Francisco Escribano, hijo predilecto de Criptana y de nuestra memoria

El Teatro Cervantes acoge esta tarde el acto solemne de nombramiento de Francisco Escribano Sánchez-Alarcos como Hijo Predilecto de Campo de Criptana, un reconocimiento póstumo que rinde justicia a una vida entregada a su pueblo, a la historia y a la palabra escrita.

Francisco Escribano Sánchez-Alarcos (Pregón 2001). FOTO DE ARCHIVO

Esta tarde, el telón del Teatro Cervantes se abrirá para rendir homenaje a quien durante décadas fue voz, testimonio y memoria de Campo de Criptana. Francisco Escribano, cronista, maestro, amigo y colaborador, recibirá a título póstumo el nombramiento de Hijo Predilecto de su pueblo, un gesto tan justo como emotivo que no solo honra su trayectoria profesional, sino el vínculo profundo que supo tejer con la historia y el alma de esta tierra.

No es fácil escribir sobre Francisco sin que la emoción venza al oficio, pues durante décadas fue un colaborador incondicional de este medio de comunicación, una conciencia crítica y riguroso guardián de la memoria colectiva. Sus artículos en El Semanal de La Mancha y en el antiguo Canfali eran pequeñas lecciones de historia local, crónicas con alma que nos llevaban de la mano por los vericuetos del pasado con la sencillez de quien conoce cada piedra y cada nombre.

Recuerdo con cariño tantas Navidades y tantos artículos para las ediciones especiales de nuestro periódico. Siempre a tiempo. Siempre con la pluma afilada y el corazón en las manos. Como cuando nos regaló aquella pieza titulada “Infeliz Navidad”, en la que rescataba la figura del maestro Domingo Miras, represaliado por sus ideas durante el franquismo:

“Está claro que pensar diferente era delito, aparte de que las pruebas aportadas para justificar ciertos sucesos brillaban por su ausencia”, escribía

Francisco era así: comprometido con la verdad histórica, defensor de los olvidados, de los marginados por el relato oficial. Lo fue desde su cátedra como profesor de Historia en el IES Isabel Perillán y Quirós, y lo fue desde su incansable labor como Cronista Oficial de la Villa, donde no se limitó a narrar el pasado, sino que lo reconstruyó con meticulosidad, criterio y pasión.

Su huella está en cada rincón del patrimonio criptanense. Desde la restauración del Pósito Real hasta la dignificación del Convento de los Carmelitas Descalzos, pasando por la defensa de nuestros molinos históricos, Francisco luchó por salvar la identidad del pueblo que tanto amaba.

Y también supo humanizar los datos, darle calor a los archivos. Como cuando, hablando de una Navidad de 1609, escribía:

“¿Se trató de un adelantado regalo de Reyes por parte de Felipe III? Nada de eso. Eran tiempos en que el Estado español necesitaba dinero y utilizaba todo tipo de recursos para aumentar sus ingresos...”.

Incluso en los hechos más lejanos, encontraba la ironía justa, el matiz humano, la conexión con el presente.

En él convivían la erudición y la humildad, la capacidad de análisis y la pedagogía, la crítica serena y la ternura. Por eso, su pérdida dejó un gran vacío. Pero también un legado inmenso, un archivo vivo de artículos, investigaciones, exposiciones, charlas y gestos silenciosos que ahora, con este nombramiento, se vuelve parte de la historia institucional de Campo de Criptana.

“Con más justicia social, menos actos caritativos harían falta”, escribió en otro de sus inolvidables textos navideños. Ese era Francisco Escribano, un colaborador claro, comprometido y profundamente humano.

Hoy quiero, a través de este artículo, rendirle homenaje y darle las gracias allá donde esté. Por sus lúcidas palabras, por enseñarnos a mirar el pasado con ojos críticos y por escribir siempre desde el rigor y la verdad. Esta Navidad, te echaremos de menos.