Santiago Ramos Plaza, amaba Alcázar y su Feria

Por Antonio Leal Jiménez

La memoria suele definirse de una manera simple como la capacidad del cerebro de guardar información y recuperarla voluntariamente. Ello nos permite recordar personas, hechos, ideas, sensaciones, y, en general, todo tipo de estímulos que ocurrieron en el pasado. Decía Pío Baroja que “En buena parte somos la prolongación de nuestro pasado; el resultado de un recuerdo “. Alguno de ellos no siempre queremos perder.

Vienen tiempos feriados en nuestro querido y admirado pueblo, y dedicarle este espacio a Santiago Ramos Plaza, el poeta que mejor ha sabido, en mi criterio, retratar el significado de estos días para todos los alcazareños, que sabemos, además, apreciar a nuestros visitantes, nunca es tarde y no puede quedar en el olvido todas las veces que ha conseguido que el tiempo se detenga con la lectura de sus poemas.

Siento la necesidad de disfrutar de su recuerdo. Pregonero en el año 1996, sus primeras palabras fueron: Queridos alcazareños, todos dentro del corro del amor a Alcázar”. Soy poeta sobre todas las cosas, nostálgico y lírico contador de lo que pasa…Nos invitó a cogernos de la mano y nos llevó a realizar un viaje soñador a un reino infantil de hace muchísimos años: EL CUENTO SIN CUENTO DE UNA GARROTA DE FERIA. El 5 de septiembre de 1996 CANFALI publicó un artículo que tituló “Un pregón lleno de sentimientos y recuerdos invitó a la diversión”. Desde entonces, Santiago tenía por costumbre asistir cada año a la Plaza de España a escuchar, y lo hacía con devoción, el pregón de Ferias y Fiestas.

En su obra “De poeta por la Feria”, manifiesta todo nuestro sentir utilizando para ello un vocabulario lleno de matices y palabras afectivas e ingeniosas. Les invito a leerla como preludio y que nos animemos a ir al ferial a dar tantas vueltas por el recinto como podamos. Seguro que nos sorprenderá y nos ayudará a recordar cómo es una parte del sentirse alcazareño.

Como corto homenaje quiero mencionar alguno de los poemas dedicados a la feria, que tuve la suerte de escucharle paseando una mañana, desde la” calle La Feria” pasando por la Plaza de la Aduana y llegando a El Arenal, donde sentados en un banco y pausadamente, me expresó con las palabras adecuadas y la rima, como él lo hacía aunando la innovación y la tradición literaria, la emoción que sentía cuando llegaba el mes de septiembre. Pasado un tiempo iniciamos la ruta camino del actual recinto ferial ubicado en la Avenida de la Constitución que la une con la zona Pablo Iglesias.

Cuando las poetas callan, su recuerdo permanece en nuestra memoria.

 

 

MI AMADA FERIA

Oh la mi amada feria, irguiéndose en la noche

Subiendo de la tierra en ascensión suave

Extasiando miradas con su acontecimiento,

Mayor que la nevada si empolvara el desierto.

Desde lejos te miro, sentado en mi caballo

Que peleo incesante en la guerra infantil,

Donde no hubo vencidos, tampoco vencedores,

Aunque risas y llantos cesaban las batallas.

El horizonte es ancho y la luz ilumina

Con grande colorido tu paisaje de dicha

Girando hasta con vértigo la rueda del placer

En cualquier atracción con la noche invitada.

Sin embargo, no puedo acercarme a tu raya

Que cruzándola el niño entra en el paraíso.

Sé que podría hacerlo con mis años a cuestas

Como saco mendigo, mas dejarlo no quiero

En custodia a las sobras negras que la amurallan,

Mirándome los años, los feriantes dirían:

“¿Qué hace aquí y qué pretende el vejestorio éste?”

Y un año más evito lo que el deseo implora

Mostrándole de golpe mi desnudo de arrugas

En el cristal que oculta la puerta del armario

Que de chico y muchacho usé para peinarme,

¡Oh la amada feria, yéndose de mis brazos!

 

GIGANTES Y CABEZUDOS

Gigantes y cabezudos
a mi niña la persiguen
con sus caras de cartón
pintadas de colorines.
Desde el balcón de una casa
que las banderas presiden,
la tarde con el alcalde
viendo la fiesta se ríen.
Mi niña no se divierte,
corre hacia algún escondite;
pero la plaza jugando
da vueltas y se lo impide.
Si mal se porta la plaza,
mal la tarde que se ríe
sentada junto al alcalde
en los sillones de mimbre.
Mi niña acaba en las manos
de aquellos que la persiguen
con pitos y caramelos
para que el susto le quiten.
Y la tarde y el alcalde
en el balcón se despiden,
apurando los refrescos.
que el sol de ocaso sirve.

Y FIN

La pólvora da sus flores
a los jardines del aire,
y el alcalde y la alcaldesa
no parecen los de antes,
los novios de la ciudad
con la banda sobre el traje.

 

Sin comitiva detrás
y sin músicos delante,
ven con tristeza en los ojos
los fuegos artificiales,
confundidos entre el público
como si no fueran nadie.

 

Y a cada cohete que sube
silbando según le sale,
el alcalde y la alcaldesa
suspiran porque no saben
si serán en otra feria
los novios más elegantes,
saludando al vecindario
que les aplauda en las calles.

La pólvora se marchita
en los jardines del aire,
y mientras cae la hojarasca
de ceniza chispeante,
el alcalde y la alcaldesa
lloran sin avergonzarse.