Santiago, poeta alcazareño del alma

Por Antonio Leal Jiménez

La Semana Santa 2021 se está viviendo con el recogimiento impuesto por el estado de alarma por la pandemia del coronavirus COVID-19, que ha provocado su suspensión y toda celebración en la calle. Es Viernes Santo en Alcázar de San Juan. Cuando el reloj que marca el tiempo de nuestro pueblo da las once campanadas, a punto de terminar el día, las puertas de Santa Quiteria se abrían para procesionar la Virgen de la Soledad, una talla de madera que en el año 1943 realizó el imaginero sevillano Antonio Castillo
Lastrucci. Esta noche luciría su restaurada saya de los azabaches para resaltar el luto. Custodiada por representantes de las distintas cofradías y hermandades de Alcázar de San Juan y acompañada de numerosos fieles, que sienten la devoción junto a nazarenos y mantillas, iniciaba en completo silencio su recorrido por las calles de Alcázar en dirección a la Plaza de la Aduana.

Santiago Ramos Plaza (q.e.p.d.), nuestro querido poeta, cantó con la maestría que le distinguía el poema que traemos hoy a las páginas de El Semanal de la Mancha. En el poema en cuestión podemos leer versos tan llenos de amor y belleza como:

Viernes Santo
LA SOLEDAD

No le pongáis ese manto,
que no lo debe estrenar.
Si es más negro que la noche,
si viéndolo va a pensar
que a su Hijo en el Calvario
amortajándolo están.
No lo toméis en los brazos,
no lo bajéis del altar,
no lo pongáis en las andas,
la procesión no saldrá.
Que si sale de la iglesia,
la calle la angustiará.
Verá negras colgaduras,
verá la gente llorar.
Y por más que a su Hijo busque
encontrarlo no podrá,
en la caja del entierro
ya recorrió la ciudad.
¡Apagad velas y cirios¡
¡Puertas, ventanas, cerrar¡
¡Que sueñe que su Hijo a casa
está a punto de llegar¡