"LA TRINI" CUMPLE 100 AÑOS

Santísima Trinidad o el Conocimiento y la Amistad

¿Te apuntas a felicitar a ¨La Trini” por su Centenario? Muchos exalumnos ya lo hemos hecho. Es muy fácil. Escribe unas líneas de felicitación, cuenta algún recuerdo y envíalo con una fotografía a antonio.leal@uca.es. Solo te llevará unos minutos.

Antonio Castellanos Maciá (1945)

Madrid


13/0871959. Fila superior. Drcha./izqda. (Miguel Romero, José Luís Mata, Camilo Castaño, Francisco Martín, Antonio Álvarez). Fila inferior (Antonio Leal, Antonio Castellanos, Francisco Marchante)
Nota: En la fotografía aparece al fondo Doña Acacia, de Santiago Ramos.
 

Acabo de llegar del Mar de Aral, situado en Asia Central, entre Kazajistán, al norte, y Uzbekistán, al sur. De lo que queda del Mar de Aral. En 1956 en la Academia Balmes -Colegio de la Santísima Trinidad, después-, que ahora celebra su Centenario, tuve conocimiento por primera vez, durante el Curso de Primero de Bachillerato, de la existencia de este Mar -que era un lago-.

Me apresuré a enviar un video a mis antiguos compañeros de Bachillerato, con los que me reúno anualmente, del estado actual al que los soviéticos lo habían reducido, tras los trasvases de agua realizados en los años 1960, de los ríos Amu Daria y Sir Daria que en él confluyen, el lago se redujo de manera drástica. Esto representó aquel bachillerato en mi vida: Conocimiento y Amistad. Entonces nuestra vida giraba en torno al Colegio. Allí unos maestros, que no profesores, que sabían mucho y que querían transmitírnoslo nos enseñaban el Conocimiento y su uso mediante la Reflexión, la Competencia sin rencor, el Comportamiento respetuoso.

Era el momento de nuestras vidas en que se estaba formando nuestra personalidad, y había que introducir hábitos -valores que pasaran a formar parte de nuestro ser-. Y lo hacían de forma sutil ​-con el tiempo me di cuenta- y con responsabilidad y sentido del deber, que anteponían a sus sentimientos, como se pone de manifiesto en la anécdota. Dada nuestra edad no debimos ser capaces de mostrarles nuestra gratitud, aunque creo que debieron sentir compensada su entrega con nuestros aprobados de los cursos que nos impartían. Nunca se plantearon (nos planteamos) que el suspender supusiera una frustración, como dicen los "protectores" Sistemas de Pseudoenseñanza actuales. Solo se contemplaba el aprobar el Curso, ​ en junio o en Septiembre: era el compromiso entre profesores y alumnos.

Y, el colegio a su vez, fomentaba la amistad creando las condiciones -haciéndonos sentir como un equipo (todos " contra" el maestro), no señalando a los menos buenos estudiantes-.

Ya en el S XIII las Universidades se fundaron como" el conjunto de los profesores y los alumnos” y, yo, como todos asumí mi pertenencia AL Colegio, no a UN colegio -al que ahora quiero reconocer cuanto bien me hizo-; y que proclamo cuando en mis viajes los nativos me dicen que conozco la Historia de su país tan bien como ellos. Tuve muy buenos maestros, respondo.

Un día que teníamos examen de Gramática nos avisaron de que don Teodoro Cruz no vendría a vigilar ya que su mujer había dado a luz. Yo sugerí que, después de firmar el examen, le escribiéramos una felicitación A todos pareció bien. Cuando se incorporó a clase, y todos esperábamos su gratitud, nos echó una monumental bronca: Cómo era posible que en un examen de Gramática hubiéramos escrito " En hora buena" en lugar de "Enhorabuena".

(¡Claro que debió satisfacerle la felicitación!, pero allí estaba como maestro de Gramática, no como padre primerizo). ​​

¡Mis felicitaciones al Colegio¡