Pobres niños pobres

Alcázar de San Juan, un ejemplo de atención en Servicios Sociales

Por Antonio Leal Jiménez

Nos encontramos en plena pandemia y las últimas estimaciones globales mencionan que, cerca de 800 millones de personas sufren pobreza extrema en el mundo, y que la infancia, es uno de los colectivos más desprotegidos en la sociedad actual. De continuar como hasta ahora, cerca de doscientos millones de niños y niñas estarán en situación extrema de pobreza, y los índices de mortandad en los menores de 5 años serán escalofriantes. Las diferencias entre los países ricos y los países pobres siempre han existido, pero la globalización de la economía tiende a hacer cada vez más amplia esta desigualdad.

En España, en el año 2019, doce millones de personas se encontraban en riesgo de pobreza y/o exclusión total. En la actualidad, persisten problemas graves de extrema pobreza, que golpea especialmente a la infancia, cuyas cifras alcanzan a más de tres millones y medio de menores que viven en esta dramática situación, o se encuentran en riesgo de padecerla. El grado de atención que habría que prestar a esta causa resulta imperativo.

Aun ocupando la quinta posición económica en los países miembros de la Unión Europea, la incidencia de la pobreza de la infancia en España, es muy superior a la que corresponde a su nivel de riqueza, y en la que solo Bulgaria, Rumanía, Lituania y Letonia, se encuentran por detrás en la clasificación del espacio común europeo.

En el marco de la Estrategia Europa 2020, España se comprometió a reducir en la década de 2009-2019, un millón y medio de personas en riesgo de pobreza y exclusión social. Éstos objetivos desafortunadamente no fueron cumplidos. Por lo que se refiere a la población castellanomanchega, un total de 624.000 personas viven en riesgo de pobreza y/o exclusión social y se prevé que la actual pandemia dejará importantes secuelas sociales donde la población joven serán los más perjudicados.

Las cifras señaladas indican la gran injusticia y la excesiva desigualdad existente y son fruto del resultado de la falta de garantía de la efectividad de los derechos humanos y de la escasa dedicación de las políticas sociales dirigidas a la infancia. Siguiendo los indicadores de la Fundación FOESSA, gran parte de este colectivo está desarrollándose en un contexto de absoluta carencia o necesidad vital.

Para Cervantes la literatura tenía que ser didáctica y su objetivo no era sólo deleitar sino también educar… calla amigo ... que mayores secretos pienso enseñarte, y mayores mercedes hacerte (1,X). Entre las enseñanzas que podemos aprender de Don Quijote respecto a la problemática del hambre, que evidentemente es muy anterior a la llegada de la pandemia, sería “hablar menos y hacer más”.

En poco menos de una treintena de años hemos vivido tres crisis económicas, cada una de ellas peor que la anterior, que han provocado un aumento de las situaciones de desempleo, de exclusión y desigualdad social. Sin embargo, el inicio de la recuperación económica y la creación de empleo, no supuso una disminución de las cifras de pobreza y desigualdad y era fácilmente observable encontrarse con colas vergonzosas de personas en busca de algo caliente para comer. En pleno siglo XXI han vuelto a esa exposición y resulta humillante ante los ciudadanos que las sufren.

La presión sobre los Bancos de Alimentos en España se ha vuelto una realidad como consecuencia de las llamadas “colas del hambre”, en un país con cifras por encima de cuatro millones de parados, cerca de 900.000 personas con ERTE, y más de 300.000 autónomos con grandes dificultades para continuar con su trabajo. Los 54 servicios asociados de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL) han asegurado que atienden a 1,63 millones de personas en la actualidad, casi 600.000 más que antes de la pandemia. Y muchos de ellos son menores de edad.

¿Por qué los agentes políticos, sociales, económicos y ciudadanos en general, no hacemos lo suficiente para erradicar este grave y urgente problema? Parece que, no se percibe con la precisión necesaria que hay muchos niños pobres que no pueden comer lo mínimo para subsistir. Reducir la pobreza infantil es una obligación moral y legal, que debe asumirse como compromiso principal. Cada vez con más urgencia, hay que garantizar unos derechos humanos mínimos por lo que es necesario desarrollar políticas orientadas a mantener un desarrollo sostenible.

El ejemplar trabajo que durante años se está haciendo desde el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan, a través de la Concejalía de Servicios Sociales, es un referente a tener en cuenta. Los logros alcanzados han sido reconocidos, por varias instituciones. Mencionamos, a título de ejemplo, el relativo a la Iniciativa Social de nuestra Comunidad y también el de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, AEDGYSS, por demostrar año tras año, su extraordinaria solidaridad y su altísimo nivel de preocupación y ocupación trabajando por los colectivos más desfavorables.

El Ayuntamiento de Alcázar de San Juan mantiene un convenio de colaboración con Cáritas Diocesana, cuya cuantía se destina al mantenimiento del Centro de Acogida de Alcázar, conocido como Casa Samaria y al Programa Diocesano de Atención a familias y personas en severo riesgo de exclusión social en la Avenida de las Regiones. En este sentido, en Cáritas Interparroquial de Alcázar, cuya atención es compartida por técnicos y voluntarios, se atendieron a un total de 1013 personas, durante el pasado año 2020, entre los que seencontraban cerca de cuatrocientos niños y niñas. Efectuaron tres mil repartos en ayudas a 349 familias para pago de recibos de luz, alquiler, farmacia, y principalmente en alimentación.

También las Hermanas de la Cruz, Banco de Alimentos no perecederos, Servicios Sociales, que donan vales procedentes de la Diputación y de la Junta de Comunidades y sus fondos propios, así como los repartos de Cruz Roja, procedentes del Banco Europeo de Alimentos, y tantos y tantos ciudadanos anónimos, que contribuyen de manera sobresaliente a que, en Alcázar de San Juan no existan las “colas del hambre“ y que las cifras de pobreza infantil sean escasamente significativas.

El “sentimiento alcazareño” conlleva trabajar cada día con esfuerzo y esperanza, poniendo lo mejor de cada uno. Durante años se viene demostrado sensibilización, capacidad y experiencia, ante situaciones como las que se encuentra un colectivo muy vulnerable, que por sí solos, no pueden hacer nada para salir de una situación de pobreza. Debemos sentirnos orgullosos y valorar las buenas prácticas en este campo de actuación, que ha conseguido que Alcázar de San Juan sea un referente a seguir.