes de Protección Civil que machacan cualquier foto tirada con flahs. El humo de la plancha gigante con sardinas asadas con el sudor de su frente... y la cola del hambre para poder conseguir unas sardinas como cena prematura, a veces crudas por las exigencias de la fila.
Un espacio lleno de vacío que no vamos a olvidar ni perdonar y del cual debemos aprender que lo único perdurable es la resiliencia. Nuestra antiguedad y supervivencia. Sin olvidar lo aprendido.
Miedo da que esto pase y todo se olvide. Se vuelva a la vorágine de devorar el mundo en dos bocaos. Volver a invadir países a golpe de avión low cost a base de préstamo. No, eso de los cuatro días son para la moscas, las mariposas...