Proyecto medioambiental y didáctico
Fructuoso López, mi primo y enólogo, fue quien concibió la posibilidad de crear, en una parcela cercana a los centros públicos de enseñanza secundaria, un lugar donde el sector más joven de la población conociera de primera mano los cultivos milenarios que han dado vida y riqueza a esta tierra, con todas sus técnicas, dificultades y satisfacciones.
Esta labor, de marcado carácter docente, no es nada sencilla de aplicar dadas las rigideces del sistema educativo en cuanto a contenidos, métodos y tiempos, de los que Frutos no es conocedor, aunque a cambio, si lo es de todo el ciclo de labranza, preparación y recogida de cosechas, incluso en esos mismos terrenos en los que vivió en propias carnes esas experiencias en edad juvenil, además de su posterior vinculación al sector vinícola como enólogo profesional.
El proyecto en la actualidad se sitúa en unas parcelas de aproximadamente dos hectáreas de extensión situadas en terrenos cercanos a la Depuradora de Aguas y la antigua laguna de La Veguilla, que tantos problemas ocasionó en décadas precedentes. Estos terrenos, de naturaleza arcillosa y en los que también se encontraron algunos fondos de cabaña del periodo calcolítico, aunque de escaso valor arqueológico, han sido parcelados con la intención de acoger tres tareas medioambientales de marcado acento ecológico y didáctico.
A continuación hay un terreno preparado para la siembra de los cultivos más característicos y arraigados en la zona como son el trigo, la cebada y el azafrán, para que pueda también apreciarse su proceso de acondicionamiento del terreno, siembra, roturación y cosecha de sus respectivos frutos llegado el momento.
Por último, llegaríamos a la parcela que ocuparían las especies más simbólicas de nuestra agricultura, lo que sería propiamente el Jardín de los Viñedos, acompañado también de otros cultivos representativos del terreno como olivos, almendros y pistachos, estas dos últimas especies de más reciente explotación pero de un auge importante en los últimos años
La vid se ha distribuido en un total de 306 plantas correspondientes a seis variedades, tres de uva blanca y tres de tinta. Entre las primeras figuran la Airén, la más abundante de la zona, la Macabeo o Viura y la Chardonnay. Entre las tintas se encuentran la Cencibel o Tempranillo, la Garnacha y la Cabernet Sauvignon. Cada una de las variedades ocupa un hilo con 51 plantas, de las cuales las 17 primeras son de pie bajo, es decir, de cepas de tipo tradicional y las 34 siguientes en espaldera. Todas ellas han sido injertadas sobre pie americano con portainjertos R-110 para protegerlas de la filoxera y, en la actualidad, dada su tierna existencia y la abundancia de conejos depredadores en la zona, están protegidas por cilindros de cartón y adaptadas a la posibilidad de hacer frente al cambio climático, por lo que contribuyen a su rigor ecológico en ausencia de plásticos u otros contaminantes.
Justo López Carreño
Mayo 2021