Nos vemos en otra cancha

Hay noticias que una nunca quiere escribir. Y sin embargo llegan, sin avisar, como ese balón que cae de repente en las manos cuando no lo esperas. Esta vez el balón pesa demasiado. Vicente Paniagua nos ha dejado.

Es extraño escribir su nombre en pasado. Porque para nosotros Vicente no era solo un histórico del baloncesto español, ni únicamente aquel jugador que vistió durante más de una década la camiseta del Real Madrid, ganando ligas, copas y Copas de Europa. Para nosotros era un amigo, un colaborador y un ejemplo a seguir.

Hemos tenido la suerte de conocerlo durante décadas, seguro que la primera vez fue en una pista de baloncesto, cuando el deporte todavía era simplemente un lugar donde aprender a convivir, a competir y a crecer.

Vicente siempre hablaba de valores. De respeto. De compañerismo. De esa palabra tan olvidada hoy que es el sacrificio. Decía que el baloncesto era una escuela de vida y que lo importante no era solo anotar puntos, sino ayudar a que el equipo funcionara.  “El deporte te enseña valores y ya no los abandonas nunca”, decía. Y era verdad. 

Tenía esa mezcla tan rara de grandeza y sencillez. Fue internacional con España, ganó diez ligas, varias Copas de Europa y títulos que hoy parecen inalcanzables. Pero cuando hablaba de su mayor éxito no mencionaba ninguno de ellos. Decía que lo más grande que había conseguido en la vida era su familia, sus hijos y sus nietos.

Nunca olvidó de dónde venía. De Alcázar. De nuestro pueblo. Le gustaban las cosas sencillas: el verano en el pueblo, las gachas de matanza, el vino blanco manchego con gaseosa y subir andando al Cerro de San Antón. Cosas pequeñas que dicen mucho de una persona.

Le gustaba mucho la música y tenía un enorme sentido del humor… Él mismo decía que en el vestuario era un poco “el que animaba el cotarro”. Y seguramente tenía razón.

Hoy, al pasar por el pabellón que lleva su nombre pienso en todos los niños que jugarán allí sin saber del todo quién fue Vicente Paniagua. Ojalá me equivoque y alguien les cuente que ese nombre pertenece a un jugador extraordinario, sí… pero sobre todo a una persona que entendía el deporte como una forma de ser mejor.

Porque Vicente siempre decía que en una cancha había que respetar al rival, al árbitro y al juego.

Y también decía algo que no deberíamos olvidar nunca: que cuanto más alto llegas, más importante es recordar de dónde vienes.

Hoy Alcázar pierde a uno de los suyos. El baloncesto pierde a un referente. Pero hay personas que no se van del todo. Se quedan en las historias que contamos, en los valores que nos enseñaron y en los recuerdos que siguen botando como un balón sobre el parqué.

Te echaremos de menos. Descansa en paz.