Por el Callejón del Toro

Antonio Leal Jiménez

Los cementerios no son solo lugares para los “no vivos”, sino para los que se quedan poder visitar y recordar a los que ya no están. El cementerio de Alcázar de San Juan fundado en el siglo XIX, cuenta con varios niveles situados a lo largo de un camino que simboliza la vida y donde algunas familias, en otros tiempos, deseaban demostrar su poder adquisitivo a la hora de encargar la construcción de un panteón o alguna de las figuras más bellas para adornar sus tumbas.

Una de las situaciones más filosóficas de la vida es el encuentro con la muerte. Es conocida la máxima de Epicuro «La muerte nada es para nosotros, porque, mientras nosotros existimos, la muerte no está presente, y cuando está presente, somos nosotros los que no estamos. Por tanto, la muerte no tiene nada que ver con los vivos ni con los muertos, justamente porque no tiene nada que ver con los primeros, y los segundos ya no existen».

Paseando por las calles de nuestro camposanto, nos llama la atención los numerosos epitafios inscritos en las lápidas de algunas tumbas. Por norma general, las leyendas contienen enunciados breves pero célebres, con significado referido al difunto. De todo hay escrito y reflejado en las frases que se leen en las tumbas. “Aquí hoy yo; mañana tú”, es la idea básica que transmiten todos los epitafios, pero cada persona imprime su sello personal. Otras muchas no llegaron a materializarse, sino que se quedaron en aforismos tan solo pensados o escritos por personas que soñaron con un futuro tallado en mármol.

En los orígenes, los mensajes de recuerdo, se depositaban al pie de la tumba antes de abandonar el servicio o rito funerario. Con el tiempo, la costumbre se traspasó a dejar grabados los mismos textos para evitar la pérdida de las dedicatorias. En la actualidad, es común que se inserte la fecha del nacimiento y el fallecimiento, así como los recuerdos en la parte inferior de la lápida. A título de ejemplo señalamos el del nuestro insigne escritor y poeta: "Yace aquí Miguel de Cervantes Saavedra 1547-1616", reza el encabezado de la placa del sepulcro en el Convento de las Trinitarias en Madrid. "El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir”. Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1616).

El ingenioso cómico estadounidense, Groucho Marx (1890-1977) dejó escrito, como resumen de su sarcástica existencia, el siguiente epitafio: “Perdonen que no me levante”, que sin embargo jamás se llegó a grabar en su lápida, en el Edén Memorial Park de Los Ángeles, ya que su familia prefirió no hacerlo, y se convirtió en una cita más de su ingenio. Marx no ocupa una tumba sino un nicho y en él solo hay una placa de bronce con las palabras "Groucho Marx 1890-1977" y una estrella de David. "Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace bien" (Moliere); “Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo” (Unamuno); “¡Cómo de entre mis manos te resbalas!” (Quevedo); “Si queréis los mejores elogios, moríos” (Jardiel Poncela), y tantos otras personas escribieron su epitafio…

Santiago Ramos Plaza, cuenta con una extensa obra literaria, Alcazareño tan puro como su alma y vigoroso como la cepa Airén arraigada de nuestra tierra, le gusta compartir los conocimientos adquiridos en todos los campos de la vida, intentando siempre ayudar a las personas con dificultades, haciéndolo con voz calmada y actitud propia de las personas que sienten sus orígenes y, para ello, utiliza un vocabulario lleno de matices provenientes de nuestras formas de manifestarnos con palabras muy afectivas e ingeniosas.

En el retrato realizado por el genial artista alcazareño, Antonio Tomás Romero, se refleja alguno de los muchos valores que reúne Santiago, sabiendo dónde, cómo y cuándo, es el momento indicado para hacerlos notar. Es capaz de transformar la imagen de una personalidad emprendedora, llena de energía, de fuerza y vitalidad, a una forma de ser propia y natural, con una gran fortaleza interior, propia de jóvenes que se criaron en el Pretil y aprendieron de otros, criados en las calles procedentes de dispares barrios del Alcázar de San Juan de los años cincuenta.

En su obra “Alcázar de mis cenizas”, refleja claramente el amor a su pueblo. Con la lectura de sus poemas, el lector encontrará parte de lo que busca, que en definitiva es, conocer y amar mejor a su ciudad natal. Como alcazareño ausente, su repetida lectura me traslada a los lugares que tanta influencia han tenido en mi persona. Si existiera un Premio Nobel en nuestro pueblo, con esta obra,sin ninguna duda, se haría merecedor de ello.

El Académico de Bellas Artes, Gonzalo Díaz Arbolí, escribe en su blog: “Santiago, pasará a la historia como el poeta que ha cantado más y mejor a su pueblo natal. Es tan grande la influencia de Alcázar en su poesía, que me produce una emoción contenida, evocando la figura siempre presente de un Alcazareño, que cuenta y expresa de forma inigualable el amor a su tierra. Me recuerda a la poesía del Premio Nobel de literatura en 1975, Eugenio Montale. Como prueba de ello, he escogido la siguiente estrofa de uno de sus poemas:

Poi come s'uno schermo, s'accamperanno di gitto

alberi case colli per l'inganno consueto.

Ma sarà troppo tardi; ed io me n'andró zitto

tra gli uomini che non si voltano, col mio segreto.

Morir supone silenciarse para siempre. Sin embargo, hay quienes, como los escritores, en un intento por inmortalizar su recuerdo, sabeedores de las pocas garantías de que su creación literaria perdure en el tiempo, demandan que sea grabado su última iniciativa poética en formato de epitafio. Siguiendo los caminos de la vida, a veces, nos lleva a pensar en una frase o unas líneas con las que queremos ser recordados.

Santiago, que se encuentra en la “Sala de espera” de ser nombrado Hijo Predilecto de Alcázar de San Juan, le gustaría en demasía que en el Callejón del Toro, en una lápida blanca, que hay a la entrada, en la acera izquierda, se grabara sin la utilización del cincel, ni de la cerámica, por ser demasiado cara, el siguiente poema escrito en el año 1973:

 

Por el callejón del Toro, cuando me vaya a morir, llevadme, amigos, al hombro. Al hombro, con gran dolor, y llorando vuestros ojos. Y si dolor no hay bastante, para ser llevado al hombro, dejadme, que yo me iré sin entierro y sin vosotros

Carpe diem: La imaginación es la propia vida. La muerte para los muertos.