Sabiduría de Sancho Panza a través de refranes
¿Por qué seguir usándolos hoy en día?
Bueno... la verdad, yo mismo me lo he preguntado alguna vez. O sea, Don Quijote de la Mancha se escribió hace más de 400 años, ¡una locura! Y, aun así, los refranes que salen ahí —especialmente los que suelta Sancho Panza, que parece que se los saca de la manga a cada rato— todavía nos dicen cosas que tienen sentido hoy. No sé, tienen como esa sabiduría simple que no pasa de moda.
Vivimos tan a la carrera últimamente, todo rápido, sin pensar mucho. A veces, leer uno de esos refranes es como... no sé, como volver a tierra. Como si te hablara un abuelo que ya vio de todo y te dice: "Tranquilo, que esto ya pasó antes, y te lo resumo en una frase".
No es por romanticismo, ni porque uno quiera parecer culto. Es que, en serio, muchos refranes del Quijote siguen siendo útiles. A veces te pasa algo y, pum, ahí te cae uno como anillo al dedo. Además, es bonito pensar que estamos usando palabras que vienen de tan atrás, que pasaron de boca en boca, y siguen vivas. En fin, será que lo viejo no siempre caduca, ¿no?
Usar estos refranes hoy no es solo cosa de nostálgicos o de amantes de la literatura. Es, más bien, una manera de mantener viva una parte de nuestra cultura, de seguir aprendiendo del pasado y de conectar con esa sabiduría popular que, en el fondo, todos llevamos un poco dentro. Así lo haremos durante una época.
El establecimiento de los comentarios está constituido por las partes siguientes:
Refrán
Un aprendizaje de andar por casa
Una historia que sí ocurrió
Cierre cervantino
Y tú... ¿qué refrán has vivido esta semana?
La ilustración se ha recogido del estudio: AZULEJOS DEL QUIJOTE EN EL PARQUE CERVANTES ALCAZAR DE SAN JUAN, 2016. CUARTO CENTENARIO DE LA MUERTE DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. Autor: Constantino López Sánchez-Tinajero Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan
PAREMIA 1: “Más vale pájaro en mano que buitre volando”
Sancho Panza lo decía con toda la certeza del mundo, sin vacilar, y con los pies firmes en la tierra. Lo repetía una y otra vez, porque sabía que lo que uno tiene seguro vale más que mil promesas brillantes pero vacías. Y lo decía siempre cuando Don Quijote se lanzaba tras molinos de viento o castillos imaginarios. Hoy, no es muy distinto, solo que las ilusiones son diferentes, con otras formas y colores.
Un aprendizaje de andar por casa
Vivimos rodeados de promesas que suenan a oro. Ofertas de trabajo que vienen con nombres extranjeros. Relaciones que existen solo en redes sociales. Sueños que parecen al alcance de la mano, pero... ¿realmente lo están? No se trata de dejar de soñar. Solo de mirar con más calma. Porque, a veces, por ir tras algo grande y difuso, dejamos ir lo bueno que ya teníamos.
Una historia que sí ocurrió
Pedro se levanta con el sol. Trabaja en la viña, como su padre, como su abuelo. Tiene las manos duras, pero una calma que contagia. —Esto se cultiva —dice—, no se improvisa. Ese año, los precios de la uva no eran para tirar cohetes: Airén blanca: 0,017 €/kg; Tempranillo tinta: 0,015 €/kg; Tempranillo DO Valdepeñas: 0,028 €/kg.
“Yo no sé de pistachos, pero sé cuándo una uva está lista para cortar”, decía entre risas en la barra del bar de Pepe. La cuenta que hizo fue sencilla: se tardearía tres o cuatro años en producir frutos. No tenía garantías de una producción constante y cada cosecha podría variar según el clima, la fertilización y el riego. Algunos vecinos, sin embargo, arrancaron sus vides y apostaron todo a lo nuevo.
Varios del pueblo arrancaron las vides. Pedro no. —A mí no me sacan de lo que conozco por un papel bonito —decía, limpiando la navaja a un empleado de la Caja Rural.
Los vecinos convertidos en pistacheros no resistieron. La empresa que prometía comprarlos, desapareció. Pedro vendió su uva, como cada año. No se hizo rico, pero no se hundió. —Lo que está en la mano, ya canta. Lo otro… quién sabe —decía, entre sorbo y sorbo de vino casero “Me ofrecieron el cielo… pero yo tengo los pies bien plantados en la tierra. A mí no me van a torear con sueños ajenos”. —le dijo a un muchacho de la Caja Rural mientras limpiaba su navaja.
Cierre cervantino
El Quijote, Segunda Parte, Capítulo XII
Sancho, siempre fiel a su refrán, prefería lo cierto a lo incierto.
- Prefiero las crías de las yeguas a promesas que no se pueden montar —decía. Y cuando Don Quijote le contestó que, si se hubiera lanzado tras los comediantes, habría conseguido la corona de la emperatriz, Sancho respondió: "Nunca los cetros y coronas de los emperadores farsantes fueron de oro puro, sino de oropel o hoja lata."
Si lo decía Sancho, por algo sería.
Y tú... ¿qué refrán has vivido esta semana?
Piénsalo un momento: ¿Estás cuidando tu "pájaro en mano"? ¿O te has dejado deslumbrar por algún "río sonar"? ¿Has descubierto algo bueno en medio de un mal? ¿Has aprendido a cuidar lo que tienes o te has dejado llevar por sueños imposibles?