Reflexiones de un alcazareño ausente

Por Javier Mata

¡Hola a todas y todos! Hace unos días tuve la fortuna de poder participar y presentar el libro de carácter profesional que acabo de coordinar y publicar, en el Congreso de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, y en el marco de Gran Canaria.

Confieso que era la primera vez que visitaba las islas Canarias y me sorprendí gratamente. Aparte de la belleza de la isla con sus inesperados contrastes, me llamó la atención esa especial forma de vivir pausada que lo impregna todo. Uno podría pensar que es lógico teniendo en cuenta que hay una gran parte de los que la habitan (temporalmente o no) qué o bien son turistas o son jubilados. Pero en realidad yo tuve la impresión de que quienes son oriundos y están en su etapa activa profesional, también la “practican”.

Coincidió mi visita con la lectura del libro de Carl Honoré: “Elogio de la lentitud”, en el que de forma clara nos invita a replantearnos nuestra relación con el tiempo y a vivir de forma mas sosegada. Hice abstracción de la “forma de vida” que se ha instaurado en general en nuestra sociedad, poco importa el lugar en el que vivas, donde el tiempo ya se mide en minutos sino en segundos. Aparentemente parece estar relacionado todo con nuestro imparable avance tecnológico, que nos permite desplazamientos e interacciones mas rápidas, a veces instantáneas. Pero también con esa “necesidad” imperiosa de “producir” (poco importa qué) en el menor plazo de tiempo posible. Y claro, todo esto tiene un efecto inmediato sobre la calidad de lo que “producimos” que de una manera u otra esta relacionada directamente con el plazo (a menos plazo mas riesgo de mermar la calidad) pero también con la manera de percibir la presión que inevitablemente va unida a la reducción del tiempo. Y esto, querido lector, es una de las causas del elevado aumento de afectaciones psicológicas relacionadas con el estrés (fundamentalmente de origen profesional).

Me venía a la mente, por aquello de nuestra condición de manchegos, “El Quijote” y sobretodo la larga tradición de nuestros mayores, magistralmente descrita por Cervantes en su personaje de Sancho Panza, de hacer las cosas pausadamente, intentando disfrutar de lo que se hace y de lo que se vive. No digo yo que no pase en otras regiones de nuestra “piel de toro”, pero sin duda me parecía que esa forma de vida “manchega” que me temo ya perdida, se asemejaba a lo que “respiraba” en la isla canaria.

Imposible parece, escapar de esta red tejida en nuestra sociedad que nos atrapa y nos “obliga” a ir “a la carrera” donde sea. Sociedad que nos empuja sin piedad y sobretodo sin que seamos conscientes realmente de esa realidad. No quiero que se me malinterprete, no estoy reivindicando el conformismo, que podría ser un efecto negativo de una forma de vida mas “pausada”, sino reclamando la calidad de lo que se hace y vive, para que también reduzca ese riesgo de afectación psicológica tan actual relacionada con el maldito estrés.

Los ejemplos, burdos y sencillos, casi caricaturescos, que voy a poner me sirven para dar un toque de atención. Cada vez que vuelvo a nuestro pueblo, me doy cuenta de aspectos, que quizás los que viven a diario no son plenamente conscientes. La evolución positiva que sufre continuamente, signo de una ciudad que crece en el buen sentido de la palabra, aunque como siempre digo, haya cosas derivadas del crecimiento claramente corregibles. Pero también la impresión de que la vida del pueblo se acelera de manera exponencial. Vivo en una ciudad mas grande, poco importa si es fuera de España, y tenemos asumido que cuanto mas grande es la ciudad mas impersonal y acelerada es la forma de vida. Pues bien, cuando regreso “alucino” con detalles como que todo el mundo va en coche a todos lados, como si necesitara ganar como máximo unos minutos, cuando en realidad todavía es posible ir caminando a cualquier punto de la ciudad. Las interminables colas de padres estresados con su automóvil para recoger a sus hijos del instituto como si no pudieran ir andando como se ha hacia cuando yo iba al instituto. Es cierto que aun se puede ver a la gente caminando por la Castelar (como toda la vida) y en el paseo Pablo Iglesias (salvo los que lo hacen deprisa por tema deportivo) y eso que es tan español y que tanto echo de menos en Francia, como son las tertulias pausadas en los bares.

Curioso que cuando somos conscientes de esta realidad casi caricaturesca, la reconocemos pero no la cambiamos. Los que viven en el pueblo, tienen a mi parecer las condiciones idóneas para poner en practica ese “Elogio de la lentitud” que tanto necesitamos por salud de la sociedad y sobretodo individual. Y permítanme que elogie iniciativas en ese sentido que tanto bien hacen a la salud, como la de la Consejería de Sanidad de los 7000pasosX, enmarcada en hábitos saludables pero que yo la veo relacionada también con el tema que me ocupa. Hay mucho por hacer en colectivo, pero como siempre tenemos que empezar por lo individual.

Ustedes lo disfruten, paisanos