“El vino es algo más que un bien de consumo”, dijo José Vicente Guillem
El pasado 30 de marzo apareció publicado un artículo en el que se recogían unas declaraciones del divulgador y crítico experto en vinos Santi Rivas (Colectivo Decantado) en las que afirmaba, con vehemencia: «Rioja es mejor que Rías Baixas, Jerez, Priorat y Ribera juntas».
Nos parece un error, en forma y fondo, el conjunto de “opiniones” del especialista, que discrimina con rotundidad la diversidad de denominaciones y vinos que es, desde nuestro punto de vista, una de las mayores riquezas de España.
El mundo del vino es, ante todo, un reflejo de la diversidad. Diversidad de tierras, de climas, de tradiciones y, sobre todo, de gustos. “El mejor vino es el que más te gusta”, me dijo una vez el extraordinario periodista enológico Carlos Delgado. Cada persona percibe el vino de manera única.
Lo que para alguien es un tinto complejo y elegante, para otro puede resultar excesivo; lo que unos consideran un blanco ligero y refrescante, otros pueden verlo como simple. Ninguna de estas percepciones es inválida. El gusto es subjetivo, moldeado por la cultura, la memoria, el contexto y la emoción.
El enólogo y científico francés Émile Peynaud (1912-2004), en su libro "Enología práctica: Conocimiento y elaboración del vino", recoge una famosa frase pronunciada por el maestro Ángel Peralta Pineda, conocido como "Antoñete": “En este país nadie entiende de toros, el primero yo”.
De este modo, el que es considerado padre de la enología moderna viene a respaldar la hipótesis que estamos defendiendo y nos aleja de posturas dogmáticas como son las declaraciones de Santi Rivas.
Denominaciones de origen, puntuaciones, reglas de maridaje, han ido creando con tiempo y también sabiduría compartida sistemas que ayudan sin duda a orientar al consumidor y a proteger la calidad del vino. Pero no pueden convertirse en una herramienta que delimite e imponga categorizaciones. Afirmar que hay denominaciones mejores que otras, en estos momentos, como hace el artículo mencionado, es una visión que empobrece la experiencia.
En nuestro país, la diversidad de regiones vinícolas ofrece una oportunidad extraordinaria para ampliar horizontes. Desde pequeños productores locales hasta grandes zonas reconocidas internacionalmente, cada origen aporta una identidad propia.
La diversidad no solo está en el vino, sino en quienes lo beben. Hay quienes buscan una experiencia gastronómica sofisticada y quienes prefieren una copa sencilla al final del día. Ambos enfoques son igualmente válidos. La libertad está en elegir sin imposiciones, en construir un criterio propio y en disfrutar del proceso.
Defender la libertad y la diversidad en el mundo del vino es, en definitiva, celebrar la pluralidad. Es abrir la puerta a nuevas experiencias, a nuevas regiones y a nuevas historias. Además, defender la diversidad y la libertad de elección en el consumo del vino es también un reconocimiento a la riqueza cultural que cada botella encierra