Sumar

Por Alejandro Matilla García

Durante mi larga vida laboral hubo un momento en que dimití de mi cargo de un cierto nivel. Al romper el orden conservador establecido pronto mi empresa me mando al exilio. Fue a un pueblo llamado Albuixech asentado en la Comunidad Valenciana.

Tamaña injusticia me llevó a un cuadro de ansiedad, a veces bailaba con la depresión. Alguien se apoderó de mi cabeza. Las madrugadas las pasaba entre huertos y naranjos sin saber dónde pisaba. Un amanecer, en la puerta de una venta me encontré con un grupo de jóvenes temporeros. Apuraban sus carajillos y así se quitaban el rocío del alma sabiendo la dura jornada que les esperaba.

En el centro del corro estaba el cacique de turno. Su silueta me recordaba a la de un botijo. La blusa negra intentaba tapar aquella panza innoble. El ancho sombrero de fieltro daba cobijo a un puro caliqueño propio de la tierra. Alargaba el brazo y con el índice apuntaba al pecho de los muchachos invitándoles a subir al Toyota para comenzar la recolección del día.

Aquella escena me recordó los fusilamientos del 3 de mayo de 1808 plasmado en óleo sobre lienzo por Francisco de Goya.

Terminada la selección pude comprobar que una docena de aquellos hombres quedaban en tierra. Cabizbajos buscaban su albergue maldiciendo su suerte. Mi inocencia me llevó a preguntar al ventero si no era más factible agrupar a todos y así aligerar la faena. Con ironía, aquel tabernero me dio esta explicación:

“Si se agrupan puede que algunos intenten una revuelta reivindicando más salario o mejoras en comidas y alojamiento”. Si esto tuviese éxito, el amo tenía que ceder si quería salvar su cosecha. La mejor táctica era tener en el banquillo de la venta a los de la cabeza gacha, con ello  la cadena de trabajo estaba asegurada.

Escribo este viejo relato para cotejar en el tiempo los abusos laborales semejantes a los actuales. Para que esto no vaya en aumento, la izquierda política debe despertar de su letargo. Con máxima humildad debemos pensar y hacer ciertas reflexiones:

1º) La izquierda no puede ni debe tener apellidos. Es diversa, pero debemos caminar juntos.

2º) Conseguir el sueño de la unidad. Esto me recuerda cuando esperaba en la esquina a la novia y esta nunca llegaba.

3º) Para SUMAR hay que ser bondadosos. Todos queremos tener razón pero no hay razón para todos.

 4º) Es normal tener alternancia en el poder, incluso se puede hacer con elegancia. Lo que no es normal es que la derecha y la ultraderecha puedan gobernar con los votos de los trabajadores.

Alejandro Matilla García