Perdonad que lo llame héroe, dejadme sólo por estos días
Ayer tarde entró por la puerta extenuado y llorando. Los casos de corona pasaron de 3 a 25 en tan solo 24h. La puntilla de la jornada laboral fue que un chico de 44 años, nuestra edad, se le acababa de parar. Porque sí, los pacientes no se paran, se le paran a uno, así es el sentido de la responsabilidad de este gremio. Mientras se ahogaba se agarraba a él y le decía: “tío no me dejes morir, soy muy joven”. Unos momentos agónicos intentando que le recibieran al paciente en una UCI sin camas sus compañeros, escasos por aislamiento, extenuados como él. Pero finalmente, porque ellos casi siempre pueden, el paciente pasó intubado a UCI con el 50% de posibilidades de escaparse de una muerte por corona a pesar de su edad y de no tener ninguna enfermedad de base.
Nosotros en casa no podíamos hacer gran cosa por él después de un día tan desesperante. Uno de muchos largos días que vendrán y en los que debe estar a punto para trabajar con alma, unas y dientes. Queremos cambiarnos por él, al menos algún día para que descanse, pero es imposible. Así que los niños le prepararon dibujos con mensajes de apoyo que pusieron al lado de su cubierto de cena. Intentando parecer contentos, pero con un poco de nudo, comimos unas salchichas alemanas de queso que nos habían dejado en el LIDL (debe ser que no gustan mucho a los manchegos) y después le dejamos que eligiera la película. Habíamos pactado en familia hacerle un masaje, pero nos dormimos antes.
No le jodió el insomnio de otras noches. Por suerte descansó bien, o yo quería verlo bien esta mañana, listo para las más de 24 horas de guardia que hoy sábado le esperan en el Hospital Mancha Centro. Un hospital que se transforma por momentos: su gimnasio de fisioterapia se desocupa para recibir camas, sus anestesistas se preparan para convertirse en médicos de UCI, la mayoría de las plantas pasan a ser de corona, se acaban las voces y los malos rollos de los primeros días entre compañeros y personal de gestión mientras trataban de aclimatarse a la situación en medio de un caos sin precedentes. Ahora nuestro “héroe” está contento en el trabajo porque todos corren y hacen lo que pueden, todos quieren ayudar, todos ahora reman positivos y muchos ratos guardan silencio intentando digerir lo que está pasando.
Nuestro héroe ha ejercido en su país, en medio de conflicto armado y muertes violentas, en hospitales de escasos recursos, pero ayer decía en casa que nunca hubiera esperado estar desbordado por una emergencia sanitaria trabajando en Europa, ni pendiente de que hoy hacían falta al menos 340 equipos EPI de aislamiento y ayer se contaba con 40 que para colmo roban “compañeros” en los almacenes de nuestras instalaciones sanitarias, porque ya sabéis que funcionarios estamos de todos y la raza humana es muy mezquina. Y eso, como colombiano que es, a la angustia de estos días le tenéis que aderezar un poco de sentimiento de culpa por haber abandonado una patria más necesitada de él y que en pocos días se verá como la nuestra, pero con menos medios, y le tenéis que añadir 20 años de servicio a una España llena de “patriotas” que le han mirado con ojitos de “viniste a chupar de lo nuestro”.
Y nosotros ¿qué podemos hacer por él? ¿y los niños y yo que podemos hacer por él? Efectivamente, no podemos cambiarnos por él, este papel le toca jugarlo a él. Pero podemos amarle incondicionalmente, agradecérselo eternamente, esperarle con una rica comida mañana (¡si dejáis algo de materia prima en las tiendas, cabrones! ¡sin acritud, jeje!) y por supuesto evitar contagios QUEDÁNDONOS EN CASA.
¿Entendéis por qué son nuestros héroes? ¡Perdonad la arrogancia! No habíamos caído en la cuenta
de que teníamos uno en casa y hoy nos sentimos orgullosos.