Crónicas desde el corazón de Europa: La educación, garantía de futuro

Por Javier Mata («El francés»)

Bonjour à toutes et tous! Traigo hoy a mi reflexión periódica, la del VIII centenario de la fundación de la mas antigua de las Universidades españolas, la de Salamanca, que se conmemora este año.


Fue en 1218 cuando el rey Alfonso IX, personaje ilustrado que también promovió una Cortes que permitieran la participación de otros estamentos de la sociedad aparte de los nobles, creó las « scholas Salamanticae ». En 1254 el rey Alfonso X establece la organización y dotaciones financieras y en 1255 Alejandro IV publica las bulas pontificias que reconocen su validez.


    La Universidad de Salamanca se convierte así, junto a la de París o Bolonia, en una de las primeras universidades europeas y se afianzará con la creación de las primeras universidades americanas, que desde 1551 siguen su modelo utilizando sus cartas fundacionales.  Salamanca ha atraído a lo largo de estos siglos a estudiantes de todo el mundo, especialmente en materias como Derecho, Medicina,Teología en un principio, o Filosofía. Ciencia, Tecnología y Humanismo al servicio de la sociedad con nombres como Abraham Zacut, Torres Villarroel, Francisco de Vitoria, Fray Luis de León o Miguel de Unamuno.


    El devenir de la historia la hará vivir la centralización universitaria en Madrid del siglo XIX, su posterior descentralización, la dictadura franquista y su hermetismo, el devenir de mayo del 68 (al que dedicaré una reflexión en mayo), y la actualidad democrática.


    La universidad, como otras estructuras que son beneficio para la sociedad y sus ciudadanos, sobrevive a los avatares del tiempo, los cambios politicos y las realidades sociales. Si hay algo que nunca perderá, por mucho que lo intenten, es su cercanía a la sociedad de la que forma parte. Los estudiantes, como jóvenes inquietos, han transmitido a lo largo de los siglos, los valores de cambio de la sociedad a la que pertenecen y han sido vanguardia de la misma con su acceso al conocimiento y la critica.  No quiero decir, entiéndame el lector, que aquellos que no hayan ido a la universidad, no puedan ser ciudadanos cultos o de mente abierta y crítica. Podría dar ejemplos bien conocidos de personajes de vanguardia en el conocimiento y humanismo que no pisaron las aulas universitarias. Desde luego que en los canales basura de televisión, esos que solo saben gritar y despellejar al prójimo llenándose los bolsillos sus autodenominados «tertulianos» o en las sesiones nocturnas de « botellón », no se fomentan la mentalidad crítica ni la cultura, sino el «borreguismo» más feroz.


    La educación una vez mas, y ya van cientos de veces en mis escritos. La educación que nace en las familias, crece en las escuelas primarias y secundarias y termina en las de profesionalización o en la Universidad. La educación que ya promovió aquel rey del siglo XIII como garantía de futuro para la sociedad del reino que gobernaba. La educación que se ha intentado manipular en dictaduras, sin conseguirlo. La educación, tan olvidada en este país donde tanto ha calado la máxima romana de « pan y circo ». La educación que es la que hace que los países de nuestro entorno con los que nos queremos comparar nos den « mil vueltas ». La educación que es la garante del avance de la sociedad, el fin del servilismo, la sustitución de súbditos por ciudadanos, la que define los valores occidentales de « libertad, igualdad, fraternidad ». La educación que es la que nos proporciona cultura, tecnología, y humanismo. La educación que es la nos hace seres humanos con mayusculas, la que nos enseña a respetar, dudar, criticar, observar, ensayar, o equivocarnos…


Deberíamos celebrar por todo lo alto el triunfo de la educación y la libertad sobre el « borregismo ». El triunfo de la igualdad sobre el capitalismo descarnado. El triunfo de la fraternidad sobre la falta de valores humanísticos. Deberíamos sentirnos orgullosos de la iniciativa de aquel rey del siglo XIII que sembró los cimientos de la educación de altura en nuestro país. Deberíamos sentirnos orgullosos de todos los profesores y educadores que en todos los ámbitos han hecho lo posible para que la cultura y sus valores no se pierdan.


    Necesitamos afianzar los valores universitarios, como valores humanísticos, arraigados en nuestra sociedad y en nuestros jóvenes, mas allá de la propia institución universitaria.


    Esos mismos que se « aborregan » con el « botellón » y la « telebasura ». Bon Courage!

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