Paseando con Santiago
Yo me encontraba en el patio del recreo del Colegio Santísima Trinidad para festejar la jubilación de la Acacia allí plantada en 1956 , testigo de los juegos juveniles de muchos de nosotros. "Haremos una fiesta, amigo Antonio", me había dicho Santiago. "Has venido", oí decir a mi lado, me volví y era Santiago ." No te preocupes - continuó diciendo -sólo tú me ves”. En el cielo sabían de mi amor por doña Acacia y me permitieron asistir a su jubilación. “Al terminar nos iremos a pasear por la Castelar y te contaré". Salimos por la puerta que daba a la calle Torres - su calle - y fuimos en silencio hasta la Plaza.
Pues sabrás - comenzó - que al llegar me recibió el arcángel ( "y el arcángel de alborada anunció con voz tu nacimiento: será poeta") quien se ofreció para ser mi guía por aquella zona del cielo destinada a los poetas; y echándome la amigable mano por el hombro me dijo:
" ¿has visto a esos que se amontonaban en la puerta y a los que les está prohibida la entrada?, pues son poetas de cuidada técnica, pero que no poseen aquello que es necesario para la poesía, para la vida: la capacidad de soñar.
Y tomando en su mano mi declaración de amor a doña Acacia, mientras me miraba con mirada cómplice , me leyó los dos últimos versos " que yo sólo sé soñar , que para nada más valgo".
Después me tomó del brazo me condujo a una estancia en la que reconocí a Homero, y Cervantes, y al Dante y a algunos otros. "en esta sala - continuó - se hallan aquellos que en su obra mostraron amor por su lugar de origen, al que cantaron; y ese sitial vacío que ahí ves te está reservado. Alcázar ha sido el origen, el desarrollo y fin toda tu obra poética. Todos los cotidianos eventos se han visto embellecidos por tu pluma, a la par que mostraban tu bonhomía hacia el dolor ajeno. Aquí recordamos tu poema a la procesión de La Soledad (¡ Apagad velas y cirios¡ ¡ puertas ventanas cerrad ¡ ¡ que sueñe que su Hijo a casa está a punto de llegar¡)". Y , para mi sorpresa, me dijo:"He de confesarte que he tenido dificultad para albergarte entre ellos , ya que puedes elevar tu verso ("Hasta que el último de todos muera su propia muerte y la de los demás") o hacerlo reposar sobre lo más insignificante ("las tejas de mi patio que ondulaban su poco cielo"), lo que unido a ese alejandrino escrito con plumilla y algunos sonetos nos ha llevado a considerarte poeta completo. Nunca te pondríamos con aquellos los ociosos en espera de la inspiración divina; a ti que te atreviste a gritar que" no hay poesía sino poemas ", saliéndote el alcazareño que siempre ha valorado la importancia del trabajo.
Cuando llegaste aquí di orden de que no te dieran a beber agua del Leteo para que no perdieras los recuerdos; aquí te queríamos poeta y tú te has nutrido siempre de tus recuerdos, no para refugiarte sino para vivificarlos, embellecerlos y mostrarlos en su esplendor . . .
Antonio Castellanos Maciá