Urbanidad y buenos modales
Con mucha calma. Cuando se nos anuncia la proximidad de la Semana Santa, el último viernes de la cuaresma, nos sentimos motivados a reflexionar sobre uno de los temas casi olvidados.
La Ordenanza Municipal relativa a la Limpieza que regula el comportamiento de la ciudadanía en la vía pública, dice muy claro que “Los residuos sólidos de pequeño tamaño, deberán depositarse en las papeleras instaladas al efecto...” Aunque el incumplimiento de este edicto supone una sanción leve, que conlleva una multa económica, no parece que, en este caso, haya tenido un resultado positivo.
No sé si a usted le pasa lo mismo que a mí, pero desde hace tiempo reflexiono mucho sobre los buenos modales. Los echo de menos. Decía Ortega y Gasset que “Yo soy yo y mi circunstancia”. Personalmente yo también estoy emparentado con mis circunstancias, hasta el punto de que trato de justificarlas y no suele gustarme que alguien me hable de ellas, ni que tan siquiera me las cuestione. Y el caso es que, últimamente suelen acompañarme por lugares conocidos que hacen que descubra parte de la nueva realidad que nos rodea.
Los buenos modales quizá, suenen a aquella materia obsoleta que aprendieron y transmitieron nuestros abuelos, y que resulta necesario darles continuidad. Se trataba de los diversos comportamientos de cortesía y amabilidad que se practican en sociedad. Si la gente sin poder tuviera algo que decir al mundo, estoy convencido de que solo pediría paz y lo haría con buenos modales.
Según un informe de la revista en la U. S. News & World Report, “los buenos modales se han deteriorado gravemente en los últimos diez años y este deterioro contribuye al aumento de la violencia en las sociedades contemporáneas”. En este escenario tan variado percibimos, cada día, que no brillamos por nuestras buenas maneras. El usted está en desuso, se escucha muy poco, decir gracias y por favor apenas se oye, se ignoran mensajes, no suele contestarse a los correos y muchas de las veces no se cumplen con las promesas ofrecidas en términos oficiales, empresariales y culturales, sin dar la más mínima de las justificaciones. Es notorio que hoy,
esos buenos modales y ese comportamiento respetuoso con el prójimo casi han desaparecido.
Friedrich Ludwig Knigge, a través de su obra Cómo tratar a las personas, resume su ideal como objetivo para alcanzar la armonía social y personal inspirado en el humanismo, la razón, la urbanidad y el sentido común.
Estamos ante una realidad social donde se evidencian malos modales y comportamientos poco normativos. La mala educación se debe en realidad a la falta de respeto y civismo. La urbanidad la forman una serie de normas o pautas de comportamiento que de llevarlos a cabo nos conducirían a la buena educación. La educación es mucho más que la formación. Ser educado no es una opción, es una obligación, sin ninguna duda, que ayuda a pertenecer a una sociedad comprometida y responsable donde se respeta la igualdad. Quién sabe si, acaso sin
darnos cuenta, estaremos recuperando los buenos modales. Sería una magnífica noticia.